Muchas veces rechazó las invitaciones de sus viejos amigos para ir a fiestas o a acompañarlos a divertirse en grande, ya no quería seguir con eso.
En la fábrica en la cual trabajaba, también le sobraban invitaciones, y estas se incrementaron cuando se enteraron de que era madre soltera.
Magda, no era nada tonta y mucho menos inocente, sabía perfectamente que la buscaban por su cuerpo, por tener una aventura fácil con ella, y eso no le interesaba en lo más mínimo, quería cambiar y estaba dispuesta a hacerlo a como diera lugar.
Fue entonces cuando conoció a Javier Fernández, un supervisor de la fábrica, que se le acercó como muchos otros, con la diferencia de que él no la invitó a salir a divertirse o a tomar “algo” por ahí, con toda sencillez la invitó a comer con él y respetuosamente le dijo: “si es posible que usted acepte”.
Comenzaron a tratarse y le agradó la forma en que él la trataba, era amable, atento y se mostraba interesado en saber más de ella como persona, que en esforzarse por llevarla a la cama para disfrutar de la pasión.
Salieron varias veces y él se portó muy atento y cordial, un hombre muy decente y correcto, hasta que finalmente, Fernández, le pidió que se hicieran novios, ella aceptó y durante seis meses vivió un romance hermoso.
Un noviazgo como no lo había vivido antes, limpio, tierno, amoroso, una relación de pareja en la que el sexo, no era el factor determinante para estar juntos.
Javier, también mostraba cariño por el niño y lo trataba con tanto cuidado, que parecía de él, incluso le decía “hijo” y se divertían juntos.
Fue entonces cuando ella decidió acostarse con él, no le importaba si después de entregarse a ese hombre, Javier la dejaba, la había conquistado y ella tenía más de dos años de no estar en la cama con nadie, , ya su cuerpo se lo reclamaba.
Fue una relación dulce y tierna, llena de amor e ilusiones, por primera vez en su vida ella se sintió toda una mujer y comprendió que estaba enamorada.
Después de esa primera relación, Javier, le pidió que vivieran juntos, que él trabajaría para mantenerla junto con su hijo y que quería que ella se dedicara al hogar, que cuidara del niño y de él.
Magda, aceptó dichosa de la vida, juntos pusieron un departamento y entonces comenzó su vida de pareja, llenos de amor y de entendimiento.
Justo al año de estar viviendo juntos, cuando su hijo ya tenía dos años, ella se embarazó de Javier, su gran amor, su único amor, y eso la hizo dichosa.
Su embarazo, ahora fue muy diferente, esperaba a su hijo con mucho amor e ilusión, se cuidaba en exceso y Javier, la mimaba en todo lo que se le antojara.
Magda, no podía creer que existiera tanta felicidad, y que fuera toda para ella, no había nada que empañara su dicha.
Dio a luz a otro niño y Javier, se sintió el más feliz de todos los hombres del mundo.
Les dio su apellido a los dos niños y ellos iban a crecer como hermanos siempre.
De esa manera su familia vivía en la felicidad total, ella consagrada a los niños y vigilando que no faltara nada en su casa.
Y Javier trabajando, luchando para que su familia estuviera bien y no tuvieran problemas, lo cierto es que Magda, estaba irreconocible, se le veía feliz y dichosa en todo momento y atendía a su marido con amor y ternura.
Incluso su madre y su padrastro, se veían felices de que ella hubiera encontrado un hombre que la valorara y la tratara como ella se lo merecía, les alegraba y les satisfacía el verla tan sonriente y llena de vida.
Para Magda, el cuidar a sus hijos y atender la casa, se llevaba todo su tiempo, no obstante, por las noches, siempre estaba dispuesta a lo que su marido necesitara.
Cuatro largos años transcurrieron, todos llenos de dicha y felicidad para los cuatro que formaban una hermosa familia, envidiada por muchos.
Incluso por sus antiguos compañeros de la fábrica, ya que muchos de ellos los conocían a los dos y Javier, se enorgullecía mostrando las fotos familiares.
No podía negarlo, era muy feliz y se le notaba, los niños ya iban a la escuela y Javier, cada día la amaba hasta el delirio, ella prácticamente lo adoraba.
Todo vino a cambiar a partir de una noche en que Javier, volvió a casa más tarde que de costumbre, lo que en verdad preocupó a Magda, que temía que le hubiera sucedido algún accidente o se hubiera metido en algún problema.
No obstante, decidió esperar, sabía que las malas noticias viajan solas y de prisa, lo mejor era estar con sus hijos y rezar porque Javier, estuviera bien.
Casi de madrugada, él llegó a su casa, estaba completamente borracho, se veía molesto y con una actitud que ella no le conocía.
—¿Y ahora qué es lo que festejas? —le dijo ella, con amabilidad, al verlo llegar, la preocupación que había sentido, por la tardanza de él, ya que no acostumbraba a verlo llegar tan tarde, se esfumó, llenándola de calma.
Cuando lo vio entrar, en aquel estado de embriaguez se tranquilizó y comprendió que de vez en cuando él necesitaba correrse una parranda con sus amigos.
no le reclamó, sino que le había preguntado con una amplia sonrisa esperando a que él le diera una explicación sobre el por qué había bebido.
—¿Hay algo que festejar? —dijo él completamente molesto y con un tono de voz cortante— Más bien hay mucho que lamentar... mucho más de lo que uno imagina
—¿Por qué lo dices, Javier? —preguntó ella confundida por la actitud que él tenía.
—Porque soy un imbécil... creí en ti y resulta que no eres sino una golfa que me ha estado engañando todo este tiempo —musitó él con un tono hiriente.
—¿Qué…? —Magda, nunca hubiera esperado aquellas palabras de él, ahora en realidad, estaba ofendida y confundida por lo que Javier, decía.
—Lo que oyes... no me vengas ahora con que te asusta que te diga golfa... eso es lo que eres... ¡una puta! Para ser más directos.
—¿Por qué me ofendes? ¿Yo qué te he hecho…? —insistió Magda ya molesta por la actitud del hombre al que amaba, le dolía que la ofendiera de esa manera— ¿Qué motivo te he dado para que me trates así?
La lastimaba con sus palabras, aunque no quería pelear, quería saber el motivo por el cual él se encontraba en esa actitud, ¿por qué había llegado tan agresivo?
—¡Me has mentido! Toda la vida me has mentido —gritó Javier— Yo te creía tan decente y resulta que no eres sino una pérdida de lo peor.
—¿Y por qué lo soy, según tú? —musitó Magda sintiendo que el coraje la invadía y dispuesta a no dejarse ofender más, ya le había colmado el plato.
—Porque me has mentido... me has engañado... andabas de puta con todos los de la fábrica, apenas te lo pedían y te ibas a acostar con el que fuera, y...
—Ah no, chiquito... eso sí, que no... nadie en la fábrica puede decir que yo tuve algo que ver con alguno, ni siquiera un beso mío pueden presumir, todos son unos pinches ardidos porque nunca los pelé, no me interesaban y mira que me rogaron y me ofrecieron hasta lo que no te imaginas.
—Mientes... ellos me dijeron...
—¿Ellos te dijeron…? Te mintieron, te vieron la cara de estúpido, y si tú les creíste, entonces sí, que eres un idiota... mejor dicho... eres un pendejo que se deja influenciar por otros que, como tú, que no tienen ni madre para estar hablando mal de una mujer y lo peor de todo, a sus espaldas...
—Me estas ofendiendo... yo....
—Tú me ofendiste primero y si no confías en mí vete a la chingada de aquí... no te necesito para nada… lárgate a la fregada y búscate otra que sea inmaculada y pura, no como yo que soy una pérdida…
—Magda, yo...
—Mejor vete Javier... no quiero saber nada de ti... no tienes idea de cómo me has decepcionado y como me has lastimado, mejor déjame en paz...
Javier, iba a seguir hablando, sólo que, ella se dio la media vuelta y se metió a la recamara, tratando de contener las lágrimas amargas que amenazaban con brotar de sus ojos, y no quería que él la viera llorar.
Se sentía dolida, ofendida, agredida, humillada, y lo peor de todo era que no había ningún motivo para ello, si algo tenía claro, es que su conciencia estaba tranquila sobre aquellas falsas acusaciones, Javier no tenía derecho a tratarla así, no lo tenía.
No solo había sido fiel todo el tiempo que tenían juntos, sino que además no había sido de otro desde su primer embarazo, y ahora esos infelices le levantaban falsos testimonios acusándola de algo que no había hecho.
Y aún si hubiera estado con alguno de la fábrica, no era problema de Javier, ella quiso contarle todo sobre su pasado cuando iniciaron su vida juntos y él le dijo que no quería saber nada, que la amaba y que eso era lo que importaba.
¿Por qué ahora cambiaba tanto? No lo entendía y sabía que ya nada podía ser igual, sabía que desde ese momento él iba a estar sacando cosas de su comportamiento, las viviera o no, si creyó en esos imbéciles era fácil suponer que iba a creer todo lo que le dijeran y eso era algo con lo que ella no podía vivir.
Tenía que hacer algo, tomar una decisión definitiva, sólo que, no sabía cuál era el camino que debía seguir para evitarse esos problemas tan desagradables, se durmió pensando sobre las posibilidades que tenía, y a cada momento se convencía que nunca podría callar las intrigas de los ardidos en su contra.
No quería destruir su familia, no deseaba que las cosas terminaran mal, pero tampoco sabía cómo iba a hacer para que él confiara en ella.
En realidad, estaba viviendo una situación que no le agradaba y eso sinceramente la mortificaba y la hacía ver las cosas de manera negativa.
Se quedó dormida y al día siguiente al levantarse, Javier, ya no estaba en la casa, no se preocupó por él ya que seguramente se había ido a trabajar.
Durante tres días no supo nada de él, no la llamaba ni se aparecía por la casa, ella no sabía si buscarlo o esperar a que él tomara una decisión que fuera definitiva para la vida de la familia que habían formado.
Sus hijos lo amaban y les gustaba estaba con “papá”, ya que él siempre tenía tiempo para dedicárselos y esa era una de las cosas que la hacían titubear.
No le faltaba dinero ya que él le había dejado bastante como para vivir unos meses sin preocupaciones, no quedaba otra sino esperar.
En ese tiempo ella pensó que él ya se había ido de la casa y que no volvería a verlo, al final era como todos, la abandonaba a su suerte, sin importarle nada más.
Sabía que Fernández, la consideraba algo de lo peor que podía existir en la vida, todo intento para que Javier, analizara las cosas y se convenciera de su inocencia, sería en vano, él creía más en las calumnias que en la verdad.
Fue al cuarto día de que discutieran cuando él se presentó en la casa y con toda claridad le dijo que ya no quería seguir con ella, que no podía vivir una mentira como la que estaban viviendo y que lo mejor era separarse.
—Nos vamos a hacer mucho daño estando juntos… yo creo que, lo mejor es que cada quién por su camino, como antes de conocernos… —dijo finalmente él— no tiene caso seguir con algo que no va a funcionar.