El viaje me toma casi una hora. A veces odio Nueva York y todo su tráfico incesante. Uso mi llave para entrar y sigo las tenues luces que se encienden hacia la cocina. Aria está sentada a la mesa del comedor, tomando un té.
—Hey, hermano mayor ¿Desde cuándo pasas el rato en Brooklyn un miércoles por la noche?— Se levanta para darme un abrazo y un beso en la mejilla. Es diminuta, apenas llega a mi hombro. Con las ojeras, se ve demasiado frágil. La abrazo más tiempo de lo normal.
Levanta la vista con preocupación en los ojos.
—¿Qué pasa? ¿Es Jeremy?—
—¿Cómo lo adivinaste?— Me acerco a su tetera y me sirvo un poco de agua caliente, le añado una bolsita de té antes de sentarme con ella en la mesa.
—¿Qué probabilidades hay de que otra cosa te traiga en medio de la noche?— Me dedica una sonrisa triste.
—Tienes razón. Y esta vez, es malo—
—Siempre es malo— Se le llenan los ojos de lágrimas, pero no llora. Mi hermana es dura como el demonio. Ella ha pasado por un calvario, tal vez mas que cualquiera de nosotros. No solo perdió a su mejor amiga y a su cuñada, sino que se ha quedado con la mayor carga de todas.
Miro hacia las escaleras con preguntas en mis ojos.
—Esta dormida, desde hace diez minutos. Iba a unirme a ella—
—¿Todavía no te rindes fácilmente?—
Aria resopla. —Que gracioso. ¿Cuándo te convertiste en comediante?—
Pongo mi mano sobre la suya. —Lo siento. Ignora mi estupidez—
Ella pone su mano sobre la mía.
—No estás siendo estúpido. Estas siendo un tío cariñoso, amoroso y preocupado, y lo aprecio—
—¿Quieres que me la lleve a este fin de semana?— No estoy seguro de donde salió eso, pero no me retracto cuando veo la expresión de su cara.
Sus ojos se abren de par en par. —¿podrías? ¿A Harper le parecería bien?—
Niego con la cabeza y miro mi té, apretando los dientes para no decir lo que quiero decir sobre esa perra.
—¿Qué pasa?—
—¿Sabes dónde está Jeremy?—
Levanto la vista y veo a Aria parpadeando varias veces.
—¿Esto está relacionado con el problema de Harper?— pregunta. Estoy perdido.
Niego con la cabeza, tratando de no ponerme a llorar por mi vida de mierda.
—Desafortunadamente sí. Lo localizo y se le insinuó—
—¡¿Que?!— grita Aria tan fuerte que su voz resuena por toda la cocina.
Dos segundos después, oímos un llanto proveniente del monitor de bebes. Aria se cubre la cabeza con las manos y murmura: —Mierda, que asco—
Me levanto y le doy una palmadita en la cabeza.
—Quédate aquí. Yo la atiendo—
No la cargues o no dormirá nunca. Solo acaríciale el trasero y dale una palmadita en la espalda. Manten la luz apagada—
—¿Tienes un sistema, ¿eh?— camino por el pasillo, impresionada como el infierno con mi hermana pequeña. Veinticinco años es demasiado joven para hacerse cargo de un bebe de tres meses, especialmente estando soltera.
Subo las escaleras, medio temiendo lo que me espera y medio esperando que el simple acto de consolar a un bebe cansado me libere del mundo real por un ratito.
. . . .
Se que no debería ayudarla a despertar más de lo que ya lo está, pero no puedo evitarlo. Su olor es mejor que cualquier droga o anestesia que pudiera administrarle.
Su cuerpo suave, casi sin huesos está acurrucado en el hueco de mi brazo y me mezo de un lado a otro tan suavemente como puedo en la silla que mi hermana ha colocado cerca de la ventana. La luna está llena y su luz llena su habitación con un brillo plateado.
Canto en un susurro, mi voz se quiebra en las notas altas. —Y luego intento acostarse con mi hermanoooo, y lo traumatizó de por vida, y luego tomé el anillooooo que le compré y lo tire en el rioooo Hudson…—
Mi hermana se apoya en el marco de la puerta y se seca una lágrima de la mejilla. —No puedo creer que haya hecho eso— Susurra. —¿De verdad le compraste un anillo?—
Asiento con la cabeza, mirando a mi sobrina que finalmente se ha vuelto a dormir.
—¿De verdad lo tiraste en el Hudson?—
Niego con la cabeza.
—No, pero lo estoy considerando seriamente—
—Creo que se dónde podría estar Jeremy— dice ella.
Dejo de mecer a la bebe y me pongo de pie.
—¿Dónde?— Susurro, tensándome al sentir que la bebe Zoey se mueve en respuesta a mi voz.
—Usé esa aplicación de rastreo en su teléfono. La última ubicación conocida fue en el antiguo apartamento de papá—
—¿En la calle Ochenta y Seis Este?—
—Si—
—Pero ese lugar ha estado cerrado con llave desde…—
—Lo sé. pero él tiene una llave—
Acuesto con cuidado a Zoey en la cuna, frotándole suavemente el estómago hasta que deja de moverse.
—¿Por qué no puede quedarse en su maldito apartamento?— pregunto, enojada porque es tan miserable que ni siquiera puede hacer lo seguro y al menos estar donde podamos encontrarlo.
—Porque tambien era el lugar de Laura. Su antiguo apartamento tiene demasiados recuerdos. ¿Sabías que no ha cambiado nada? Su tazón de cereales sigue en el fregadero. Su ropa sucia sigue en el cesto de la ropa sucia—
Me pongo de pie y miro a mi hermana mientras la imagen que pinta se solidifica en mi mente.
—¿En serio?—
—Si. Y cuando intenté limpiar, se enfurcio conmigo. Pensé que me iba a echar físicamente—
—¿Es peligroso? Nunca he visto ese lado de mi hermano, pero a estas alturas, no dudaría de nada. Lo han llevado demasiado lejos—
—No, solo tiene dolor. Es más que eso, está sufriendo. Lo está aceptando. Dejando que lo oscurezca todo. Me preocupa lo de la bebida_
Ella exhala un suspiro. ¿Beber? ¿Prueba las drogas?—
—El también consume—
—Si. Encontré una pipa en su habitación—
Siento nauseas. —Necesitamos que ingrese a rehabilitación—
—Buena suerte con eso. Según él, está actuando de forma completamente racional—
—Tal vez lo esté— Tengo mis hombros caídos y no logro enderezarlos. Nunca he perdido lo que él ha perdido. Diablos., nunca he tenido lo que él ha tenido. ¿Cómo sé cuál es la forma correcta de actuar después de perder tanto?
Aria pone su mano en mi brazo y lo aprieta. —Las drogas nunca son la respuesta. Necesitamos encontrarlo—
—Lo haré— digo, inclinándome para besarla en la mejilla. —Ten tu teléfono cerca. Te enviaré un mensaje—
—Lo haré. Buena suerte—
Me veo salir, sabiendo que mi hermana necesita cada minuto de sueño que pueda conseguir. Zoey estará despierta y exigiendo que la alimenten en solo unas horas.