El día estaba excelente para un día de picnic en el parque. El cielo estaba despejado, una suave brisa refrescaba a la sombra y hacia que la copa de los árboles danzaran a su ritmo. Las aves cantaban entre las ramas de los grandes árboles del jardín, sus melodías cautivaban sus oídos y la hacían sentir que se encontraba en otro lugar, fuera de aquella prisión en la cual se encontraba. Había decido levantarse muy temprano aquella mañana, necesitaba aclarar las ideas que tenía en su cabeza. No podía seguir con la cabeza en todos lados, estaba confundida y desconcentrada. Odiaba sentirse así, porque el sentimiento la acompañaba por las noches y le impedía descansar bien. Así que después de tomar una taza de té y devorar un trozo de pan. Decidió salir a caminar por el jardín. Y allí perma

