Tras un largo fin de semana en el que evite a todo el mundo. Llego el lunes, día en el que teníamos nuestro primer día de clases para comenzar a adaptarnos a los estudios estadounidenses. Llegamos un miércoles, un jueves elegimos las asignaturas y el viernes a la tarde estaba todo tramitado.
Eficaz y rápido, no voy a negar que se merecen un aplauso, aunque solo hacen su trabajo.
El único contacto que tuve fue con Jayden, que dejaba bocadillos en mi puerta a la hora de la comida y la cena para que no dejara de comer y no me muriera en el intento de evitar a todo el mundo.
El lunes a la mañana, me duche y me puse el uniforme del colegio, porque si parece ser que los colegios de los niños ricos tenían, con usar uniformes en sus estúpidos colegios. El uniforme consistía, al menos el femenino, consistía en una falda a cuadros negra, blanca, roja y verde. Luego llevabas una camisa blanca, con su corbata con el mismo estampado que la falda, debías llevar unos calcetines blancos con unos mocasines negros y una claqueta negra con los bordes rojos, y este tenía el escudo del colegio en el lado izquierdo, donde esta el corazón.
Me hice una coleta alta con todo mi pelo cuando estuve lista y cogí mi mochila rosa, no me importaba que no pegara, el rosa era el mejor color del mundo, por lo que iba a usarlo todo los días.
Baje de la segunda planta para ir al comedor donde estaban todos.
—Buenos días—me saludo Liam pero le ignore.
Me senté en una de las sillas que justo me dejaban alado de Jayden y mire mi teléfono.
Jayden me dejo un plato de frutas enfrente mía.
—Desayuna—me dijo.
No le respondí pero me metí un poco de fresa en la boca.
No voy a negar que soy una persona muy rencorosa, demasiado, quizás nadie pueda llegar a comprender lo mucho que me cuesta perdonar, y se que lo único malo en si que han hecho es no creerme, no confiar en mi palabra pero eso es lo peor. Odio las mentiras, pero odio más que la gente no sea leal y no confié plenamente en sus amigos, por lo que si no me creían, para mi, era la mayor traición del mundo.
Desayune sin hacer caso ni mirara a nadie, y mirando el móvil.
—Nos vamos—dijo Jayden.
Note como se levantaba y le mire.
—¿Quién te ha hecho el jefe?—le pregunte.
Él me miro y me agarro del brazo para levantarme.
—No me seas niña—me dijo y me miro a los ojos.
Me solté y guarde mi móvil en mi mochila.
—Vamos—le dije.
Jayden me miro impresionado pero no dijo nada.
Salimos todos de la casa, y subimos al coche que nuestros padres nos habían alquilado, era una furgoneta negra, de ultimo modelo pero un coche lo suficientemente grande para que todos entráramos, Jayden se sentó en el asiento del piloto, mientras que Noah se sentó con él delante y los demás nos repartimos por atrás.
De camino al colegio pasamos por la academia Lincon, era un gran edificio que parecía un antiguo castillo, pero no paramos ahí, obviamente sino que fuimos a un colegio un poco más allá que era un maldito antiguo convento.
¿Me explica alguien a quien se le ocurre poner un colegio donde han estado monjas? ¿Dónde han hecho exorcismos? ¿Dónde han matado gente? La gente quería que en mitad de la clase algún fantasma se pusiera a dar la clase de historia, porque sino, no entendía la manía de coger cosas viejas y hacerlos colegios, era como poner una casa en un antiguo cementerio, los estadounidenses tenían problemas serios, normal que tuvieran tantas casas encantadas, si se lo buscaban ellos mismos.
Llegamos al colegio, Jayden aparco y todos salimos de la furgoneta con la mirada de todo el mundo ante nosotros.
—Buenos días—se acerco una chica pelirroja a nosotros, era bajita, como yo, con unos intensos verdes que iluminaban por donde iba pero no solo eso, sino que tenía demasiadas pecas—Soy Martina—se presento y estiro su brazo.
Jayden se la estrecho sin dudarlo.
—Soy el comité de bienvenida—añadió y suspire.
Odiaba ese tipo de cosas, no entendía porque la gente tenía la manía de dar bienvenidas a la gente y no la dejaban tranquilos, buscando su sitio.
—Estás carpetas son para vosotros—comento la chica.
Le quite las carpetas de la mano y las repartí, ya que en cada una ponía el nombre de cada uno.
—Hagamos esto más rápido—dije.
La paciencia no era mi mayor virtud, por no decir que era uno de mis gran defectos.
—Okey—dijo la chica, algo decepcionada—Os enseño el colegio—se limito a decir.
Nos llevo por el aparcamiento hasta la entrada principal mientras explicaba cosas del colegio, como normas e historia pero no me importaba mucho hacerle caso por lo que me aleje un poco de ella mientras que los demás la seguía bastante rápido0, todos menos yo y Jayden que al ver que me quedaba atrás empezó a caminar más lento para alcanzar mi ritmo.
—Debes ser más amable—me dijo Jayden y le mire.
—He sido amable—me queje.
Jayden me miro, sorprendido, porque estaba claro que no teníamos la misma definición de amabilidad pero eso ya no era asunto mío, no era mi problema sino de él.
—Nadia—me llamo y le mire—Se que odias a todo el mundo—me dijo.
Le mire atenta.
—No odio a todo el mundo—dije y él me miro impresionado—Solo te odio a ti—bromee.
Él paso su lengua por la parte interior de su mejilla para evitar reír y me miro.
—Pues ódiame—me dijo y le mire impresionada—Pero solo ódiame a mi—añadió.
Le mire sin entender nada.
—¿Que?—le pregunte sin entender nada.
No le odiaba, no de verdad, me caía mal, ahora menos mal que hace dos días pero odiar era demasiado fuerte, era un sentimiento que implicaba conocer a la gente y yo a Jayden no le conocía, ni tampoco quería hacerlo, por lo que no podía saber si le odiaba pero que me caía mal, me caía mal.
—Me gusta que me odies como lo haces—me dijo y camino más rápido para dejarme más atrás.
Me quede impresionada pero decidí sacar esos pensamientos de mi cabeza y mirar al frente, mire mi horario para ver que la primera clase era una que simulaban juicios, cosa que me parecía bastante interesante, para que mentir.
Fui a la clase, sin necesidad de la ayuda de la pelirroja, porque estaba mejor sola y siguiendo las señales que con una chica que no paraba de recordarme lo que no podía hacer.
Al entrar en la clase, todos me miraron.
Siempre pasaba lo mismo, eres la nueva y todos te miran como un espectáculo como si fueras un fenómeno del circo, con algo raro cuando solo eras una persona más como ellos.
Ignore las miradas de la gente y me senté en un asiento alado de la ventana para mirar por ella.
—¿Martina ya te ha cansado con las normas?—me pregunto una voz femenina.
Me gire para ver a una chica de ojos cafés, y pelo castaño con mechas azules que se había sentado a mi lado.
—¿Quién eres?—le pregunte sorprendida.
—Mia—me dijo y la mire—Y Martina es mi hermanastra, lleva todo el fin de semana hablando de vosotros, de como iban a venir unos nuevos alumnos que eran genios—me comento y la mire, mientras ella me analizaba de pies a cabeza—No tienes pinta de genio—comento.
—Ni tú de ser mi amiga, pero estas sentada a mi lado—dije y me acomode en mi silla esperando que se levantara.
—Me caes bien—me dijo y la mire.
—Tú a mi no—le dije y ella río.
—No me importa—me dijo y la mire—Vamos a ser amigas—dijo con gran confianza.
Asentí de forma sarcástica y sabiendo que no íbamos a ser amigas.
—Si estás en esta clase, estarás en todas las de letras, desde debate a política por lo que compartiremos muchas horas—me dijo y la mire.
Suspiré, iba tener que aguantara a esta persona demasiadas horas.
—¿Tienes amigos?—me pregunto y le mire.
—No quiero ser tu amiga—le dije y ella me miro.
—Entiendo eso de ir de chica super dura para dar miedo y que la gente no te moleste pero eso aquí no funciona—me dijo y la mire, me cruce de brazos y la mire—La gente lista aquí es marginada, y solo importan los deportes por lo que te es más fácil que hagamos fuerzas— me dijo y la mire impresionada, estaba claro que lo que se decía en las películas americanas era verdad—Los listos dominamos el colegio en las sombras, sabiendo todo y pudiendo dominar a todos sin que ni siquiera sepan que son dominados, y como parecemos buenos, nadie sospecha de nosotros—comento.
La mire.
—¿Sabes todo de este colegio?—le pregunte y ella me miro impresionada.
—Lo se todo y puedo controlarlo todo—me dijo.
La mire atenta, ese tipo de ayuda me vendrían bien para dominar el colegio y empezar con mi plan de dominar el mundo, se debía empezar siempre con un pequeño ejercito ¿no?
—Nadia Taylor—me presente y le ofrecí mi mano.
Ella sin dudarlo me sonrió y la estrecho.
—Un placer—me dijo sonriendo.
—Te aseguro que el placer es mío—le dije tranquila y sonriendo.