Servicio

2272 Words
Después de mi registro, se me colocó una pulsera que me identificaba como parte del servicio de Viviana, de modo que como no usaba ningún tipo de uniforme, por suerte, esa era otra manera de identificarme. De igual modo no pretendía salir de aquí a ningún lado. ¡Jamás! Llegamos al recinto de los dormitorios, allí organicé todas las cosas de Viviana en la enorme habitación que teníamos, era como una casa, de hecho, era, por mucho, más grande que la casa de mis padres, tenía mi propia habitación y era bastante amplia. Al menos había algo bueno en todo esto. Unas chicas habían tocado a la puerta hace un rato para presentarse, de paso invitar a Viviana a una fiesta, misma que ella me pidió que la acompañara, pero me negué. ¿Ir a una fiesta el primer día que llegábamos? Ni loca. Ni ahora, ni después. Me asustaba que Viviana no se diera cuenta de mi situación aquí, se olvidaba mi lugar, yo no formaba parte de ellos por más que Vivi me quisiera integrar. Aquello solo significaba peligro, y más cuando Viviana encontrara a alguien de su interés y me dejara tirada. Ya sabía que era capaz de hacer eso, ¿cómo iba a fiarme de ir con ella a un lugar si luego se olvidaba de mí? —¿Estás segura, Lois? Podría ser interesante—intentaba persuadirme. No lo iba a lograr, no esta vez. —Ve, diviértete, seguro que encuentras a personas con las que vas a compartir de ahora en adelante. Y así fue. Después de esa fiesta muchas cosas fueron cambiando por aquí, en cuestión de días. Me costó abrir los ojos, callar y no decir nada. Lo malo de todo era que Vivi se iba transformando en otra persona. Las charlas eran cada vez más escasas entre nosotras dos, las visitas eran muchas, los chicos que entraban y salían de su habitación, mientras yo solo me convertí en alguien del servicio, escondida en una habitación, refugiaba del mundo exterior. Era la Omega del servicio de Viviana, así me llamaban sus invitados, una pequeña atracción que Vivi tenía para quienes llegaba a su casa. Algunas noches me acostaba llorando de manera silenciosa cuando Viviana se quedaba a dormir fuera, casi no dormía porque si ella no estaba aquí yo estaba llena de miedo, miedo de que alguien entrara. El espacio se había reducido mucho porque ella no dejaba de comprar cosas, ahora mi armario era el suyo y usaba también mis espacios, en mi habitación tenía de todo, hasta el punto de que ya parecía suya. Lo mío estaba en una esquina, sin un lugar donde estar, al igual que yo. Necesitaba tomar la luz del sol, estirar las piernas, correr un poco…o hablar con alguien. No quería llamar a mis padres, porque ellos notarían el agobio en mi voz y no deseaba preocuparlos. Tenía que aguantar. Solo había pasado una semana y media desde que estábamos aquí. Pero eso bastó para que Viviana se diera cuenta que ser la hija de un Alfa no la hacía especial, porque aquí todos, o casi todos, venían de muy buenas familias, populares manadas, ciudades enormes o buenas referencias, aquí solo estaban los mejores, los más adinerados, los más populares, entonces ella se estaba convirtiendo en una más, causando que los cambios en su personalidad fueran muy fuertes. Viviana necesitaba destacar y si no lo hacía…algo malo pasaba. Extrañamente no sucedían las cosas que ella quería, Viviana siempre obtenía lo que quería y parece que eso no estaba pasando, porque la veía un poco frustrada, irritada. Escuché el vaso caer en la cocina y salí corriendo hacia allí, buscando el recogedor y la escoba, alcancé a limpiar todo antes de que ella lo hiciera, percatándome que estaba con una chica, a esta pocas veces la veía por aquí, era silenciosa, no sabía su nombre, pero siempre olía a lavanda. —Viviana dice que conoces a Emmanuel—se dirigía hacia mí, aquel nombre erizó mi piel, trayendo a mí los recuerdos de aquella noche, mi primera vez con Emmanuel—. Dime cosas de él. ¿Qué le contara cosas de él? —Solo lo vi una vez—dije en voz baja, mirando a Viviana que me instaba a hablarle sobre Emmanuel a aquella mujer. ¿Qué le iba a decir? ¿Que le tocó la parte delantera? ¿Que sus besos eran como fuego o que sus manos eran muy inquietas? ¿Le iba a contar que parecía muy brusco, pero que en realidad era el más cuidadoso de los dos? ¿Que bailó toda una noche pegado a mi trasero o que le tocaba mi seno izquierdo? ¿Le contaba del cambio de su voz que lo diferenciaba de su hermano cuando tenía ese tono sensual o cómo erizaba mi cuerpo al susurrarme? O incluso ahora, cómo me traía nerviosa solo con sus recuerdos. No, seguro que ellas no querían saber cómo una simple Omega perdió su virginidad y toda la vergüenza con esos dos Alfas. —Vamos, Lois. Dile algo. ¿Estás bien? Te has puesto pálida. —Lo siento.—Los recuerdos me sentaban muy bien, pero también hacían que los extrañara. No los había visto de nuevo y creo que jamás lo haría, no encerrada en estas cuatro paredes y con miedo de salir. Seguro que ya se habían olvidado de mí. Otra ya debió ocupar mi lugar en medio de ellos dos—. La interacción fue muy poca, ni siquiera logré diferenciarlos.—Intenté mentir siendo muy convincente—. No podría decirte cuál era Emmanuel.—Tomé las cosas y las eché a la basura, luego me retiré a mi habitación. No pretendía darle detalles a esa chica. Minutos más tarde, cuando su amiga se fue, Viviana entró a la habitación. —Lois, ¿por qué fuiste tan grosera?—preguntó, frunciendo el ceño como si yo hice algo malo. —¿Grosera? Pero si no le dije nada. —¡Exacto! ¡No le dijiste nada! Y claro que fueron más que palabras, interactuaste mucho con ellos, toda una noche y una mañana, al menos debiste decirle qué le gusta desayunar, si ronca o usa perfume, si ríe o es callado, ese tipo de cosas pudiste haber notado aquella noche o esa mañana. ¡Pasaste horas con ellos! ¡Fuiste a una fiesta con ellos! Algo sabes, pero justo hoy decides no decir nada, ¿no? Parece como si intentas desafiarme. ¿Desafiarla? ¡Para nada! ¡¿Con qué fuerzas?! Es que estuve muy ocupada, o ellos estuvieron muy ocupados conmigo. Los detalles que podía darle ella no los iba a querer. Además, no quería compartir nada de lo que sabía de ellos, era mi información, solo mía. Mi experiencia con ellos no se la confiaría a nadie. —Ya no recuerdo ningún detalle.—Mi cuerpo recordaba cada cosa, cada roce con sus lenguas, los besos, el olor de uno, el sabor de otro. Los gemidos, los tiempos entre uno y otro, con los dos, sus caricias, la sensación que causaba cada uno en mi cuerpo, mis pensamientos en ese momento, no me perdí de nada. Atesoré todo—. Lamento no poder ayudarla. Lo siento. Ella se cruzó de brazos y abrió la puerta. —La próxima vez no seas tan grosera con mis invitados—me regañó, pero yo seguía sin ver en qué parte ofendí a esa chica—. Estuvo fuera de lugar. Saldré a la biblioteca y luego tenemos que hablar. Hablar. Eso no sonó bien. ¿Ahora qué había hecho yo mal? Fui a su habitación para recoger todo lo que tenía al pie de la cama, en el sofá o en el baño, luego de eso comencé a preparar la cena, mi madre me hizo una llamada y nuevamente yo la ignoré, enviándole un mensaje de texto para calmarlos. “Lo siento, ando algo ocupada, mamá. Les envío muchos besos. Hablamos en otro momento.” “Lois, queda poco para la siguiente transfusión, ¿han gestionado todo? ¿Qué te ha dicho Viviana?” Me respondió ella, recordándome lo obvio. Era importante. Ahora lo hablaría con Viviana, había intentado sacar el tema en muchas ocasiones, pero ella andaba siempre ocupada, sin tiempo para hablar sobre eso. Pero los días se acercaban, quedaban diez días para la siguiente transfusión. Esperé en mi habitación hasta que la escuché llegar. Salí de allí para poner la mesa, pero Viviana me detuvo, traía dinero en su mano, una bolsa vacía y una maleta. ¿Una maleta? ¿Y para qué era ese dinero? —La cena está lista, ¿no la quieres ahora? —Hablemos primero, Lois—tomó mi mano, llevándome al salón—. Escucha, sé que muchas cosas son diferentes aquí, Lois.—Y solo habían pasado diez días, tan solo eso y todo había cambiado—. Y yo también quiero hacer algunos cambios. No está saliendo como yo pensé el traerte aquí y ambas lo sabemos. Las cosas son totalmente diferentes a la otra universidad y muchas son muy nuevas para mí, también me cuesta adaptarme. En resumen, no te necesito—no me necesitaba. ¿Qué quería decir eso?—Es que…No puedo tenerte como sirviente y considerarte mi amiga, ni puedes ser mi amiga y considerar que no te trate como para lo que viniste hacer. Hay una línea que no quiero cruzar y sé que tú tampoco quieres que lo haga, eso terminaría con nuestra amistad y nos dejaría con una sola postura. Tú la omega, yo la Alfa y nunca nos hemos querido ver de ese modo, Lois. La solución es que regreses.—Suspiré desesperada, sentía picor en todo el cuerpo, en mis piernas, en la cabeza, en las manos, pero las lágrimas no salían. ¿Cómo iba a regresar…si la transfusión estaba tan cerca? ¿Cómo…iba a volver justo ahora?—. En esta maleta puedes empacar tus cosas, este es el dinero para tu regreso, Lois. Ya lo hablé con mi padre, le dije que no te necesitaba, que no hacía falta tu presencia aquí y él estuvo de acuerdo, después de todo fui yo quien lo convencí. Me dijeron que un tren salía en dos horas, así…quizás tengas tiempo de irte hoy.—¡¿Hoy?! ¿Todo así con tanta prisa?— .Es de noche, pero no está lejos de aquí—me atrajo hacia ella, empujando mi mano, ahora me abrazaba—. Lo siento. Desearía que las cosas fueran más fáciles, te juro que sí, pero no lo son. —Descuida, sé que tu intención fue muy buena, Viviana. Y esta semana ha sido estupenda. Entonces…empacaré cuanto antes, no quiero perder el tren.—Tomé el dinero que ella me daba, sabiendo que era más de lo que podía costar un billete de regreso, pero mucho menos de lo que costaba mi sangre. Esto no bastaba para nada, a mi regreso el Alfa Joseph no pagaría mi sangre, solo lo haría si yo estaba aquí, con Viviana. ¿Ahora qué haría? Lo primero era avisar a mis padres, pero…me sentía avergonzada, quise sentirme libre e independiente, emprender una aventura, pese a que ellos no querían que me marchara y ahora regresaba, con poco tiempo para la siguiente transfusión y llevándole a ellos este terrible problema. Sé que no tenían el dinero. Comencé a empacar, haciéndolo más rápido de lo que pensé, de todos modos, la habitación estaba llena de cosas, pero no mías. —Estoy lista. Dame las indicaciones por favor. —Tienes que salir de todo el recinto universitario, tomas la calle principal y desde ahí ya están las indicaciones para llegar. Te será fácil. Me despedí de Viviana, culminando este viaje tan corto a su lado. Salí del edificio y comencé a caminar. ¿El problema? Todo esto era parte del campus, estaba lleno de ellos, en plena noche, yendo de un lado a otro. Caminaba muy deprisa, arrastrando mi maleta, sujetando mi bolso, las ruedas hacían un sonido grave de lo rápido que iba, en conjunto con mis pisadas. La salida de este lugar parecía cada vez más lejana y mis ganas de correr solo iban en aumento. —Detente—alguien habló detrás de mí, como si yo fuera a detenerme. Comencé a correr, mi maleta ya dejó de arrastrarse y ahora yo cargaba con su peso, directo a la maldita salida que no llegaba, solo parecía más lejos. Las pisadas sonaban fuertes, cercas y luego…caí de espalda cuando tiraron de la coleta que llevaba en mi cabello. ¡Mierda! —Dijeron que había una Omega en el recinto, pero…nunca la llegamos a ver, decían que era parte del servicio personal de una pequeña Alfa. ¡Pero aquí está! Y parece que la han despedido—movió mi cabello, esparciéndolo por todos lados, dificultando mi vista—. ¿Y si nos sirves a nosotros? —¡No me toques! —quité su mano que bajaba por mi rostro, logrando que me golpeara en la cara por gritarle, agaché la mirada por el dolor en mi mejilla derecha—. Por favor…solo voy de salida.—Eran tres, pude ver a uno tomar mi maleta, el otro desprendió mi bolso de mi brazo y este otro tiraba de mi cabello, hasta hacerme poner de pie, pasando una mano por mi hombro y comenzando a caminar. —Ya no, esta noche nos ofrecerás un servicio. ¿Qué te parece? ¿Qué sabes hacer? Espero que muchas cosas ricas. Debes ofrecer un buen servicio.
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