Daniel , la vio pasar, pero no le dijo nada, simplemente la siguió con la mirada hasta que la perdio de vista, y luego siguió en lo suyo.
El quería por lo menos tener una conversación decente con ella, pero el orgullo le ganaba aparte de que ella hacía que él explotara en rabia en cuestiones de segundos, entonces pensó que lo mejor era seguir así, para evitar más problemas y confrontaciones, se fue a su habitación, mientras se duchaba veía su cicatriz, que no eran solamente en su rostro también se extendían en su brazo y torso derecho, él tragaba grueso al verse en el espejo.
Pensaba que ninguna mujer le vería como agradable o como un hombre guapo, el ver la seguridad, belleza y determinación de Lía en tan solo un día lo había hecho flaquear, lo había hecho cuestionarse nuevamente su físico y su autoestima estaba bajando, se sentía pésimo así que decidió mejor mantener distancia con ella.
Desde mismo momento que la vio a los ojos algo en ella le había gustado, pero era mejor no acercarse, no enamorarse y esperar el tiempo necesario para que ella devolviera su dinero y divorciarse, ya después de eso él buscaría otra estrategia, buscaría otra manera de conseguirse una esposa o una mujer que lo amara por quien era y no por lo que tenía, Daniel era un hombre muy guapo y a pesar de su cicatriz muchas mujeres lo buscaban, solo que eran unas interesadas y él lograba identificarlas a kilómetros, con Lía era diferente, ella no necesitaba ni quería su dinero, ni siquiera había planeado esa boda, ni siquiera quería fama ya ella lo tenía antes de casarse con él, lo único que hizo que Daniel sonriera esa noche antes de dormir era recordar como Lía se había nombrado "Señora Blanchard" ante el representante de la otra empresa, le agradó bastante que ella defendiera su estado civil.
En la habitación, Lía se despierta exaltada nuevamente a las 5:00 horas.
— Otra vez esta horrible pesadilla, hasta cuando, ya quiero otra alarma Dios, siempre a la misma hora. Es terrible despertar de esta manera siento que mi corazón se va a salir, me cuesta mucho recomponerme, mi estrategia es bañarme con agua muy fría eso me despierta hasta el último suspiro que tenga guardado, después de esa ducha hago mi rutina de siempre, coloco mi ropa y zapatos altos me maquillo y peino y salgo en busca de mi chófer, pero no está, son las 6:30 horas y yo estoy sola en este enorme salón miro a todos lados detallo la mansión cosa que no había hecho antes y es muy hermosa y hasta más lujosa que la mía y ni siquiera sé donde queda cada cosa aquí, comienzo a caminar y ver los bellos detalles que hay en el piso y techos y llego a la entrada de la cocina, bueno no se me ocurre otra cosa que entrar y saludar porque aquí si hay personal trabajando por que escucho sus voces y risas, no entiendo por qué hay tanta gente si solo somos Daniel y yo, bueno sabrá él sus cosas.
— Buenos días, quien me regala un café por favor. Digo a manera de juego para que no me vean como una loca extraña que se encerró por tres meses, que le grita al dueño de esta mansión y que ni siquiera se ha presentado a todo el personal y entra de repente a las seis de la mañana, hasta ahora solo conozco a Tere y a Julián de nombre porque aún no le he visto bien el rostro, todos se quedan en silencio y tragan grueso, yo me quedo de pie mirándolos, una de las chicas es la que se atreve a hablar.
— Buen día, señora Blanchard, ¿como le gusta el café?, por favor tome asiento.
Había un mesón grande y estaban varios hombres de traje n***o y otras personas, ellos estaban desayunando, pero hicieron mención de levantarse cuando Lía se iba a sentar.
— No sé preocupen, quédense y desayunen tranquilos solo quiero un café para esperar a mi chófer que no está en la entrada— dice mientras coloca sus cosas sobre una silla y yo se sienta en otra.
— Disculpe señora Blanchard , mañana estaré más temprano si usted lo desea— habla el caballero al final de la mesa.
— Ahhhh tú eres Julián, la verdad es que ayer no te vi bien el rostro, mucho gusto—se presenta sonriendo—sé que es muy temprano, pero tengo mucho trabajo y quería llegar lo más temprano posible, pero tranquilo no pasa nada, ayer no te avisé que hoy quería llegar temprano.
Luego un caballero de voz gruesa se levanta y se presenta.
— Buenos días, señora Blanchard , yo soy Patrick ludok, el jefe de seguridad como verá este es el grupo que estará de guardia hoy, es un placer conocerla, estamos a sus órdenes.
luego la muchacha de servicio se acerca le trae el café y pregunta.
— ¿Con azúcar señora?.
— No, gracias lo prefiero sin azúcar,.
le dice recibiendo la taza y mirándolos a todos que todavía se les veía la cara de asombro y sus comidas intactas dudaban si seguir comiendo o levantarse, ella tomo un sorbo del café que le pareció delicioso y luego les dijo.
— La mal educada soy yo, ¡disculpen! yo soy Lía Thiago, bueno ahora Lía Blanchard , disculpen que los haya interrumpido en su desayuno no fue mi intensión incomodarlos.
— No, nos incomoda señora es un gusto poder conocerla y atenderla, yo soy Linda, ella es Marlene y belkis, estamos encargadas de la cocina y marielys, liset, Carmen y Mariangel encargadas de la limpieza, Jacobo es el jardinero y ya conoció a los chicos de seguridad.
Dijo la muchacha que desde ya le cayó bien además que ahora sabe que fue ella quien arregló sus atuendos.
— Mucho gusto y espero que nos llevemos bien— Les dice Lia y ellos cambian un poco su semblante mientras siguen comiendo y ella comienzo a revisar el teléfono.
— ¡Huele delicioso!—dice Lía mirando hacia las ollas.
— Señora si quiere le sirvo para que desayune, todo es muy sano y sabroso— La chica sonríe y Lía no se puedo negar.
— Esta bien, acepto el desayuno— le dice con una sonrisa.
Ella era muy buena memorizando los nombres así que no se les olvidaría. Aunque fue corto el tiempo con el personal de la mansión le agradó mucho compartir este desayuno con ellos, le parecieron que son personas muy amigables, educadas, responsables y sobre todo muy profesionales.
Aunque no estaba planificado esto, todo salió de maravilla ya conocia las caras del personal ahora solo falta leer sus historiales, hoy mismo comenzaria la investigación, ya no pondría excusa.
Salio de la cocina con Julián, quien la ayudó con algunas carpetas cuando iban saliendo se encontraron con Daniel, muy serio, Julián lo saluda, pero Lía simplemente, siguió caminando hacia la puerta de la salida, llego al auto y posterior Julián quien puso en marcha el auto hacia la empresa.