Cuando la profe habló de inscribirse, el aula se convirtió en un bullicio de opiniones. Algunos anhelaban deportes, otros manualidades, y unos pocos, como Mariana, ya estaban creando listitas mentales, evaluando pros y contras. Lucas, bueno, el no lo pensó tanto. En cuanto sonó la campana, ya estaba en el pasillo, formulario en mano, con una idea más o menos clara.
—Creo que me apunto a teatro —murmuró, clavando los ojos en el formulario como si la vida le fuera en ello.
—¿De veras? —preguntó Marco, caminando junto a él, esquivando mochilas y conversaciones cruzadas—. Yo pensé que irías a música.
—Estaba indeciso— respondió Lucas —, pero creo que en teatro puedo ser otra persona, ¿sabes? Como… no tener que cargar con todo.
—Tiene lógica —Marco agachó la mirada por un instante—. Yo me apunto al basketball.
—Basketball, claro —replicó Lucas, tratando de sonar indiferente, sintiendo ese hormigueo raro que ya le era tan conocido.
Marco le soltó una leve sonrisa y se alejó hacia otra mesa a entregar su papelito.
Lucas lo observó un instante, como un pedazo de él quería soltar más. Mas no lo hizo.
En el gimnasio, parecía una feria esto. Anuncios brillantes, mesitas acomodadas, y chavalitos por todos lados completando papeles o intentando en las actividades "demo". Un montón de jovencitos grandotes uniformados lanzaban balones de baloncesto al aro, tipo la NBA. Entre ellos, cómo no, Marco.
"¡Ey, no puedes meter tres seguidos!" gritó uno.
"¿Y qué ganaría?" contestó Marco, levantando la ceja.
"El respeto de los dioses del gym. ¿Poco, eso?"
Marco soltó la risa, agarró el balón. La primera, dentro limpio. La segunda, rebotó en el aro y con suerte adentro. La tercera, directo, como si el balón le hiciera caso.
Las Barbies —como Lucas les llamaba mentalmente— estaban sentadas en las gradas, cual jurado de talento.
"Uy, ese es Marco, no? El nuevo, con Lucas" comentó una de ellas, comiéndose una uña perfecta.
—¡Sí! ese chico, aparenta ser adorable, aunque, sospecho, capaz te destroza el corazón…¡en tres idiomas!—añadió una más.
—¿Será que es gay?—preguntó la tercera, sin cambiar su tono.
—No estoy seguro pero... ¡Si no lo es! Tendríamos que "arreglarlo"—soltó la primera, con risitas.
Lucas captó ese comentario y… vaya, por alguna razón, algo en su interior se alteró. No era rabia, precisamente. Era, digamos, incomodidad. ¿Celos, tal vez? No estaba seguro, tampoco sabiendo si tenía derecho a sentirlos.
—Vamos a ver, que talleres hay por aquí—dijo Mariana, tirando de su brazo.
Se aproximaron al sitio de inscripción.
—Baile, descartado—declaró Julián—. Mis caderas, pues, no mienten, pero sí se quejan bastante.
—Tampoco manualidades, ¡yo no vine a este colegio a hacer origami!—acotó Mariana.
—¿Gastronomía?—preguntó Lucas.
—¡Cocinar con esta gente…! es un riesgo biológico—respondió Julián, con exageración.
—¿Fotografía?—insistió Mariana.
—¿Sabes lo que vale una cámara? ¡Yo ando con un celular, que se apaga cuando quiere!
Lucas río con ellos, a pesar de que su vista se desviaba frecuentemente hacia Marco, quién conversaba ahora con un entrenador.
Finalmente fue hacia el puesto de teatro y rellenó su formulario. Nombre, clase, motivación, "porque necesito un lugar donde no ser yo, por un tiempo". Cursi, pero verdadero.
Cuando se volteó, se encontró con Marco, quien lo observaba con su sonrisa serena de siempre.
—¿Ya decidiste? —cuestionó Marco.
—Si, teatro ¿Y tú?
—Baloncesto, como te comenté.
Lucas asintió. Otra vez, ese nudo. No sabia si porque se verían menos ahora, o por esa risita estúpida que Marco largaba cuando le decían algo bueno por casualidad.
—Ey, Lucas —dijo Julián desde lejos—, ven a ver este grupo de escritura creativa. Dicen que es para gente dramática y sentimental. Te va ideal.
—Anda tú, que lloraste viendo El Rey León la semana pasada.
—¡Ese león no merecía fallecer! —gritó Julián, ofendido.
Marco se echo a reír y Lucas también. Aunque en su interior, aún trataba de descifrar lo que sentía.
Tal vez era muy pronto para entenderlo.
Perhaps it was just that entonces, Marco hacía todo se sintiera algo menos difícil. Decir eso, era realmente significante.