11 Los músculos de Pere Mal tuvieron un espasmo y lo despertaron de su sueño profundo. Era la primera vez en días desde que Kieran el Gris había eludido sus fuerzas en la mansión de los Guardianes. Un presentimiento llenaba su pecho antes de abrir sus ojos. En el momento en que sus párpados se alzaron, chilló. Estaba acostado en su cama, sosteniendo una daga ceremonial de aspecto maligno, la misma que había usado una y otra vez para invocar Papa Aguiel, para cambiar la forma del recipiente. —¡No! —gritó, pero era demasiado tarde. Una oscuridad cubrió su pecho mientras él se clavaba la daga dentro de su cuerpo, un gritó ahogado escapó de su garganta. Su conciencia cambiaba, flotaba lejos… De repente Papa Aguiel estaba mirando un techo blanco. Una mueca se dibujó en su rostro mientras s

