"Servido en bandeja de plata"
Angy.
Apunto directo a la cabeza del muñeco de hierro que han colocado para practicar y doy justo en el blanco. Respiro hondo antes de procesar con calma todo lo que está por ocurrir a mi alrededor, los chicos dicen que es algo normal y me lleve varias miradas burlescas por parte de la asiática cuando entre en una especie de crisis al ver como degollaron ante nosotros a un espía de otro grupo.
Pensé que era un amigo de la salamandra ya que lo abrazo y hablaron muy animados, pero cuando gire para tomar una munición que cayó al suelo y volví mi vista al par de "amigos". Presencie como el padre de Dylan le corto la garganta riendo. La crisis no fue tanto por la muerte, sino, por pensar que en cualquier momento podría hacer eso con alguno de los tres y me preocupó hasta tal punto de colapsar.
— ¿Aún con la duda? — Doy un pequeño salto en el lugar y sin querer dejo escapar una bala al aire, logrando que las personas a mi alrededor ataquen a los arboles creyendo que alguien los está atacando a ellos.
— ¡Perdón! —alzo las manos para que me presten atención. —Fue mi culpa, no volverá a pasar. —Bufan enojados y vuelven a lo suyo. La Salamandra se ríe por lo bajo, sé que notó que estoy aterrada hasta la médula y eso es lo que debe causarle gracia.
—Debes calmarte un poco, hermosa. —Arrugo la nariz ante ese horrible apodo y me centro en cubrir mi cuello en caso de que trate de hacer algo en mi contra.
— ¿Que desea señor?
—Oh, por favor. Dime suegro, amigo, viejo pero nunca señor suena tan... —Chasquea la lengua fatigado y toma un cuchillo que está sobre la mesa frente a nosotros en la cual hay varias armas para el disfrute de quien desee practicar —deprimente. Es como sí trataras con un extraño y sabemos muy bien que no lo soy, mi hijo quizás no te hablo de mí pero eso no hace que desee estar fuera de su vida.
Arroja con una velocidad impresionante el arma blanca y traspasa la armadura de hierro del muñeco. Debo tener cuidado con esta persona, si es como dicen Mika y Trisha entonces aun estando lejos de él es un enorme peligro para mí.
—Disculpa, es que no estoy acostumbrada a hablar con... Mmm... ¿Mis suegros? —me mira expectante y curioso.
—Conocí a Dylan de una forma poco convencional, sé que si le cuento creerá que estoy loca como una cabra y quizás querrá que me aleje. —Niega divertido.
—Créeme Angy. ¿Cierto? — asiento y coloca una mano sobre mi hombro. —No hay forma de que pueda creer que estás loca, digo. Yo sé que es eso... Viví mi vida hablando con las paredes y riendo a mitad de la noche pero digamos que eso mejoró con el tiempo cuando me di cuenta de lo que sucedía en realidad.
Reúno valor para contarle la extraña relación que tenemos su hijo y yo, lamo mi labio inferior y lo suelto sin omitir detalle alguno.
—Era un fantasma con aspecto de demonio que vigilaba a su hijo a través de una ranura. Y él lo notó con el tiempo, cuando lo ayude en cierta forma de evitar su muerte a manos de otra persona. —Se ha quedado mudo con una sonrisa en la cara. —Pasamos tiempos juntos evitando ataques hasta que comencé a tener problemas y viajaba de un lugar a otro enterándome de que en realidad estaba encerrada en una cabaña a mitad del bosque sin valerme por mi misma porque era un maldito experimento de alguna secta llena de psicópatas codiciosos.
No sé si me habrá creído o no pero bajo su mano hace unos segundos y se giró en vista hasta su hijo menor.
—Angy... —Dice pausado y se gira a verme. —Corrijo lo dicho, estoy empezando a creer que si estas algo mal. — ríe como si le hubieran contado el mejor chiste de la historia y eso me incomoda mucho. —Lo siento, es broma. Si te creo, porque yo tengo una historia que va a dejarte creyéndome un bicho raro, y esa es mi historia.
Se endereza en su lugar y me ordena que continúe practicando mientras él relata su vida. No le llevo la contraria porque enserio necesito afinar más mi puntería, para donde vamos no me darán tiempo ni para que cruce un pensamiento mi mente cuando corran a mí para atacarme.
—Ya te dije que hablaba con las paredes y eso... Pero no era porque estaba loco. Sabes, hay dos seres dentro de mi cabeza que desde pequeño me han acompañado. —Un pensamiento sobre Marcus surca mi cabeza.
—Una mujer y un hombre, son de otro mundo, uno oscuro donde los débiles mueren luego de ser criados y torturados por sus propias familias. Marta y Máximo no son para nada cariñosos por esa misma razón. Han visto morir a sus hermanos a manos de sus padres y han comido su carne en la cena o almuerzo.
Trago grueso mientras fallo un tiro, coloca sus brazos alrededor de mí y me ayuda a dar en el blanco.
—Ellos son igual que su hijo, Marcus. —Susurra en mi oído y una oleada de terror puro recorre mi espina dorsal.
—Se enojan con facilidad y por eso hubieron tantos heridos con mis rabietas cuando estaba pequeño. Pero no debes temerles, a pesar de estar enojados contigo por dominar a su hijo de alguna forma ellos no serían capaces de dañarte porque piensan que eres la clave perfecta para crear a alguien aún más peligroso.
Se aleja de mí sin quitar sus ojos de encima y no puedo evitar temblar por lo que me está diciendo.
—Dylan no es mi hijo, cosa que ya sabes... —ríe sin gracia.
—Se supone que debería ser mi sobrino, pero al parecer la locura persigue a esta familia. Mi hermana Dynora salto del segundo piso de su casa luego de asesinar a su esposo quien por cierto la estaba engañando. Yo siempre creí que todo lo que decía de los mensajes, llamadas y otra mujer eran parte de sus alucinaciones, pero no era así... Encontró la manera de hackear su teléfono y confirmo su peor temor para culminar con su vida.
Casualmente iba de visita ese día para jugar un poco con su niño de meses, mal momento.
La vi caer directo a su fin y fui yo quien desmembró el cuerpo de Chase para que nadie la tomara como una asesina, lleve a Dylan a mi casa lo cual fue un grave error puesto que mi mujer se empeñó en adoptarlo para ella.
Al principio no sabía la razón, pero con el tiempo lo supe. ¿Qué mejor manera para encontrar una cura que probar con el hijo de una esquizofrénica y el sobrino directo de la persona a quien deseas sanar?, lo quiero Angy —me observa con un brillo inigualable en sus ojos.
—No solo porque es de mi familia, sino, porque él es la persona más parecida a mí y me ha demostrado lo que es ser una persona valiente a pesar de toda la mierda que sucede a su alrededor.
Cometí el peor error de mi vida al no buscarlo cuando todo se volvió un caos, porque pensé que lo alejaría de este mundo en el que estoy sumergido... Pero resulto peor, mi esposa enloqueció y llevo sus experimentos al límite, incluso los uso en Mika a quien tanto atesoraba.
Quiero salvarlo a él y a ella también, de sí misma.