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1511 Words
Apenas pude leer algunas paginas de mi libro cuando me quede dormida. La noche anterior apenas había dormido de los nervios de subir a un avión por lo que estaba dándome una merecida siesta. —Nadia—me llamo alguien. Le ignore, estaba demasiado cansada como para hacer caso, no había dormido suficiente. Pero la voz que me llamaba no paro, siguió llamándome un rato hasta que los ruidos de un pitido taparon su voz y terminaron de alterar mi sueño. —Me voy a cagar en todo—dije indignada. —Es el aviso de que hay que ponerse los cinturones—me dijo Jayden. Le mire. Seguía a mi lado, despierto y tranquilo. —Lo llevo puesto—me queje. —Tú ¿Y los demás pasajeros?—me pregunto. Le mire. —Ellos no importan—dije. Él negó impresionado. —Nadie te importa—susurro. Le iba a responder pero decidí no hacerlo, por el bien de todos en el avión. —¿Hemos llegado?—le pregunte. —No, solo estamos pasando una zona de turbulencias—me dijo. Mire el plan de vuelo en la pantalla en la que deberían ponernos películas para ver que habían pasado seis horas por lo que aún quedaban unas cuantas, y menos mal que era un vuelo directo. —Voy a ver a mis amigas—dije. Jayden me miro y río. —¿Me has oído cuando te he dicho lo de las turbulencias?—me pregunto y le mire. —Si, pero quiero ver a mis amigas—le dije y él me miro. —A las mismas que haces bromas—comento él y le mire molesta. —¿Tienes algún problema de como lleve mi relación de amistad?—le pregunte. Quizás yo no era una amiga de diez, podría tener mis problemas pero era leal y bastante maravillosa por lo que no entendía porque había tantas quejas, tenían muchas ventajas al ser mis amigos por lo que nadie salía perdiendo. Bueno, yo salía perdiendo al tener que viajar con ese idiota alado. —Muchos—me dijo y le mire. —Idiota—le dije molesta, para dejar de mirarle y mirar adelante. —¿La reina de los argumentos se ha quedado sin argumentos?—me pregunto. Le mire. —¿Que?—le pregunte molesta. —La gente, en una conversación insulta porque no tiene argumentos o porque no sabe discutir y tengo bastante claro que sabes discutir—me dijo. Le mire. —No estamos discutiendo—le dije molesta y él me miro. —Podríamos—comento. Me acomode en mi asiento cuando el avión empezó a moverse con un poco de brusquedad. Me agarré a mi asiento inquieta y algo nerviosa, odiaba los aviones podían ser los trasportes más seguros pero no había nada ni ningún lugar para protegerse. —¿Quieres discutir?—le pregunte molesta. Él me miro. —¿Te dan miedo las turbulencias?—me pregunto. Le mire. —No—dije aún agarrada a mi asiento. Por mucho miedo que tuviera, jamás iba a admitir en mi vida y menos a un enemigo qye tenía miedo a algo, eso lo tenía claro. —Se que no te gusto—me dijo y le mire. —No es que no me gustes—comente y él me miro impresionado—Eres todo lo que odio en una persona, eres la creencia de que la belleza y el deporte lo son todo en la vida y la inteligencia no importa—comente. —¿Crees que soy guapo?—me pregunto. Le mire molesta. —No voy a responder a eso—me queje. Él me miro y se acomodo en el asiento. —Vamos a la misma clase de lengua avanzada—comento. Le mire. Era verdad que en una de mis muchas clases avanzadas, compartía espacio con Jayden pero eso no le daba inteligencia ni alteraba mi opinión. —Ese no es un argumento valido—le dije. Él me miro. —Tú usas tu coeficiente intelectual para decir que eres mejor que los demás—comento y le mire. —No es lo mismo—me queje. Él me miro. —¿Por que no?—me pregunto. —En que clase debes estar lo mide gente que se especialista en una rama y al no tener trabajo como ello se saca un master para ser profesor, pero la gente que evalúa el coeficiente intelectual son personas con estudios en estudiar el conocimiento y funcionamiento mental de las personas—le dije. Él me miro. —Por más palabras seguidas que digas, eso no te da la razón—me dijo y le mire. —¿De que hablas?—le pregunte. Pase mi mano por mi pierna mientras intentaba evitar a rascarme. —En ocasiones siento que hablas y te inventas las cosas que dices para hacer creer que eres más lista de lo que eres—me dijo. Le mire. —Soy inteligente, pero tu no te sabes explicar—le dije molesta porque no entendía a que se refería. —Es sencillo—me dijo y me miro a los ojos—Nadie puede saber todo de todo, puede que existan siete tipos de inteligencias pero es imposible dominar las siete, las tienes pero solo en una sobresales, y mientras los demás aceptan eso y dominan un campo, tu usas muchas palabras para hacer creer a los demás que sabes de todo, cuando en realidad no sabes de nada—me dijo y le mire. Me había dejado impresionada. Había hablado con una voz tranquila, como si estuviera drogado o demasiado calmado, pero con su tono normal, no lo endulzo pero por la forma tan pausada y tranquila de hacerlo parecía dulce aunque no lo era. —Eres idiota—me queje. Él me miro. —Solo se que no se nada—me dijo y le mire. —¿Por que citas a Sócrates?—me queje. —Primero que nada se le atribuye a él pero no se sabe si lo dijo él—me dijo y le mire, era la primer persona con la que tenía una conversación interesante e inteligente—Y si las mentes que cambiaron el mundo, las mentes más brillantes del mundo dejaban claro que ante esa fachada de sabiduría no sabían nada, que no podían saberlo todo—comento e hizo una pausa, como para dejarme asimilar las palabras pero las entendía perfectamente— ¿Cómo tú puedes hacerlo?—me pregunto. Le mire. —Leo—le dije. Él me miro. —Lees lo que otros saben pero no sabemos si eso es verdad—me dijo y le mire. ¿Desde cuando Jayden Varga era tan interesante e inteligente? Yo no recordaba apara nada a un chico que decía esas cosas y que reflexionaba de esa manera, sino a un idiota que se le daban bien los deportes. —¿Cómo no va ser verdad?—me queje. —¿Sabias que antes se creía que la tierra era plana?—me pregunto y le mire. —Claro—me queje. Era una creencia antigua pero eso no tenía nada que ver. —¿Y que los romanos llamaron a un cabo gallego Finisterre porque creían que era el final del mundo?—me pregunto. Le mire. —Claro que se esas cosas pero no entiendo que tiene que ver—me queje. —Las cosas van cambiando de verdad según avanza el mundo, lo que hoy es verdad ya mañana no lo será por lo que eso que hoy lees, mañana será historia—me dijo y le mire—Jamás podrás leer todas las nuevas informaciones de todas las materias, te falta tiempo en el día por lo que no podrás saber todo de todo—me dijo y le mire. Pestañee impresionada. —Debes elegir algo que ames y hacerlo perfecto mientras te esfuerzas en hacer bien lo demás—me dijo. Me acomode en mi asiento mientras que pensaba en lo que me acababa de decir. —¿Te he dejado sin palabras?—me pregunto. Le mire. —Cállate—le ordene. Él río, se acomodo en su asiento y cerro los ojos. —Despiértame al llegar—me dijo para después dormirse. —Tu abuela te va despertar, porque yo pienso abandonarte aquí—dije. Me cruce de brazos molesta, acababa de dejarme sin palabras por una gran repuesta, no me gustaba que la gente pudiera darme argumentos que me hicieran sentirme menos inteligente y me hacían dudar de lo que sabía cosa que no me gusta y cosa por lo que odiaba a la gente. Suspire. Cerré mis ojos y no los volví a abrir hasta que la voz del avión aviso que habíamos aterrizado por lo que viaje totalmente perdido para leer pero por lo menos solo había aguantado unos minutos a Jayden y ya me podía alegar de él para siempre. 
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