Capítulo XV: No siempre se gana

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Samuel, se presentó a las agentes que había seleccionado, eran muy guapas y de bellas formas, además se encontraban muy contentas por haber sido seleccionadas para aquella misión, más aquel entusiasmo se vio disminuido cuando él comenzó a hablar, con la seriedad que lo caracterizaba, Ugalde, de antemano sabía que tenía que decir solo la verdad, un oficial no rinde lo mismo cuando es engañado, por lo que no dudo un segundo y fue directo al grano: —Las he elegido a ustedes porque pienso que pueden ayudarme a atrapar al asesino de la rosa… todas habrán leído de él en los periódicos, bien, pues ese degenerado las prefiere rubias y bien formadas… es por eso que, las que son morenas se teñirán el cabello, irán a los cabarets que se les asigne y servirán de carnada para atrapar a ese maldito bastardo, ninguna correrá peligro ya que siempre estarán protegidas por una pareja de civiles que las vigilará estrechamente en todo momento. A cada una de ustedes, se le entregaran instrucciones de cómo deben vestirse y maquillarse, es importante que obedezcan lo que se les pide ya que de otra manera esto no va a funcionar, debemos atrapar a ese bastardo con lo que le gusta y prefiere. No quiero engañarlas, no sólo porque no se lo merecen, sino porque además, no sería de compañeros hacerlo, les diré que, aunque van a estar estrechamente vigiladas, aun así hay riesgos, y muchos. Sobre todo, habrá situaciones peligrosas que no podemos prever, por eso mismo les digo con sinceridad, que la que no desee participar en esta cacería puede dar un paso al frente y será reintegrada a su trabajo sin que se le tome a mal su decisión, y sin que haya represalias en su contra, a nadie se le puede obligar a realizar este trabajo, de ustedes es la respuesta —les dijo con total seriedad. Ninguna de las mujeres se movió de su sitio y Samuel, no pudo evitar la sonrisa de satisfacción y gusto que le causo aquella actitud valiente de las chicas de la policía. Después de la plática, las dejó ir, tenían que conseguir las cosas de la lista que la psiquiatra les entregaría para que se arreglaran de esa manera. Además, necesitaban estar descansadas y listas para la dura jornada que les esperaba a todos, era un plan que podía dar resultados y se aferrarían a él a como diera lugar. Vio que las agentes salieron de la oficina en donde había sido la reunión y se sentó a revisar el expediente que tenía sobre los homicidios. De pronto la puerta se abrió y el rostro de una agente se asomó: —¿Puedo hablar con usted, señor? —le dijo con firmeza. —Sí, por supuesto… adelante… La agente entró a la oficina y se plantó de pie frente a Samuel, que se encontraba sentado detrás de un escritorio, con el expediente abierto. —Tome asiento por favor… y dígame en qué le puedo servir —la invitó Ugalde. —Soy la oficial, Sonia Domínguez y… —Sé quién es usted y quién fue su padre, vaya al grano, por favor —De acuerdo… quería saber por qué no me incluyó en el grupo de trabajo… —Porque no da el perfil —dijo Samuel, con simpleza— y no porqué sea hija de… —No le estoy pidiendo que me elija por mi padre… no quiero tratos especiales… —¿Ah no? ¿Entonces qué es lo que quiere? —Que me tome en cuenta por lo que valgo y por lo que soy… Creo que estoy lo suficientemente calificada para formar parte del grupo, es más, estoy más preparada que muchas de las que eligió —insistió ella— sé que el operativo es peligroso, escuché todo lo que les dijo a mis compañeras en su plática, no me asusta, por el contrario, será parte del trabajo y eso va a ser siempre. —Sí, tal vez, y que conste que no dudo de su capacidad y de sus conocimientos, el problema es que usted es muy joven para el perfil que necesito… el operativo requiere de mujeres más… maduras… por eso no la seleccione… —Dicen que, de noche todos los gatos son pardos… además con el maquillaje y las ropas, estoy segura que puedo dar el perfil… no sea malo… deme una oportunidad… le prometo que no lo voy a defraudar… —¿Por qué quiere estar en esa operación que puede resultar muy peligrosa para todas? Usted es joven y las oportunidades se irán presentando a su paso. —Tal vez, aunque ninguna será como esta… y el interés que tengo, es que quiero demostrarles a todos que soy capaz y estoy preparada… que no recibo ningún privilegio por ser hija de mi padre… aunque el motivo principal es que quiero demostrármelo a mí misma, convencerme de que soy capaz de hacerlo, es una cuestión de orgullo, de amor propio, de dignidad. Samuel, vio en ella tanta vehemencia y determinación, que de inmediato se identificó con la oficial, así era él cuando salió de la academia, esperando una oportunidad de demostrar todo lo que había aprendido, y si bien, esta se le presentó sola, hubiera dado su brazo izquierdo por lograr que alguien le hubiera dado esa oportunidad. —De acuerdo… vaya con la psiquiatra para que le entregue la lista de las cosas que necesita para integrarse al grupo de trabajo… ojalá y no haga que me arrepienta por esta decisión… vaya y preparase. —No se arrepentirá, se lo aseguro… y gracias por aceptarme. La agente salió de la oficina, los ojos de Ugalde, la siguieron, en realidad era muy guapa y atractiva, estaba seguro que con la ropa que usaría, se vería mejor que varias de las que había seleccionado, el problema era su juventud, no encajaba en el perfil del asesino de la rosa, y dentro de todo, esperaba que él no la eligiera. Samuel, recogió el expediente del caso y lo guardó en el portafolios que utilizaba cuando llevaba trabajo a casa, ya era tarde y sentía hambre, quería comer algo antes de seguir con la investigación, salió de la oficina y aprovechó para hablarle por teléfono a Susana, tenía que decirle que habían aceptado el plan y que comenzarían a trabajar en él esa misma noche, estaba seguro que ella se iba a alegrar igual o más que él, después de todo, había sido idea suya. Susana, recibió la noticia con agrado, lo felicitó y siguiendo su costumbre, le dijo que se cuidara mucho, que no se confiara y sobre todo que no se arriesgará si no era necesario, que esperaba que todo aquello terminara pronto. Ugalde, llegó hasta el estacionamiento subterráneo y se dirigió a su carro, abrió la puerta y dejó el maletín en el asiento trasero y en ese momento escuchó una voz. —Aquí no hay un diario o una credencial tras la cual me pueda esconder… ¿es lo mismo con tu placa? —le preguntó Manuel Márquez parado a un lado del carro— te aseguro que esta vez no me agarraras por sorpresa. —¿Cuál placa? Yo no dependo de la placa, yo soy la placa y se cuándo debo dejarla a un lado para lo que se necesite —respondió Ugalde, cerrando la puerta del carro con determinación— tampoco necesito sorpresas para darte lo que te mereces. —Sólo te anticipo una cosa, Samuel, qué aquí no van a estar tus compañeros para detenernos, como la última vez, y nadie te salvará de la golpiza que te tengo guardad desde hace mucho y que con todo gusto te la voy a dar para que se te quite lo fantoche, crees que con tu actitud de “malo” asustas, pero la verdad es que das pena. —Hablas mucho, por qué no escribes un reportaje y me lo mandas, para que pueda dormirme en la noche… me aburres con tus estupideces… a lo que venimos…  No necesitaban decir más, los dos se ubicaron en un claro del estacionamiento y se pusieron en guardia, era el momento de la verdad y Samuel, estaba decidido a darle una paliza a aquel infeliz que por su propio pie había ido a buscarla. Moviéndose sobre las puntas de sus pies, con los brazos en guardia y los puños listos para entrar en acción, ambos contrincantes se estudiaban detenidamente antes de lanzar el primer golpe, querían estar seguros de lo que hacían. Fue Manuel, quien con una finta con sus hombros descontroló a Samuel, y le tiró un golpe con su mano izquierda, el cual lo impacto con fuerza, haciéndolo retroceder. Antes de que pudiera reponerse, la mano derecha del reportero se clavó, con violencia, en las costillas de su rival, sacándole el aire, el agente trató de enconcharse para evitar mayor castigo, sólo que, Márquez, era una furia desatada y no se iba a detener. A dos manos comenzó a golpearlo, en el cuerpo, en la cara, en la cabeza, Ugalde, no podía evitar aquellos golpes, en un movimiento desesperado, tiró un golpe volado con su mano derecha, hizo blanco en el rostro de Manuel, que retrocedió por la fuerza del golpe, y vio a su rival ponerse en guardia. El agente tenía el rostro sangrante, los golpes del reportero le habían abierto el pómulo izquierdo, la ceja del mismo lado, le habían reventado la boca y la nariz aunque, Márquez, también presentaba un fuerte golpe en el rostro, que le había dado de lleno en la mandíbula y parte de la boca, rompiéndosela. Samuel, vio que Manuel, sangraba por la boca, su golpe le había impactado en los labios y se los había abierto, sintió que la sangre le nublaba la vista, no obstante, se lanzó sobre aquel infeliz, tirando golpes con ambas manos, decidido a todo. Con habilidad y destreza, el reportero, detuvo algunos golpes con sus brazos y eludió otros con movimientos de cintura, y aprovechando que el agente tenía la guarda abierta, le clavó un gancho al hígado con su mano izquierda, y sin perder el tiempo, le lanzó un uppercut con todas sus fuerzas, que se impactó de lleno contra la barbilla de Samuel, incluso lo levantó del suelo algunos centímetros de manera aparatosa. Ugalde, no supo qué lo arrolló, con la fuerza del golpe, salió botado hacia atrás, chocó con su espalda contra un auto y luego se desplomó sin control al suelo, cayendo de rodillas completamente vencido y a merced de su contrincante que lo observaba listo para rematarlo si se ponía de pie. Mientras se encontraba a cuatro patas, con las rodillas y las manos en el suelo, Samuel, se temió lo peor, era el momento en que aquel infeliz podía aprovechar para darle la golpiza de su vida, por lo que esperaba que en cualquier momento lo pateara o lo jalara por los cabellos para arrastrarlo y patearlo, sólo que, el ataque nunca llegó y en medio de su aturdimiento escuchó: —Lo dicho… ni buen agente, ni mucho menos hombre… no tienes los tamaños para ninguno ser alguno de los dos… espero que esto te sirva de lección y no creas que tus alardes de gran macho asustan a nadie… ya te dejé bien en claro que no es ni la credencial, ni el diario, los que me dan valor… si quieres más, me avisas… Samuel, no pudo ni contestarle, se sentía mareado, sin fuerzas, estaba aturdido y confundido, el cuerpo le dolía intensamente del lado izquierdo y su respiración era agitada e irregular, escuchó los pasos del reportero que se alejaba y trató de comprender, ¿Cómo fue posible que lo golpeara de aquella manera? Aunque le doliera en el alma, tenía que reconocer que ese desgraciado era bueno metiendo las manos, incluso tal vez hasta los pies, sólo que en esta ocasión se dio el lujo de darle una paliza con los puños solamente y no lo remató en el suelo. Intentó levantarse, no pudo, la pierna izquierda la sentía paralizada, su cabeza no lograba coordinar bien y todo su cuerpo estaba sin fuerzas para ayudarlo, por unos segundos, ¿tal vez minutos? Trató de respirar por nariz y boca para recuperarse.
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