10 Aeric despertó con un amargo rugido saliendo de su garganta. Empujó el cobertor aferrado a sus brazos y pies, frenéticamente. Su corazón estaba acelerado; su dragón y oso, furiosos; se encontraba en un estado de completo pánico. —¡Alice! —gritó. Se hallaba en una habitación que no conocía, fuertemente arropado en la cama como una momia. La habitación estaba completamente en blanco puro; el olor de químicos astringentes le indicó que se encontraba en alguna especie de hospital. —¿Dónde estoy? —demandó saber—. ¿Dónde está Alice? —No cambies de nuevo —le advirtió Mere Marie, cuando apareció al lado de la cama. Sostenía una toalla húmeda en la mano y mantenía un ojo crítico sobre él—. Y deja de moverte tanto. Estás gravemente herido. Tenía razón en esa última parte. El dolor se extend

