CLEO.
Mami hoy no vino a recogerme al colegio y estoy solita. Solita en la entrada y el tiempo está feo, va a llover. Ya todos se fueron y mami no llega. El vigilante me mira raro….
•ø•
El sonido de mi teléfono es el causante de que me despierte. Ayer caí rendida apenas subí a mi habitación y terminé de llorar, me imagino que tengo la cara toda inflamada y no pienso hacer nada para repararlo.
—¿Qué pasa?—Es una llamada por FaceTime, mierda, se me había olvidado que por ahí también me puede rastrear, he de crearme un nuevo Apple ID. Maldito bruno me tiene por todos lados y vivo en pánico.
—Coco...—Mi corazón empieza a latir desenfrenadamente ante los sollozos de Malia, la niña de la casa.
En el fondo solo esperas algo malo porque sabes que ellos se lo merecen. Tranquila. Está bien.
Malia no tiene la culpa; ella no tiene la culpa de haber nacido hermosa; ella no tiene la culpa de haber nacido en el momento correcto; ella no tiene la culpa de ser igual a mamá; ella solo fue la favorita, la que Dios decidió bendecir y con ello debemos vivir. Malia es dulce e inocente. No entiende mucho de la vida, fueron varias las veces en las que le dijo a mis papás "no hagan llorar a Coco, por favor, me hace sentir mal" los dos asentían y le prometían que no volvería a pasar, en la noche todo se ponía en mi contra.
—Deja de manipular a baby Malia, estás corrompiendo su felicidad.
Asentía yo también sin entender mucho por qué la felicidad de ella la cuidaban tanto, si la mía había sido destrozada por las personas que vengo biológicamente programada para amar. Sencillamente llegó un punto en el que entendí que era la antítesis de mis padres, no me parecía en nada y eso les molestaba. Llegué incluso a dudar de mi procedencia, me hice unos exámenes de ADN a escondidas y resulta que coincido con los especímenes llamados Derek y Chloé.
—Dime, Liah. ¿Qué pasa?—Todo mi cabello lo tengo en mi cara, no sé ni que hora vez pero percibo la luz solar por las persianas color blanco, mandaré a cambiarlas si quiero sobrevivir en este lugar.
—Papi se está viendo con otra mujer que no es mami.
«Por zorra» pienso. A fin de cuentas, el karma siempre llega, dispuesto a destrozarte y hacerte ver que lo que hiciste, no fue tan agradable como pensabas. De veintiún años de odio hacia mí, un marido infiel es lo mínimo que recibe la muy perra, dicha por otras personas, Chloé. Ella y yo jamás íbamos a funcionar, era obvio. Ella ama la moda, vestirse con aquellos vestidos largos y colores chillones, maquillarse para cualquier ocasión, tacones en sus pies siempre que se pueda. Yo no soy así, me gusta la ropa, claro, pero no me importa su marca. No me encantan los vestidos, amo usar shorts. Odio los colores, amo el n***o. Odio los cortes de cabello "formales", amo mi pelo largo, con su volumen y ondas naturales. Yo era y soy, en pocas palabras, todo lo que una miss mundo odiaría pero eso no justifica sus actitudes. Se supone, solo se supone, que una madre es la que te amará pese a todo, que si eres drogadicto te llevará a rehabilitación, que si sufres te apoyará, que si te sientes mal, te cuidará, que si te caes te levantará, pero no, no todos lo que vemos en televisión es real.
No sé cual personaje la pantalla idealiza más. Si a mamá, como lo que ya describí supone ser. O papá, el superhéroe, el puede con todo, el que espantará chicos de casa, el que golpeará a todos los que se metan con su princesita. De verdad, alguien tiene que ir y hablar con el creador de tan falsos estereotipos de padres perfectos, a ver si dejamos de creer en que siempre tenemos que amar a la familia.
—Liah, cálmate—No quiero ver a mi hermana mal, soy así de buena y por eso es que estoy toda jodida—, ¿Cómo es la mujer?—Creo que todo esto tiene una explicación. Derek no la cagaría en Venezuela.
—Como una Barbie. Cabello como el mío—Amarillo—, Pero mucho más largo, se viste lindo, mucho mas que mamá—Y ahí mi respuesta...—. Tiene una sonrisa linda, ojitos como los míos—Azules.
—Ya te llamo.
Me cepillo con algo que conseguí en el estante, me echo agua fría y bajo corriendo por las escaleras, el piso está frío y me arrepiento por no llevar medias, en el último escalón, caigo.
—¡Demonios!
—Que grosería tan tierna—Escucho a Alexander, está jadeando y todo sudado. Lleva una franela negra junto a unos joggers Adidas típicos, descalzo, como siempre, porque podemos rayar el piso.
—Justo a ti te estaba buscando— Omito su critica y su ayuda para levantarme también, yo puedo sola, yo siempre puedo sola.
—¿Para que soy bueno?
Pienso en hacerle alguna broma o algún comentario sarcástico para que vea que hoy estoy de buenas, pero rechazo la idea al instante. Alexander se ve como un ser superior para mí, siendo tan perfecta físicamente y con vibras lindas, estar cerca de él se siente agradable y prefiero no hablar para no cargarla.
—¿Dónde está tu madre?
—Mmm—Piensa si jugar conmigo, lo noto en su tanteo—, Agarra mi teléfono, está al lado tuyo—Evidentemente está en una mesa de vidrio que tiene de decoración un florero transparente con agua azul—, 1994401–Me dice su contraseña, así tan fácil.
—¿Y ahora?
—Métete en w******p, grupo de mi familia.
¿Acaso las familias tienen un grupo de w******p? ¿Con qué fin?
Dejo de hacerme preguntas en mi cabeza y lo veo de reojo estirando, no sé con que fuerza de voluntad alguien se para a hacer ejercicio, yo necesito por lo menos diez tasas de té y una hora revisando i********: y eso solo para espabilar. No me da miedo admitir lo floja que soy.
Culpepper/Bianchi fam.
Danilo Culpepper.
*¿Qué tal todo?
*Los extraño, hoy por fin veo a mi vida.
*Alec, ¿qué tal si hacemos una videollamada esta noche? Me haces falta, hijo.
Me.
*Yo también te extraño, papá.
*Espero que disfruten mucho ahora que están juntos.
Les envío un beso.
*Claro, si mamá no está muy cansada, me llaman y hablamos.
Haré ejercicio,
Los quiero,
Bye.
Celine Bianchi.
Voice note.
Le pido permiso a Alec para reproducirlo, asiente, mientras se agacha para hacer flexiones, cada vez suda más y se ve mejor.
"Hola, buenos días por acá, hijo, esposo. Estoy llegando ahorita mismo a maiquetia , el aeropuerto de Caracas, de acá voy a ver por fin a Danilo. Estoy agotada, mucho tiempo viajando. Sin embargo, esta noche te llamamos Alec para ver como estás. Ocho meses sin verte es demasiado para mi pobre corazón, rezaré para poder abrazarte y no soltarte nunc.... Lo corto, no puedo seguir escuchando como esa mujer le habla así a Alexander mientras que la mía todavía no me ha preguntado si llegué. De hecho, estoy segura han roto todo el posible contacto conmigo porque a Derek le dejaron de llegar los mensajes después de que le escribí para que agregara mi nuevo número.
—¿Estás bien?—Pregunta, preocupado.
—Si—Miento, como siempre—. Es que mi hermana vio a una mujer nueva en la casa y se asustó.
Le para poco a mi historia, haciendo solo una seña de entendimiento y cambia el tema.
—Oye, hoy viene Elijah con su novia para que nademos un rato en la piscina climatizada. Si te quieres unir, pide en barbette un traje de baño y William pasará a buscarlo.
—Okay.
Salgo corriendo a encerrarme en mi cuarto, enviarle un mensaje a mi hermana e intentar respirar bien. Lo que más me hace odiar a Alexander, o lo único, porque realmente tiene todo lo bueno, es que tiene una familia feliz. Quizá Eric no lo logró, murió antes de lo planeado, pero todos se levantaron y siguieron fuertes y unidos, pese a todo. Yo jamás tendría eso, es más, estoy segura de que me muero y mis padres termina convirtiendo mi funeral en una fiesta. Chloé ni me lloraría, eso arruinaría su maquillaje y le crearía arrugas, lo sé porque me lo ha dicho. La conclusión es común, envidio a Alexander.
•ø•
Dispuesta a socializar un poco, pido un traje de baño en barbette junto a un conjunto playero transparente color azul eléctrico. Llega rápido, junto a unas cosas que pidió Alexander para mí. No lo guardé porque MarieLu me dijo que me lo organizaría por colores, yo asentí y decidí que me quedaría con el suéter, me gusta, me queda bien y Alexander de seguro tiene mil más.
El traje de baño es blanco, resalta mis pechos que son bastante grandes y aceptables para ser naturales. Se ciñe a mi cuerpo y me saca una cintura que realmente no tengo, tiene unos huecos en dorado que se unen a los costados como si estuviera trenzado. Encima coloco el conjunto, sencillo, que por detrás tiene una B con lentejuelas tornasol. Mis pies van desnudos.
—Cleo, ella es Ava—Alexander va sin camisa. Siempre está sin camisa. Que manía.
Todo este lugar parece un completo sauna, todas las paredes sacan humo y sudas. Es lindo, lo admito, decorado de madera por todos lados y piscinas que por las baldosas parecen negras.
—Cleo—Me extiende la mano—Un placer.
—Ava—Asiento, dándole un beso pero sin repetir lo que dijo, puesto a que sé es una mentira, esa sonrisa hipócrita la reconozco donde sea. Yo las uso todo el tiempo.
Ava y Elijah hacen una buena pareja, aunque ella parece muy malota para un chico con una cara tan dulce. Tiene el cabello n***o, una cara pequeña y definida, ojos normales, facciones flacas, todo su cuerpo en si es de modelo, plana por delante y por detrás. Zarcillos exagerados y dorados, un bikini rosado que combina con el de Elijah el cual es de rosas, de personalidad no sé mucho ya que estuvo acá solo unos minutos y después tuvo que partir. Elijah irá a llevarla por lo que la reunión llegó a su fin antes de lo planeado, estuvimos como una hora y algo.
No sé si la pasé bien o mal, fue sencillamente un día normal. Pero fui analítica.
Ava y Alexander se odian, bueno, él a ella, no creo que a esta le importe mucho. Elijah estuvo haciéndonos reír siempre con sus locas experiencias, como aquella vez que quería tomar el tren y terminó en Paris o como creía que moriría a los doce años en un avión por la turbulencia y besó a la mujer que tenía al lado porque el debía morir con por lo menos saber la sensación de tocar otros labios.
Alexander ríe, de manera elegante pero natural, no explota a carcajadas pero se nota la diversión. Estuvo todo el tiempo pendiente de que yo me sintiera cómoda, por razones obvias, una vez que entré al agua no salí nunca y este me molestaba diciéndome sirena y trayéndome limonadas o snacks que preparó MarieLu.
—Amor, ya estoy list....—¡Rayos! ¿Por qué estas cosas me pasan a mi, señor, por qué? A MarieLu no la desamparas haciéndome llegar a su vida pero a mi si, que injusto es el mundo. No me da tiempo de taparme, la puerta la abre Elijah que esperaba encontrar a Ava—. ¿Qué mierda, Cleo?
Estoy en el baño de la piscina, retocando los morados que llevo en mi piel, siempre traigo correctores conmigo por eso. El rosetón de mi cuello desapareció, sin embargo, llevo dos en los muslos y uno pequeño en los brazos, ya están pasando a ser amarillos y ese es su punto más feo, algunos todavía tienen la sangre coagulada o lo que sea que hace que tu piel se ponga prácticamente negra.
—Puedo explicarlo—Creo.
—¿Si?—Dobla sus hombros mientras con el píe mantiene la puerta entreabierta. Lleva ahora una chemise blanca y blue jeans rotos, zapatos de vestir y su abrigo en la mano. Que en la piscina haga calor no significa que afuera sea igual—. A ver, te escucho , aunque, mejor adivino, me dirás que no es lo que parece.
—Yo... no te tengo la confianza—Nadie mas lo sabe, solamente Lola y eso es porque mi conciencia tiene voz, bien triste.
—Cleo, yo soy abogado y....—No lo dejo terminar, le paso por al lado terminando de colocarme mi conjunto y subo, de fondo escucho las voces de los tres pero no me importa.
No me sirve que Elijah sea abogado, no lo hace en nada. Bruno tiene demasiado poder y sola no pienso meterme en esa guerra. He tenido demasiado disturbio y ahora solo quiero paz.
Abro el apartamento y me congelo al instante por el frío, así que subo corriendo.
—Mi niña ¿pasa algo? ¿Quieres algo?
—Felicidad—Respondo cerrando la puerta de golpe y a encerrarme para lo que mejor sé hacer, llorar.
Ya es parte de mi rutina, quedarme observando la pared mientras mis ojos se inundan de aquella agua salada que logra estremecerme. Algunas personas, dicen que llorar te hace saber que estás vivo, a mí solo me recuerda que estoy destrozada y que cada día me rompo mas, a veces me pregunto que es lo que queda de mí, la respuesta no varía:nada. Todos los que se me acercan me han jodido.
En momentos así me imagino estando en una familia feliz, como la de Alexander ahora que vivo por carne propia que si es real e imperfectamente perfecta. Me imagino en alguna playa, un hermano mayor diciéndome que estoy mostrando mucho, mamá ordenándole que se calle mientras me toma fotos que después subiré y papá diciéndome que estoy cada día más hermosa y grande, que está orgulloso. Palabras tan simples ante los oídos de los demás, quizá hasta insignificantes, lo que no saben, es que cuando jamás las has escuchado, se vuelven una necesidad y el no tenerlas, un punto crítico y decisivo.
Lastima que todo es eso, una ilusión. Mi padre no es Danilo, mi mamá menos que menos Celine, a Alexander no lo quiero como hermano y Eric está muerto, esta es mi realidad.
El llanto siempre viene con dolor de cabeza, que ya no molesta por la costumbre. Voy a la cocina a buscar algo en la cocina y noto que es de noche, las luces iluminan mi cara hinchada, la luna también. El pasillo está frío y estoy pesando seriamente en poner una nevera en mi cuarto para no pasar todos los días por esto, cuando escucho....
—¡No!—Grita tan fuerte, que, a pesar de que nos divide una puerta, lo oigo como si estuviera al lado de él—. Eric, no me dejes—¿Está llorando?. Sin pensarlo mucho, entro al cuarto y ni lo detallo, eso no me interesa—Tú me salvaste de Sabine, mereces vivir siempre feliz. No...—Se mueve como un animal enjaulado, está sudando a su vez y eso que el aire acondicionado está prendido—. De acuerdo... te lo prome...—Lo abrazo. Si alguien está acostumbrado a los malos sueños soy yo, de hecho, el insomnio es parte de mi día a día.
Ya las noches en vela no son sorpresa, tampoco el color oscuro debajo de mis ojos, vivo con eso y no lo controlo, llega un punto en el que te acostumbras. Alguna vez me dijeron que si alguien te acompaña y te abraza, todo eso se va, porque te sientes seguro y sabes que todo estará bien. Pues parece que las disomnias son reales, al mis brazos cubrir los empapados de Alexander, se calma.
—Todo estará bien—Susurro en su oído mientras le hago cariños en su mojado y rubio cabello.
—¿Lo prometes?—Pregunta volteándose y pegando su cuerpo al mío, sin abrir los ojos, nuestros pechos chocando, el de él desnudo. Sigue en el sueño profundo—¿No se repetirá lo de Sabine y tampoco lo de Eric?
—Lo prometo—Su cuerpo que antes temblaba, se relaja—. Duerme, estoy aquí—Lo abrazo con todo mi cuerpo, es lindo saber que si puedo hacer algo bueno por alguien, no sé si mis padres estarían orgullosos pero yo misma lo estoy de mí.
—No dejes de hacerme eso en mi pelo—Se queja y me pega más a él, no hablo más, si se despierta, esto no terminará bien porque parece demasiado íntimo.