IV: Construcciones y viajes

2382 Words
Capítulo cuatro Narración: Narrador «En el campamento híbrido...» El centauro estaba esperando en el porche, en su cuerpo original, al dios , el Señor T, como le decía en secreto. Todo estaba en absoluto silencio, las luces de las pocas cabañas de campistas que decidieron pasar aquí el resto del año, estaban apagadas. El susurro de las hojas al ser arrastradas por el aire, el canto de los grillos y el ulular de los búhos era una clara señal del silencio. Y así de repente, la espera y el silencio terminó. El dios había llegado, sus pasos parecían no tener sonido y su cuerpo divino estaba sintonizado con las sombras, haciéndolo ver más intimidante y tétrico de lo normal. —Quirón —saludó el dios. —Θάνατος —correspondió el centauro, prefiriendo llamarlo por su nombre en griego antiguo. El dios sonrió. Eso no se veía todos los días, seguramente. Es decir, ¿El dios que con tan sólo tocarte podría quitarte el alma, agotando tú energía vital, matándote al instante y sin remordimientos, sonriendo? Pero claro, cuando eres parte del mundo que parece estar lleno de fantasía irreal y seres mitológicos, ya nada podría sorprenderte, ¿o si? —Tenemos que hablar —dijo el dios, poniéndose serio de repente. El centauro asintió, puesto que ya lo estaba esperando hace tiempo. —Venga conmigo, por favor, el Señor D también lo espera —dijo el maestro. Dios y centauro caminaron a la casa de mármol blanco, pasaron el porche y llegaron a la sala donde un señor bajito, regordete y con una camisa hawaiana les dirigía una mirada aburrida los esperaba. —Un placer tenerlo aquí, señor T —saludó a regañadientes el dios del vino. Tánatos asintió y sonrió por el apodo casi igual que el de Dioniso. Dioses y centauro se sentaron en torno a la mesa circular y aguardaron a que alguno de ellos rompa el silencio. Finalmente, el centauro, Quirón, fue quien habló: —¿Qué lo trae al campamento, Señor Muerte? —pregunto con la misma cordialidad de siempre. El Señor D rodó los ojos. —Tengo algo importante que decirles. El centauro alzo las cejas y asintió, puesto que ya lo suponía. El dios del vino se limito a recostarse en el sofá. —Es un asunto delicado, del que no me siento nada orgulloso confesar hasta ahora, siendo sincero —continuo—. Pero no podía ocultarlo por más tiempo, es crucial que lo sepan porque necesitaré de su ayuda. —¿Podría especificar, por favor? —pregunto Quirón. Dioniso suspiro ante la expresión de su amigo. —Hace unos años, conocí a América, una semidiosa, ella iba a recitales de poesía, nos conocimos y comenzamos a frecuéntarnos. Nueve meses después nació una niña —explicó—. La niña no conoce nada de este mundo, excepto sobre la mitología, que una sátira hace que ella aprenda. Pero fuera de eso, ella no sabe que es una semidiosa ni su ascendencia. El dios del vino y el centauro analizaron sus palabras durante unos segundos. —Y usted quiere que ella venga aquí —adivinó el sabio de Quirón. —Sí, en este momento están preparándose para venir aquí. Pero usted, como bien sabe, no hay ninguna cabaña mía. Dioniso, que hasta ahora se había mantenido callado en la conversión, intervino de imprevisto: —Podríamos dejar que se acomode en una cabaña que se asemeje a la suya, mientras comenzamos con la construcción de la cabaña 21 —sugirió—. ¿Cuánto tiempo tardará en llegar? Quirón alzo las cejas, sorprendido. No esperaba que el despreocupado dios del vino quisiera ayudar. —En máximo, cuatro días. Esta en un internado, en Maspeth, Nueva York. Como ella y la sátira son nuevas en esto, supongo que tardaran en llegar —respondió. —Hmm, la cabaña estará lista en por lo menos diez días si no hay contratiempos —dijo con mirada pensativa el centauro—. Y el verano ya pronto inicia, siete días exactamente, así que entre los campistas que hay y llegan, podremos terminarla. —Excelente, Quirón, créeme que te lo agradezco —dijo Tánatos. —Entonces, ¿sólo tienes una hija? —pregunto de repente el dios del vino. El dios de la muerte se removió en su asiento, y el centauro lo miro con ojos abiertos. —Eh, bueno, pues si —respondió dubitativo—. Una verdadera hija, si. —¿Qué quiere decir? —pregunto Quirón, sorprendido. —Una vez le salve la vida a un niño mortal, podía ver a través de la niebla, así le conferí un poco de mi poder divino, y el niño se convirtió en un semidiós. El pobre tenía cáncer en los pulmones por inhalar tanto tabaco de su padre. Estaba muriéndose. Me apiade de él y lo veo como un hijo más. —¡¿QUÉ?! —exclamaron al unísono el dios del vino y el centauro. —Bueno, no podía dejar morir a un niño que todavía no debía morir —señalo con un encogimiento de hombros—. Su madre lo cuida, por que su padre lo abandonó poco después de que cumplió un año. Aunque no es que lo cuide lo mejor del todo, saben que los dioses no nos metemos en las vidas de nuestros hijos. —Eso quiere decir... ¿Que el niño vendrá también? ¿Qué edad tiene? —inquirió el centauro con verdadera curiosidad. —Si, vendrá. Y hace dos meses cumplió catorce años. —Y la niña, ¿qué edad tiene? —inquirió esta vez el dios del vino, por sorprendente que parezca. Parecía estar atando cabos. —Dieciséis. El niño también está en camino, sólo que llegara en dos semanas. Ya saben, después de las clases. —Mmm, de acuerdo. Los esperaremos —murmuró el dios del vino. Minutos después, el dios Tánatos se dirigió a la salida, con la seguridad de que sus hijos estarían a salvo. Eso es lo que más deseaba. —¿Crees que esa chica sea parte de la terrible profecía? Quirón suspiro con tristeza. —Quisiera creer que no, pensaba retirarme éste año. Estoy cansado de ver sufrir a mis pupilos. —Bueno, quizás tenga una muerte rápida. Quirón entrecerró sus ojos en la dirección del dios. —Bajo mi cuidado, ningún héroe mío morirá está vez. Y menos si es la chica de las profecías, es vital para la guerra. —No te olvides que si es lo suficientemente tonta para cegarse por el amor... El centauro le lanzó una mirada certera y dura. —El amor siempre ha sido motivo de guerra. ¿Qué más da si cae enamorada? No cambia que al final tendrá que hacer sacrificios. —Y esa parte de los sacrificios me preocupa. Solamente espero que no sea con ningún hijo mío... Puaj. Aquello le hizo gracia a Quirón. ✻ ✻ ✻ Tres días después Narración: Narrador —¡Eso! ¡Pongan más tablas ahí! —El azabache hijo de Poseidón estaba dando órdenes a los zombis—. Eh, colega, la antorcha debe ir colgada de ese lado. La hija de Atenea, Annabelle, les señalaba a algunos de sus hermanos un modelo de la casa que ella misma había dibujado con ayuda de Quirón. Mientras tanto el hijo de Júpiter, Jacob, ayudaba a unos hijos de Ares a colocar la puerta de madera de caoba. El hijo de Hefesto, Leonardo, guiaba a otros zombis y dos de sus hermanos, Lissa y Jade, a poner unas cuantas cosas que el había inventado para la comodidad de la cabaña 21, y aún no sabían para quien era. —Todo esta yendo mejor de lo que esperábamos, en verdad —comentó Terry—. Habíamos supuesto que sería complicado pero miren: va increíble, ¿No? Todos asintieron en acuerdo. —Sólo nos quedan tres días más y habremos terminado —convinó Pixer, que había estado adornando el patio con algunas hijas de Démeter. —¿Cuánto tardará en llegar? —pregunto Jacob. —Eh, al parecer esta cerca, según dijo Quirón, la tendremos aquí mañana en la tarde —se encogió de hombros Annabelle. Leonardo frunció el entrecejo. —¿De quién creen que es hija? —¿No es obvio? —respondió con otra pregunta la hija de Atenea. Todos las miraron sorprendidos y negaron con la cabeza. Ella suspiro exasperada. —Bueno, miren el aspecto de la casa tan... —¿Tétrico? —completo el hijo de Hefesto. Ella asintió. —¿A qué otra cabaña les recuerda? Terry alzo una ceja incrédulo. —¿Hades? Annabell sonrió. —Exacto, ¿no se hacen una idea? Pixer y Jacob hicieron una mueca, Terry negó con la cabeza y Leonardo se encogió de hombros. —Está claro, debe ser algún dios de la muerte, oscuridad algo así —dijo con exasperación. A decir verdad, ella tenía unas cuantas sugerencias, pero no una respuesta concreta y esperaba que sus amigos la ayudasen a decidirse por alguna. —Mientras no sea igual que Nico de silencioso y letal, todo bien —murmuró León. Todos le dirigieron una mirada de: «¿En serio?» —¿Perséfone? —sugirió el hijo de Poseidón para romper el incómodo silencio. Algunos lo consideraron. —Hum, bueno, la verdad es que Quirón nunca menciono cual era el padre divino así que...—lo dejo en el aire Leonardo. Annabell sacudió la cabeza. —Poco probable; no puede tener hijos semidioses. —¿Keres? —pregunto Jacob. Annabell asintió. —Podría ser. —De acuerdo, chicos, manos a la obra —exclamó Quirón que apareció de la nada y comenzó a dar palmadas—. ¡Sigan con lo que hacían! ¡Si! ¡Bien, nos quedan tres días más! ¡no pierdan el tiempo! Y todos volvieron a su trabajo dando la conversación por finalizada. ✻ ✻ ✻ Narración: Derecca Si pensábamos por un segundo que salir del internado sería pan comido, teniendo en cuenta que acabamos de matar a dos furias nosotras, dos completas novatas, estábamos equivocadas. Para empezar, tengamos en cuenta estos puntos: 1.- El gimnasio había presenciado un “ataque terrorista” (cosas que se inventan los mortales por la niebla, según dijo Adeline) 2.- Los prefectos estaban revisando los cuartos con sus respectivos ocupantes. 3.- Habían policías. 4.- Estoy pensando en esta. Nos tomo alrededor de dos horas salir de aquí, con maletas y todo. Nos habíamos cambiado de ropa, porque la que teníamos antes no era ni de lejos decente, si es que queríamos viajar hacia Long Island desapercibidas. Ella usaba unos jeans y una camiseta de lino azul junto a una gorra de Queens. ¿Quieres saber porque? Fácil; es una sátira. Y tenía unos cuernos pequeños en los cuales nunca había reparado por culpa de esa misma gorra y por su rizado cabello. Les contaré una pequeña historia que aprendí recién, charlando con Ade. Las hembras sátiro no existen. Así que le pregunté, obviamente: «¿Y tú?» así que me contó que en realidad ella era hija del fallecido dios Pan, dios de la naturaleza salvaje y de una ninfa espíritu del bosque (Una dríada en específico. Recordemos que hay muchos tipos de ninfas, quiénes son pequeñas diosas de la naturaleza). El caso es que su madre tenía su árbol envenenado —su fuerza vital— así que por poco perdía a Adeline. El dios hizo algo arriesgado: mandó a la ninfa al centro de la tierra fértil, al ser dominio de la deidad primordial Gaia la Madre Tierra, Adeline sobrevivió en el vientre de su madre. Cuando salieron de la tierra, ella había nacido sátira... La primera de su clase, un ser femenino de la naturaleza, la última criatura del dios de lo salvaje (creen que es por eso que ella pudo nacer sátira, el dios se salta las reglas). Yo, por el contrario tenían una historia de lo más básica. Mi padre sepa qué dios es y mi madre tuvieron una noche divertida y nací yo, fin. Como sea, por preferencia propia, tenía puesto unos jeans cortos ajustados negros, blusa con mangas color dorado y botas hasta las rodillas negras. Bueno, ¿Esta es una faceta que no conocían de mi, a que si? La verdad, es que hay muchas, muchas cosas que no conocen de mi. En fin, ahora, una hora después, estábamos en un autobús para hacer una parada en Brooklyn y de ahí llegar a Long Island, en donde estaba el campamento. Adeline se había quedado dormida nadamás nos sentamos, pero yo seguía sin poder dormir, sentía que no debía. Además, no era bueno que ambas estuviéramos dormidas, por cualquier cosa. Lo malo era que despierta tenia tiempo para pensar en todo esto. Y me refiero a TODO. Mi padre divino. Sabía, por cuenta propia, que mi madre era mi madre. Pero muy en el fondo sabia que Fred no era mi verdadero padre. No sé, llamalo percepción, pero también era por las obvias señales: 1.- Yo era de tez pálida: él era de tez canela y mi madre era de tez trigueña. 2.- Yo tengo los ojos grises: él los tiene azules al igual que mi madre. 3.- Yo tengo el cabello color n***o violeta: él tiene el cabello rubio y mi madre era castaña. Ellos eran una verdadera familia, mientras que yo sólo era una intrusa. Mi hermana adoptiva, Jessica, murió hace dos años, en un accidente automovilístico. Tenia doce años, yo catorce y mi hermano tenia siete. Para todos fue un golpe muy fuerte, porque en verdad la queríamos. La habían adoptado mis padres porque creyeron que ya no podían tener hijos y ella tenia tan sólo tres años, así que fue perfecto durante al menos, dos años. Hasta que mi hermano Theo nació. Con ella me sentía bien porque al igual que yo, no encajabamos en la familia. Pero murió, y Theo se convirtió en la atención vital de mis “padres” cuidándolo y mimándolo porque no querían que le pasase lo mismo, mientras que yo... Bueno, ¿me tocaba cuidarlo y ser dejada de lado, no? Así que cuando tenia un poco de atención de mis padres era ¡Si, baile de la victoria! Al menos por unos minutos. «¡Rayos! Deja de atormentarte, Derecca», me regañe a mi misma. No era sano. Además, en ese campamento encontraré hermanos, amigos... Gente como yo, ¿verdad? Tenía que hacer lo mejor posible para encajar y poder quedarme un tiempo allí, lejos de mi “perfecta” familia. Sólo debía esperar, y para que pase el tiempo lo mejor sería dormir. Y si tengo suerte, quizás conozca el amor.... Amor... Al pensar en esa palabra, unos ojos oscuros y un rostro desconocido aparecían en el fondo de mi mente. Así que cerré los ojos y luego de unos segundos, dormí. Sin saber muy bien quién sería la persona de mis sueños...
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