Samuel, la sujetó por las caderas, acariciando con deleite aquel par de nalgas que siempre lo habían enloquecido, y la siguió en el agitado vaivén de su cintura, gozando de una forma intensa y maravillosa, mientras la besaba en la boca con toda la pasión que por ella sentía, el movimiento cadencioso de sus cuerpos, después de algunos minutos, los condujo a la intensa sensación del clímax que estalló en sus cerebros.
Mientras descansaba sobre el pecho de él con las piernas extendidas, Susana le dijo casi al oído y con toda la ternura que en aquellos momentos sentía:
—Te quiero mucho… no tienes idea de cuanto… cada vez me gusta más hacerlo contigo, siempre me haces gozar hasta el delirio.
—Yo también te quiero mucho mi amor, cada día estoy más loco por ti —le contesto con ternura y por completo enamorado de aquella hermosa mujer.
El abrazo amoroso se rompió unos minutos después, Samuel, tomó un cigarrillo y lo encendió con tranquilidad, se veía satisfecho, aunque sus ojos demostraban su honda preocupación, siempre cariñosa y comprensiva, Susana, se recostó sobre el pecho de su marido, para preguntarle sin mucha presión esperando que Samuel, le contara todo si así lo deseaba en aquel momento, por eso necesitaba motivarlo:
—¿Qué es lo que te tiene tan preocupado? —le pregunto ella con ternura.
Las facciones de Samuel, se alteraron denotando coraje, más su voz sonó natural al responderle y contarle el asunto que lo tenía tan preocupado, no omitió ningún detalle, la confianza que tenía por su esposa era absoluta y completa, ella lo escuchó atentamente, sin interrumpirlo un solo segundo.
—Lo que más me desespera, es que no tenemos ni una sola pista, y para colmo de males ese Manuel Márquez, se ha empeñado en "quemarme" públicamente, aunque nosotros no podemos hacer más, hemos intensificado la vigilancia, por los diarios hemos alertado a las sexoservidoras a que denuncien cualquier cosa sospechosa que pueda poner en peligro sus vidas, en fin, hemos agotado todos los recursos, con decirte que ni nuestros soplones han podido averiguar algo que nos pueda ser útil. Luchamos contra todo y contra nada —le dijo Samuel, preocupado y molesto.
—Bueno, ya que todo eso les ha fallado… ¿Por qué no tenderle una trampa…? Podría caer en ella, y así lo capturarían… —sugirió Susana.
—¿Una trampa...? Aunque hasta ahora sabemos que son tres las zonas donde busca y deja los cuerpos de sus víctimas, nadie nos asegura que el día de mañana no va a cambiar y se puede ir incluso al Estado de México.
Nos enfrentamos a un asesino que, aunque sigue un patrón, no sabemos cómo va a atacar la próxima vez, no tenemos tanta gente como para cercarlo.
—El mar también es inmenso, y los peces caen en el anzuelo... claro siempre y cuando el pescador utilice la carnada adecuada en el lugar indicado, de una o de otra forma, no se pierde nada con intentarlo—insistió ella con tranquilidad.
—Espera... espera... eso tiene sentido... ya voy entendiendo tu idea, y no me parece tan descabellada, aunque habría que afinar muchos detalles —dijo él con interés.
—Perfecto... mira, el asesino debe tener un perfil para seleccionar a sus víctimas, bueno pues una mujer con las características de esas víctimas puede ser la carnada. que lo atrape y lo pierda.
—¡Claro...! Cómo no pensé en eso antes, podemos hacer que un grupo de mujeres policías bien vigiladas anden por los lugares adecuados en espera del asesino.
—Exacto, ese loco maniático al ver alguna de ellas la escoge como víctima y al momento que intente matarla, lo atrapan —concluyo Adriana.
Samuel, no pudo contener su alegría y lleno de amor abrazo a su esposa y con toda la ternura que por ella sentía, le dio un beso, al tiempo que exclamaba lleno de orgullo:
—¿Sabes eres fabulosa?
—Sí, ya me lo habían dicho, sólo faltaba que la policía lo reconociera,
Sus bocas se unieron con amor y estrechados en un amoroso abrazo se quedaron dormidos de manera tranquila y relajada.
Al día siguiente, mientras se bañaba, Ugalde, pensaba en lo hablado con su esposa, la idea en sí era buena, sólo que había muchos detalles que afinar para que funcionara.
Primero, las mujeres que elegía el asesino de la rosa, eran comunes y corrientes, la mayoría de las sexoservidoras que trabajaban de noche tenían el mismo perfil y eran muy parecidas, aunque algunas se veían mejor que otras, eran similares.
Segundo, no tenían idea de cómo y dónde las abordaba, las que había matado hasta el momento, lo mismo conseguían clientes en los cabarets que en la calle, hasta el momento no sabían que hubiera utilizado algún sistema de citas.
Tercero, ¿cómo lograr que el asesino se fijara en una de las mujeres policía? Ese era el principal problema, no obstante, como decía su mujer, nada se pierde con intentarlo, después de todo no tenían muchas alternativas.
En realidad, no había pensado en una trampa para el asesino, siempre creyó que con aumentar la vigilancia podrían atraparlo, ahora, sólo esperaba que le aprobaran la idea y de funcionar, ese infeliz degenerado pronto caería en sus manos.
Horas más tarde, al presentarse en la jefatura, Samuel, se encontró con que el jefe Galicia, lo había mandado llamar a su oficina con carácter de urgente.
El jefe Arturo Galicia, era el director de detectives de la judicial, de carácter duro y muy severo en su cargo, todos le temían, por eso mismo, en cuanto Samuel, recibió el recado, acudió de inmediato a la oficina del alto mando, al sólo verlo Ugalde, comprendió que estaba enojado y al notar el diario sobre el escritorio supo la causa; sin embargo, se mantuvo sereno y disciplinado:
—Buenos días señor, ¿me mandó llamar? —pregunto Samuel, al entrar al privado.
—Si, agente, siéntese por favor, ¿ya leyó el diario de hoy? —contesto el Galicia, con un tono frío y seco, tal y como era su costumbre.
—No señor aún no he tenido tiempo,
—Bueno pues aparte de dar la noticia que usted ya sabe, lo acusan de inepto y de haber solicitado la ayuda del reportero que firma la nota y a los soplones de éste, para poder resolver esos homicidios —dijo Arturo, con el mismo tono de voz.
—¡Ese hijo de toda su… prensa libre! Ahora si no se midió en sus tonterías —exclamó Samuel, furioso—le aseguro que no es como dice la nota, señor, todo fue una mala interpretación del reportero, o más bien, está diciendo las cosas a su manera.
—Lo sé, Ugalde, lo conozco a usted y sé cómo trabaja, sólo que nosotros no estamos para malos entendidos, ese reportero está moviendo el agua puerca y el mal olor ya está llegando hasta aquí, y todo por no detener a ese maldito degenerado que se burla de nosotros abiertamente… tenemos que encerrarlo y pronto.
—De eso, precisamente quiero hablarle señor vera...
Con lujo de detalles, Samuel, le expuso su plan al jefe, el rostro del líder de los agentes cambio de expresión al oírlo, después con sinceridad le dijo:
—Me parece buena idea, haga que se lleve a cabo de inmediato, cuente con mi apoyo para todo y termine con esta pesadilla. Ya no soporto esa piedra en el zapato todo el día… me está desesperando y eso no es nada bueno.
—Así lo haré, señor.
Samuel, sabía que el jefe confiaba mucho en él, lo había escuchado entre sus compañeros y ahora lo comprobaba, por eso estaba seguro de que no lo defraudaría.
Las palabras del jefe antes de que Samuel, saliera de su oficina terminaron por devolverle la confianza, ya que fueron dichas en tono de broma:
—Atrape pronto a ese asesino, y será mejor que su plan de resultado, porque si no voy a tener que enviarlo al estacionamiento para que cuide los carros.
—Lo tomaré en cuenta señor, no me gustaría tener que lavarlos también —respondió Samuel, con el mismo tono de voz alegre.
Sonriente y satisfecho, salió de la oficina del jefe, más en el pasillo una desagradable sorpresa lo esperaba, ahí estaba Manuel Márquez, el reportero que tanto lo odiaba, la sonrisa del agente se congelo en sus labios al verlo sonriendo cínica y burlonamente, con condescendencia, no detuvo sus pasos y pronto estuvieron frente a frente, y el reportero comenzó diciendo:
—Ya me estoy decidiendo a darle ayuda Ugalde, tal vez así si puedan atrapar al asesino que juega con ustedes como se le pega la gana… ¿Qué le parece? Eso evitara que lo regañen sus superiores y tal vez hasta lo feliciten.
—Por mi puedes irte, con tu pinche ayuda, mucho rumbo a la chingada… no necesito de ti ni madres… metete tu ofrecimiento por la cola para que te haga provecho, infeliz frustrado y amargado —respondió Samuel, sin poderse contener.
—Bueno pues usted se lo pierde, si quiere seguir sufriendo por ese loco que está demostrando ser mejor que ustedes en cualquier terreno, allá usted y su conciencia, yo sólo trataba de ayudarlo, ya que se ve que lo necesita.
—Muy pronto te voy a hacer tragar tus palabras, desgraciado periodiquero.
—Lo dudo, agente… no tiene ni la capacidad, ni los tamaños para hacerlo… usted sólo puede con raterillos inexpertos —dijo Manuel con su tono burlón y cínico.
—Lástima que te escudes tras un diario, de otra manera te daría una paliza que no te iban a quedar ganas de volver a escribir estupideces de mí —le respondió Samuel, más furioso que antes y viéndolo fijamente a los ojos.
Manuel, vio la determinación y el coraje que sentía y su sonrisa cínica se hizo más desagradable en su boca, aunque no le respondió. En su mirada se podía notar el coraje y el desprecio que sentía por Ugalde.
Cada uno siguió su camino y furioso Samuel, entró a su oficina, tratando de controlar la ira que ese desgraciado reportero le despertaba, unos segundos después, ya más tranquilo y relajado, llamó al médico forense y le pidió una lista de las ropas que las víctimas del asesino de la rosa usaban, estilos, marcas, algo que las relacionara, incluso el tipo de maquillaje que empleaban y si sus cabellos eran de color natural.
Después de hablar con el forense y darle instrucciones, llamó a la psiquiatra del departamento y le pidió que hiciera un perfil del tipo de mujer que elegía el asesino de la rosa, le indicó que el forense le enviaría el estilo de vestir que ellas tenían y que deseaba que le hiciera una lista de lo que una mujer necesitaría vestir y usar para encajar en la preferencia del asesino.
Fue entonces cuando habló por teléfono con la jefa del escuadrón femenil para que reuniera a todo su personal ya que sería comisionado en misión especial que tenía prioridad, la oficial a cargo del grupo de mujeres agentes, le pidió una hora para tener listo a su personal, Ugalde, asintió y luego colgó el teléfono.
En ese momento recibió una llamada de Héctor, que le avisaba que estaba a la espera de un mesero de uno de los cabarets, que al parecer conocía a la víctima y la había visto la noche anterior en compañía de un sujeto, por lo que iba a seguir esa pista.
Samuel, le dijo que lo mantuviera informado y que se cuidara, ya que con ese asesino no se sabía lo que se podía esperar, después de eso, cortaron la llamada.
Una hora y minutos después, Samuel, pasaba revista a las policías mientras lo hacía seleccionaba a las que consideraba podían serle útiles y las separaba del resto.
Cuando reunió a treinta de ellas le dijo a la jefa que desde ese momento ellas estarían bajo su mando hasta nueva orden, no pasarían revista a diario ni se reportarían con ella hasta que terminara la comisión, la jefa del escuadrón femenil aceptó y ordenó a las demás que volvieran a sus labores.