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1036 Words
Cada vez se hacía peor hacerme a la idea. No encontraba el modo de hacerle frente y hacer que doliese menos. Tampoco sabía cómo levantarme de la cama y mirar a mis hijos. Sabía todo lo que ésto los afectaría. Tenía miedo de todo y de todos, como nunca antes había tenido. Lloré en silencio muchas veces, me negaba a toda la situación que estaba viviendo. Se hacía irreal y asqueroso imaginarme los hechos que ahora tenía ante la cara. Había sido mi novia, mi esposa, y el amor de mi vida. No esperaba que los planes y el destino finalmente me sacaran en cara las consecuencias de ir en su contra. Haber forzado al destino en su príncipe había sido arriesgado, pero una vez hecho, pensé que estaría a nuestro favor. Los opuestos se atraían, pero con el tiempo, se desgastaban. Yo decía frío, ella decía calor. Dos mundos chocando a punto de hacer explosión. Pero como no ir en contra del mundo entero y del destino, si haberla conocido había sido lo mejor que me había sucedido. Lo recordaba con exactitud y eso ponía mi corazón a saltar de alegría. Porque no solo lo recordaba, revivía aquella situación que logré estar con la mujer que más amaba. FLASHBACK El tiempo me llevó a ir en busca de aquella chica que era casi perfecta, y que tenía algo muy valioso mío, mi suéter favorito. Aquello último realmente se volvía una excusa para el fin que quería, volver a verle. Cruzaba los dedos y me llenaba de miedos con tal de volver a verla. Quería pedir disculpas y reír por aquel incómodo momento que habíamos pasado. Pero también quería verla para tener el valor de pedirle una cita. Fue así que luego de largas conversaciones y de volver a verla, tuve el valor de hacerlo. —Hola Aída.—Le dije mientras la encontraba caminando por la calle. Pero no, no era una casualidad. La había perseguido durante varias cuadras intentando tener el valor de hablarle. Ella me miró y sonrió.—Hola Patric, qué casualidad.—Dijo tomando con fuerza su mochila. —Tranquila,—le dije observando su bolso.—No vengo a robarte.—Dije algo nervioso. Ella solo rió y pasó un poco de cabello tras su oreja. Era sutil, delicada y algo tierna. Media siempre sus palabras y buscaba el modo de lucir perfecta ante todos. —Estás muy linda hoy.—Dije algo nervioso. Mis manos temblaban y moría del miedo. Sentía que lo estaba arruinando y que me estrellaría en la cara que me alejase de ella. Ella una vez más sonrió y vi como su mirada se iluminaba. Quizás estaba haciendo las cosas bien.—Gracias, Patric.—Fue lo único que dijo. Tenía que actuar rápido antes que dijese que debía marcharse. Estaba robándole el tiempo en vano y no era capaz de hacerle frente a la situación y decirle lo que venía a decir. —Yo... he... Quería hablar contigo sobre... ya sabes... salir.—Balbuceé algo nervioso. Ella solo me miró y rió con sutileza. —¿Dices salir conmigo?—Preguntó aún entre risas. Yo solo asentí y la observé.—Bien Patric, acepto tu salida. Solo sí prometes no estar tan nervioso como lo estás ahora.—Dijo sonriente. Ella era perfecta, segura de si misma y justo lo que necesitaba en mi vida. Ella tenía tenacidad, valentía y nunca tenía miedo de nadie. Reí de manera nerviosa y asentí.—Sí Aida, prometo no estar nervioso.—Dije jugando con mis manos. Ella rió una vez más y golpeó mi hombro con sutileza. Ahora caminaba en silencio y yo la veía a la distancia. Ella era perfecta, me repetía en mi mente una y mil veces. De un momento a otro se detuvo en seco y giró a mirarme confundida. —¿Qué esperas, Patric? ¿Te quedarás parado allí todo el día?—Preguntó al verme inmóvil y mucho más detrás de ella. Y entendí. Quería que caminase junto a ella. Corrí rápidamente hasta quedar a su lado, mientras en silencio la observaba.—Lo siento.—Susurré con miedo. No quería hablar demás y arruinarlo. Ella solo reía a lo bajo y miraba el camino con cautela en cada paso que dábamos. Así pasaron los días, muchas veces la acompañaba en su caminata silenciosa. Sin hablar mucho y ocultando mi nerviosismo. Era afortunado y aún no lo podía creer. Los chicos bromeaban conmigo y se negaban a la idea.—Es imposible que estés saliendo con ella.—Decían siempre. Pero no mentía, la chica más linda de la ciudad estaba aceptando salir conmigo y no era ni un poco cruel. Poco después llegaría nuestra primera cita, más que nerviosismo, estaba realmente preocupado. Aída venía de una familia adinerada dónde lo tuvo todo sin pedirlo; y yo había trabajado a mi corta edad para tener lo poco que tenía. Había reunido durante días para poder salir con ella y con todo y eso, sentía que no era suficiente. Tenía un par de billetes en mi bolsillo, iríamos al cine y solo tenía para la película y un par de cotufas. Tenía miedo, tenía vergüenza. Pero estaba seguro que no quería mentir sobre lo que era y sobre lo que tenía. Porque todo lo poco que tenía, lo tenía con el sudor de mi frente y eso realmente me llenaba de orgullo. Algo que sí tuve presente siempre y que nunca cambiaría, sería mi propia versión. No alteraría ni mentiría sobre quién era para acercarme a ella. Si alguna vez lograba enamorar a aquella hermosa chica, lo haría siendo ese Patric que por ahora, tenía un par de billetes en el bolsillo, pero esperaba darle luego, la vida que merecía. Solo necesitaba tiempo, apoyo y una palabra de aliento que me dijese que no me rindiera. Pero siempre estaban esos miedos. Una primera cita que podía terminar muy mal por escasez de dinero. Porque ya lo había vivido antes; y ya se habían burlado en mi rostro por no tener un poco más de dinero. Pero ella era diferente, en el fondo sabía que finalmente con ella sí resultaría. FIN FLASHBACK.
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