17. MAYA

1657 Words
Jared me mira fijamente. —No me mires así— digo, tomando un sorbo de mi chai. —Te dije que no volvería a hacer algo así— —Vamos— suplico. —Solo esta vez— —Ya tuviste tu única vez— Arruga su vaso de café de papel y lo tira a la papelera por la que pasamos de camino al trabajo. Logré abordarlo cuando salió a almorzar y me compré un muffin cuando me negué a separarme de él en Starbucks. —Por favor, Jared, te prometo que no lo volveré a pedir. Es que este tipo está loco, y no estoy segura de sí accidentalmente recuperé el anillo o si él lo volvió a guardar en mi bolso, y realmente no lo quiero— Se detiene y me mira. —¿Por qué no? Vale mucho dinero. Si te dijo que te lo quedaras, deberías quedártelo— —Ni hablar. ¿tienes idea del mal karma que me perseguirá el resto de mi vida? No voy a caer en esa trampa— Termino mi chai y tiro el vaso a la basura detrás de Jared. ¡Dos puntos! —Estás loca. No existe el karma. Solo somos tú, yo y el resto del mundo, todos intentando conseguir una nuez— —¿Qué significa eso?— —No lo sé. De todos modos, no pretendo ser tu manager ni nada de eso. Se acabo. Fin. Adiós— —¿No? ¿Ves? Esa es la belleza de esto. no necesitas hacer eso. No más manager, no más Shay Dee, quienquiera que fuera— Ahora camina tan rápido que creo que está intentando deshacerse de mí. Menos mal que hoy llevo mis zapatillas deportivas. Podría correr un maratón con estas. —No quiero saberlo— Se niega a mirarme, pero eso tampoco me desanima. —Tengo 3 planes. El plan A es que te hagas pasar por un repartidor y se lo entregues— —Después de escuchar el plan A, estoy absolutamente seguro de que no quiero escuchar el plan B— —El plan B es que llames desde Cartier y digas que dejé el anillo allí contigo— Se detiene y me señala la cara, y le aparecen dos manchas rosadas brillantes en las mejillas. —No. Absolutamente no. Deja a Cartier fuera de esto— Retrocedo medio paso. —Bien. No hay necesidad de alterarse— —Solo envíaselo por correo— —¡De ninguna manera! ¡Vale medio millón de dólares! No lo voy a meter en una caja y enviarlo por correo. Me lo robaran— —¿Y qué? Entonces ya no es tu problema— Resoplo. —No tienes ni idea de cómo funciona el karma, ¿verdad?— —Como sea. No voy a ayudar— —¿Por favor?— —No— —¿Ni siquiera si te digo que tengo una enfermedad terrible que acabará con mi vida cualquier día de estos?— Resopla. —Hablando de mal karma. ¿Fingiendo que tienes cáncer? Estoy seguro de que eso es sentar a la suerte— —¿Quién dijo cáncer?— Se detiene y me mira fijamente. —¿De que estás hablando? ¿De verdad tienes algún problema?— Hace una pausa. —Aparte de lo obvio, quiero decir— —¡Hey!— le doy un golpe en el brazo. —No es gracioso— Sonríe. —Si que lo es— Le devuelvo la sonrisa. —Bien. Fue un buen chiste— Ya no sonríe. —En serio, ¿te pasa algo?— Me pongo muy seria. —Si. Me estoy muriendo— —¿De qué?— Levanta una ceja. Intento parecer lastimosa, pero no puedo evitarlo. Se ve tan estúpido con ese pelo de caramelo duro. ¡De la vida! Me estoy muriendo cada día. Cada día estoy un día más cerca de morir. Es terminal. Incurable— Pone los ojos en blanco y se va, dejándome en la acera. —¡¿por favor?!— le grito. —¡No! ¡Vete! ¡No me vuelvas a hablar!— Me río porque ambos sabemos que eso nunca va a pasar. Es un manager de raperos falsos demasiado bueno para eso. . . . . . Voy a visitar a Nick al hospital más tarde este día y está acostado en la cama, mirando al techo. —Hola, Nick, ¿Qué hay de nuevo?— Me acerco y le pongo la mano en el brazo, esperando que no esté muerto. Parece un zombi; su piel está muy gris. —Nada importante— dice con voz ronca. —Solo me entere que me van a operar— Me estremezco, no quiero saber los detalles, pero sé que tengo que preguntar de todos modos. —¿Qué tipo de cirugía?— —No quieres saberlo— Gira la cabeza y me mira con lágrimas en los ojos. Me siento fatal al instante. Hora de mentir. —No, si quiero saberlo. Dime— Extiendo la mano hacia atrás, agarro la silla más cercana y la acerco a la cama. Le tomo la mano después de sentarme. —Mi diabetes me alcanzó. No consigo que ese pie sane. Supongo que lo deje pasar demasiado tiempo— Asiento. No hay nada que decir a eso, ¿verdad? No se me ocurre nada. Lo siento por tu pie. Lo voy a echar de menos. Probablemente no tanto como tú. No, eso sería insensible. Opto por el silencio. —Debería haberme cuidado mejor, me dijeron— —Es bastante difícil cuando no tienes hogar— digo en voz baja. —Oh, hay servicios por ahí. Pero nunca me gusto ser un caso de caridad. Estar adentro me hace sentir encerrado— Mencionar que pide limosna en las esquinas en este momento sería muy contraproducente, así que guardo ese dato para otra conversación, aquella en la que le diga que tiene que dejarme ayudarlo después de que salga de aquí. —¿Entonces cuál es tu plan para después?— pregunto. —¿Rehabilitación, probablemente?— —Rehabilitación, supongo. No lo sé. Realmente no me importa, para ser honesto— Mira por la ventana. —Deberías preocuparte— le estrecho la mano un poco. —¿Por qué?— —Porque tienes amigos. Como yo, por ejemplo. Me pondría triste si no te viera por ahí, si no compartiera un café contigo de vez en cuando— Una leve sonrisa cruza su rostro antes de desvanecerse de nuevo. —Eres una buena chica— Me mira y extiende la mano para darme una palmadita. —La vida te tratará bien. Sigue haciendo lo que haces y todo valdrá la pena— Ponto los ojos en blanco. —Si tú lo dices— Frunce el ceño. —¿No estás contenta? ¿Pasa algo?— No se me escapa la ironía de que un tipo con los pies pudriéndose esté preocupado por mi bienestar. Esbozo la sonrisa más grande que puedo encontrar en mi repertorio. —Estoy genial, Nick, no tienes que preocuparte por mí. En serio, tengo un trabajo estupendo, tengo amigos estupendos…Tengo novio— Si, lo dije. Y que la cara del doctor Sterling aparezca en mi mente cuando lo digo es un momento “que demonios” aún mayor. Pero ahora lo he dicho y no hay vuelta a otras. —¿En serio? Oh, que noticia tan maravillosa. ¿Cómo se llama?— Entro en pánico. —Doctor Sterling. Doctor Sterling es su nombre— Nick esta confundido. —Ese no es su nombre de pila, ¿verdad? ¿Doctor?— Me río falsamente, intentando disimular el hecho de que acabo de darme cuenta de que no sé su nombre de pila. ¿lo había visto alguna vez? No lo recuerdo. —No, no seas tonto. Así es como lo llama el resto del mundo. Pero yo lo llamo…Boo— —Boo— Nick frunce el ceño y se encoge de hombros en señal de aceptación. —Supongo que eso es lo que hacen los niños de hoy en día— —No somos niños, Nick. Soy una mujer adulta. De hecho, cumplo veintinueve este mes— —¿Cómo está tu hermano?— Tengo que pensar unos segundos para poder procesar esa pregunta tan extraña e inesperada. —¿Hermano? No tengo hermano— —¿No lo tienes?— Nick parece confundido como yo. —Estoy bastante segura— sonrió, preocupada de que su medicación lo esté volviendo raro. No quiero que se sienta mal por eso. —Al menos la última vez que lo comprobé— Nick parpadea varias veces y luego niega con la cabeza. —Lo siento, pensé…que me habías dicho una vez que tenías un hermano— —No— Sigo sonriendo, esperando que el momento incómodo pase pronto. —Yo no. Soy hija única— —¿Y tú cumpleaños es este mes, ¿verdad?— —Si. El veintiocho de junio— —Mil novecientos noventa…— Nick espera a que termine. —Siete. Noventa y siete. Nací en el noventa y siete— El asiente mirándome fijamente. —Eso es lo que pensaba— Me mira fijamente durante tanto tiempo que me pongo nerviosa. —Entonces… ¿Quieres gelatina? ¿Pudin? ¿Un filete Salisbury?— Él sonríe y vuelve a mirar por la ventana. —No, creo que solo tomaré una siesta— cierra los ojos y me hace sentir como si me hubieran despedido. —¿Cuándo es tu cirugía?— pregunto —Mañana— susurra. Y luego empieza a roncar. Salgo de la habitación preguntándome qué demonios va a pasar con mi falso suegro sin hogar. Casi creo que es el anillo lo que le ha traído esa mala suerte a su vida, y eso renueva mi deseo de deshacerme de esa maldita cosa lo antes posible.
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