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2135 Words
Unas horas después un pitido me volvió a despertar. Iba a meter los pitidos a la tripulación del avión por donde le entraran porque eran lo más molesto del mundo. —Ahora si que hemos llegado—susurro Jayden. Abrí  un ojo y le mire, viendo que estaba muy cerca de mi cara. —Aléjate de mi cara—le dije molesta. Él me miro, pero se alejo de mi, y se sentó bien cosa que yo hice lo mismo. —Mejor—dije. El avión aterrizo, cosa que ni voy a molestarme en explicar como fue porque fue entre estresante y aburrido, por lo que lo más interesante que podría contar era que un bebe lloro. Bajamos del avión y cogimos las maletas, en esos típicos carritos. Y cuando salimos de la zona en la que solo estaban los pasajeros, llegamos a la zona en la que la gente se juntaban con sus seres queridos, pero nosotros no teníamos nada a quien esperar pero para mi sorpresa, un señor estaba con un cartel buscándonos. —¿Quién es ese?—pregunte señalando al hombre. No era que tuviera un cartel con nuestros nombres sino que ponía los australianos, cosa que me parecía muy mal pero bueno no iba a  matarle, aunque podría ser así. —Acerquémonos y veamos—dijo Liam y se acerco al señor. Me senté en el carrito donde iban las maletas mientras que Dalton tiraba de este, me daba pereza andar, no por el hecho de que llevara horas sentada y tuviera el culo torcido sino porque me daba pereza en general el andar. —Buenos días—le saludo Liam. El señor nos miro. —¿Sois los australianos?—nos pregunto. —No se—comente—¿No ve que somos siete jóvenes que salimos del vuelo de Australia?—le pregunte. Emma me miro. —Cállate—me mando Noah. Le mire mal porque ese idiota me mandara callar pero decidí no decir nada. —Soy el profesor Smith—comento el señor y le mire—Seré el profesor responsable de  su educación antes de entrar a la academia Lincon—comento. Le mire. —¿Va vivir con nosotros?—le pregunte. Él me miro. —No—le dije y le mire—Vais a vivir solos, y espero que no hagáis mucho gáleo— comento. Le mire. ¿Nos iban a dejar vivir solos? ¿Íbamos a vivir en otro país donde podíamos conducir sin vigilancia de un adulto y seguramente donde podríamos conseguir lo que quisiéramos hacer? Enserio, podíamos ser el futuro del mundo, pero no entendía porque nos daban tanta confianza, en nosotros que seguíamos siendo unos adolescentes idiotas. —Os llevare a vuestra casa—comento. Todos le miramos. —Perfecto—dijo Jayden que agarro el segundo carro y tiro de él a fuera del aeropuerto, y Dalton le siguió llevándome a mi con el carro. Salimos del aeropuerto y el profesor nos llevo a una furgoneta, donde los chicos metieron las maletas, yo arrastre a las chicas a sentarnos en la parte de atrás de la furgoneta. No era que no quisiera ayudar, pero es que me daba una pereza enorme todo, y no quería que mis amigas me dejaran sola mientras yo me aburría. —Deberíamos ayudar—comento Emma. La mire. —No, debemos descansar—dije tranquila y las dos me miraron. —Luego dirán que las mujeres solo servimos para cocinar y no hacer nada más—se quejo Skyler mirando su móvil. Saque mi teléfono y envié un mensaje a mis padres de que había llegado bien, pero les envié un mensaje para que no me llamaran porque no me apetecía hablar. —Por favor—me queje—No es cuestión de ser mujer u hombre, sino de pereza—me queje. Mis amigas me miraron. Negué bruscamente con mi cabeza. —¿Estás bien?—me pregunto Liam acercándose a la puerta de alado mía. Le mire. —Si—dije sin dudarlo. Mire adelante, por mucho que dijera que estaba bien no me estaba sintiendo bien, me dolía la cabeza y me sentía cansada a pesar de haber dormido todo el viaje. Mi primo me miro pero no dijo nada. Los chicos entraron, dejando a Jayden y el profesor delante y los demás atrás. —Espero que os guste la cuidad—comento el profesor. Lo que había visto no me gustaba, era como cualquier otra ciudad del mundo sin nada en especial y no entendía porque la gente le daba tanta importancia a esta ciudad, —De momento no podemos decir mucho, pero le diremos algo cuando la exploremos—comento Jayden. El profesor condujo tranquilo, y a diferencia de en Australia, aquí se conducía por la izquierda cosa que me daba mucha ansiedad. ¿Por que los paises son tan raros? Tanto les cuesta llegar a un acuerdo de conducir todos por el mismo lado o que todo fuera igual en todas partes, podía comprender la diferencia horaria o diferencia de estaciones por el sol pero lo demás no lo entendía. —Seré su profesor y tutor legal—comento el profesor—Al menos seré su profesor en esta primera etapa, luego mi mujer les dará clases en la academia—añadió. Le mire. —¿De que nos darán clase?—pregunto Jayden antes de que a mi me diera tiempo a pregunta. No sabía si molestarme porque no me dejara preguntar o estar feliz porque preguntara él y yo no tuviera que relacionarme con el profesor. Por mucho que fuera la mejor alumna del mundo, no me gustaba relacionarme más de lo necesario con los profesores. Para ser sincera, no me gustaba hacerlo con nadie. Odiaba a la gente y el contacto humano, las relaciones me parecían lo más innecesario del mundo pero  entendía porque la gente quería tener amistades, era la necesidad de no sentirse sola, esa necesidad de sentir que había personas como tu en el mundo que te apoyaban y estaban a tu lado pero yo era única por lo que por mucho que tuviera tres amigos brillantes, ninguno era la mitad de inteligente de lo que yo lo era, era imposible que hubiera rival para mi. —Historia—dijo y todos pudimos oír como Liam se quejaba, ya que mi primo odiaba las letras. —Pensaba que el sistema americano dejaba a los alumnos elegir sus asignaturas—comento Liam. Era verdad que en cada pais, el sistema educativo era diferente y eso era otra cosa que me molestaba demasiado. De la forma en la que estaba estructurado el mundo, por mucho que hubiera facilidades para estudiar en otros paises, el nivel no era el mismo, ni lo que se daba por lo que en ocasiones los títulos no eran compatibles, pero es que eso no pasaba de continente en continente en el mismo también pasaba, sino solo había que ver a los muchos latinoamericanos que al ir a estados unidos, incluso con con carreras medicas trabajan en la construcción y no porque no tuvieran oportunidades sino porque no les convalidaban los títulos por alguna estúpida razón. Esa era otra de las mil millones razones por las que odiaba al mundo. —Aunque mañana os daré unos papeles para que elijáis asignaturas, historia es obligatoria—comento el profesor. —¿Nos contaran la historia de verdad o la alterada?—le pregunte. Sin dudarlo Emma me pego un codazo y la mire. —Jovencita, la historia la escriben los ganadores—me aviso el profesor. —Si, como la guerra de Vietnam que ganaron ¿no?—le pregunte. El profesor río y me miro por el espejo retrovisor. —Usted debe ser la señorita Taylor—comento y le mire. —Nadia—le dije mi nombre. No me importaba que me llamaran por mi apellido, pero a las personas que iban a marcar la historia de las debía recordar por su nombre y apellido. —Nos avisaron que era una mujer con carácter—comento el profesor. —No se imagina cuanto—susurro Jayden. El profesor le escucho y río, y yo también le escuche por lo que le fui a pegar una patada al asiento, pero parece que él vio mi jugada y estiro sus brazos por detrás del asiento y me agarro las piernas. Me tense. Odiaba que la gente me tocara, no entendía porque la gente debía tocar a la gente para sentirla cerca. Intente soltarme pero ´le me ganaba en fuerza por lo que no pude hacer nada. Cerré mis ojos e intente calmarme mientras mi mente me repetía que le matara. Uno. Dos. Tres. Intente concentrarme en contar mientras respiraba pero sentir su tacto en mis piernas aunque el pantalón lo separara me ponía nerviosa, me hacía sentirme frágil y cerca de él cosa que no me gustaba. —Hemos llegado—dijo el profesor cuando paro el coche. Abrí mis ojos para ver que estábamos en una calle residencial de esas de película en la que todas las familias intentaban ser perfectas pero dentro de sus casas algo iba siempre mal. Jayden me soltó las piernas y salí sin dudarlo. No salí corriendo no quería darle pistas de mis debilidades, era algo que siempre tenía claro, jamás debía enseñar mis debilidades por mucho que me dolieran. Mire a la casa. Era una casa blanca con ventanas negras, era claramente una de esas casas con gran porche típica del siglo pasado pero había pasado por reformas, por fuera mantenía esa esencia de hogar antiguo y acogedor pero estaba segura de que por dentro estaría completamente reformada, el techo era plano y me daba la sensación de que había un mirador ahí, pero lo que si podía ver claro eran los paneles solares que tenía ahí. Entramos a la casa para verla. Según abrías la puerta negra entrabas a un enorme recibidor que tenía unas escaleras y puertas que darían a los diferentes espacios de la casa. Todas eran puertas grandes y con cristaleras pero no trasparentes, por lo que no se veía del todo lo que había detrás. La primera puerta a la izquierda daba a una gran biblioteca con mesas y zona de estudio, un espacio en el que todos nos podíamos reunir a estudiar sin problemas. Enfrente de la biblioteca había un salón comedor que tenía acceso al jardín y a la cocina, la cocina también tenía acceso independiente pero eso no importaba, era grande, y tenía una despensa tan grande que era despensa y cuarto de la colada, por lo que podías comer mientras ponías la lavadora, y suponía que abría algún aseo pero no me puse a investigar. En el jardín había una piscina y zonas donde estar, con barbacoa y todo, y menos mal que estaba vallada porque así nadie que no quisiéramos vendría a visitarnos. —Aquí es muy normal que las casas tengan piscina—comento el profesor. Le mire. No le dije nada y subí a la planta de arriba. La casa, como en la planta baja estaba dividida en la parte de la derecha y al de la izquierda, ala este y oeste, o sur y norte, depende como se mirara. La parte de la izquierda parecía un poco más pequeña, y lo era. Solo tenía tres habitaciones y un baño por lo que no me gustaba por muy espaciosas que fueran las habitaciones pero el lado derecho, tenía cuatro habitaciones y dos baños, pero me daba la sensación que alguna habitación tenía baño, y era la que me pensaba quedar. Camine por el pasillo hasta llegar a la ultima habitación que era enorme. y por suerte no solo tenía baño propio sino que tenía un pequeño vestidor, cosa que era perfecta para mi. La habitación era rara, las paredes tenían un tono azul claro que seguramente intentaba dar paz mientras que los muebles eran blancos. En el centro de la habitación había unos sofás para estar pero no había televisión cosa que agradecía y la cama estaba en una esquina alado de una ventana que daba a un pequeño balcón. El baño no era muy grande pero tenía lo necesario para mi, una ducha y una bañera que eran perfectas. Deje mi mochila en la cama y me senté en esta . —Nadia, tu puedes con esto—me intente tranquilizar. Sabía que el estar fuera de casa me iba ser difícil, ya me estaba costando el estar lejos de mi padre y eso que no había pasado ni un día, para ser exactos y por la diferencia horaria, solo pasaron unas pocas horas pero eso no me lo ponía más fácil. Iban a ser unos meses duros.
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