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1885 Words
Odiaba con todo mi ser los domingos, era el peor día de la semana, y lo dice una persona que los lunes a primera hora tiene economía, asignatura que más odio. Pero merecía la pena, cuando empezara a estudiar derecho y luego hiciera el master en ciencias políticas, esa asignatura solo serían unos puntos extras en mi expediente. —Nadie—me llamo mi padre desde la puerta de mi habitación. Me senté en la cama y le mire. Llevaba varios minutos despierta pero me daba bastante pereza, levantarme y prepararme para ir a clase. —No quiero ir—me queje. Él me miro. —Por mi, no hay problemas en que no vayas, pero tú madre me mataría si sabe que te he dejado quedarte en la cama sin razón—me dijo. Suspire y me levante. —No me eres de ayuda—me queje. Él me miro. —No tengo que serte de ayuda, soy tu padre—me aviso. Le cerré la puerta divertida por su respuesta. —Si me tengo que duchar—me queje. Abrí la puerta para ver a mi padre aún ahí y le mire. —Tienes todo en el baño—me dijo tranquilo. Bese su mejilla. —Gracias papa—le dije. Él solo me sonrío antes de bajar a la cocina. Me metí en el baño y me di una ducha rápida, ya que mi pereza me había hecho perder minutos de baño, por lo que en lugar de tardar mis habituales quince minutos tarde cinco, es un crimen lo se, no pude disfrutar del proceso pero era eso o tener que ir andado, y me negaba a ir andando cuanto tenía el colegio a más de 20 kilómetros. Salí del agua y tras secarme, ponerme la ropa interior, me seque el pelo y me hice una coleta alta para tener el pelo recogido, y porque era el mejor peinado que me podía hacer para el colegío. Tras tener el pelo listo. Me puso el uniforme, porque si, mi colegio ultra catolico tenía la obligación de llevar un uniforme horrible, este consistía en una camisa blanca, una falda negra con rayas rojas y blancas. una chaqueta negra y una corbata con los mismos dibujos que la falda. Me puse los mocasines negros y me mire. —Perfecto—me dije y salí del baño. Pase por mi habitación, para coger la mochila que había preparado la noche anterior. Baje cuando tenía todo listo, y vi a mis padres en la mesa sentados desayunando. Mi padre revisaba su ordenador y mi madre unos libros de hongos marinos. —Buenos días—les salude. Mi madre me sonrío. —¿Tienes dinero en la tarjeta escolar?—me pregunto y asentí. Mi colegio de niños ricos, tenía una tarjeta por la que pagabas por los servicios del colegio, es decir la comida, la televisión, el alquiler de libros y esas cosas, que el colegio disponía, porque mi colegio tenía de todo. —¿Necesitas que te lleve?—me pregunto mi padre. Me llevé un puñado de cereales a la boca. — No—le dije. Mi padre me miro sorprendido. —Dalton viene por mi—le avise y él asintió. Aunque Dalton era un chico, mis padres confiaban mucho en él, tanto que me dejaban hasta dormir con él en la misma cama. No me senté, porque cuando me iba a llevar otro puñado de cereales a la boca, pitaron. Señal de que Dalton estaba aquí. —Dile a tu amigo, que no pite, que llame a la puerta—me aviso mi madre—Altera la fauna marítima—añadió. Asentí. Antes de salir, mi padre me lanzo una manzana que agarre bastante rapido. Los deportes no eran mi fuerte pero tampoco el de mi padre,  los dos éramos muy malos en los deportes y sabíamos por que pie fallaba el otro, haciendo supiéramos como coger o lanzarnos las cosas entre nosotros. Salí de casa para subirme a la furgoneta naranja de Dalton, —¿Por que nunca desayunas?—me pregunto mientras arrancaba. —Prefiero dormir cinco minutos más a desayunar—le dije. Él simplemente río. Condujo mientras yo comía la manzana, condujo unas calles hasta llegar enfrente de la casa de Emma, mi mejor amiga, la mejor del mundo y mi persona favorita, y como todas las mañanas la íbamos a buscar. —Emma—le grite cuando la vi, sacando mi cabeza por la ventana de la furgoneta. Emma, mi querida rubia, me saludo con gran emoción y cuando Dalton paro la furgoneta, se subió rápidamente a la parte trasera y me dio una bolsa. —Buenos días mis niños—nos saludo y nos dio un beso a cada uno en la mejilla. Abrí la bolsa para encontrarme con galletas de chocolate. —Te amo—le dije feliz mientras mi nariz se impregnaban del maravilloso olor de las galletas que muy amable y amorosamente había preparado la abuela de Emma. —No es para tanto—me dijo riendo y sin dudarlo me lleve una a la boca. Dalton arranco el coche y condujo hasta la casa de Skyler, la que estaba más cerca del colegio pero ella no andaba ni para mear, era muy perezosa. —¿Que tal anoche con miss perfecto?—me pregunto Emma y la mire mientras no dejaba de comer galletas. —Como siempre, es demasiado bueno e inaguantable—le dije y ella río. Antes creía que Emma estaba enamorada de mi primo pero ella siempre me anteponía a mi ante todo, e incluso casi le pego una vez, por lo que mis suposiciones eran solo eso y pude volver a confiar en ella, y nos ayudo a reforzar la amistad. Tras varios cruces y que los semáforos nos acompañaran estando todos en verde, llegamos a la casa de Skyler. —Mira niño, déjame tranquila—grito Skyler a su hermano. El hermano pequeño de Skyler, era un terremoto que estaba saltando detrás de su hermana. —Quiero ir contigo—se quejó el pequeño de apenas tres años. Mire al pequeño que iba solo con el pañal. —No puedes—dijo Skyler y subió a la furgoneta. La niñera de los dos hermanos salió de la casa y cogió al niño. Los padres de Skyler casi nunca estaban en casa, por lo que tenían niñeras que les cuidaban a ella y a sus tres hermanos pequeños, pero mi amiga, no era amiga de las niñeras, para ella todas iban por una razón , su hermano mayor, el sexy estudiante de medicina que tenía un encanto superior a su belleza, por lo que era un arma. —Buenos días—comento Emma. Skyler nos miro. —Espera—le dijo a Dalton y saco su cabeza por la ventana de la furgoneta—Haz tu maldito trabajo , y deja de ser una puta—le grito a la niñera. La niñera miro a Skyler sorprendida y con cara de humillación. —Arranca—le ordenó Skyler. Dalton, que era un joven obediente arranco el coche sin dudarlo. Condujo hacía el colegio mientras que Skyler maldecía en bajo. —¿Puedes calmarte?—le pregunté. Skyler me miro sorprendida, y respiro. —Necesito matar a alguien—comentó Skyler. —Pues ni lo pienses—comento Dalton. Las tres reímos. Pero ese era el trabajo de Dalton, era nuestro salvavidas cuando más hondo estábamos, él era quien nos daba luz y quien nos hacía más fuertes, por lo que era el mejor de todos. No nos dío tiempo a mucho más cuando aparcamos en el aparcamiento del colegio, valga la redundancia. Pero, no me dio tiempo a salir ya que un coche grande se pego a la puerta de salida de mi lado, y sabía bien quién era el dueño de ese coche, — Me voy a cagar en su puta madre—me queje. Mis amigos me miraron divertidos pero me conocían bien por lo que no dijeron nada, salieron del coche y yo tuve que hacer malabarismos para salir del coche. —No lo hagas—me pidió Emma. La mire. —Ya se verá—le dije. Sin dudarlo me acerque al otro coche del que salieron los tres chicos de mis pesadillas, mi primo Liam y sus dos amigos Jayden y Noah. —¿Eres idiota?—le pregunte molesta. Mi primo me miro tranquilo. —Hola Nadia—me saludo y le mire. —¿Quien a aparcado el coche así?—les pregunté molesta. Los tres idiotas miraron el coche. —No sabía que había aparcado tan cerca—comentó Jayden. Le mire. —Como no, tú—dije molesta y le mire. Él me miró. Noah, era un chico de gran imaginación y eso lo demostraba con los mil colores que se ponía en su cuerpo, no había tinte que no se hubiera probado y tenía todo los tatuajes que te pudieras imaginar, desde un pepinillo en patinete con gafas a la fecha de cumpleaños de su madre. Actualmente tenía el pelo rojo, y sus ojos marrones parecían dos manchas de mierda, aparte era alto. Y Jayden, era demasiado idiota, era un chico alto de ojos verdes y pelo castaño, era intenso e inaguantable en las misma medida. Era el capitán del equipo de fútbol, y un idiota de pies a cabeza que se creía que todo lo que quisiera lo podría conseguir. No era un fuckboy, no al menos de esos que se la pasaban cada noche con una chica pero tenía muchas, quizás demasiadas citas. Él río. —Hola Nadia—me dijo. Le mire seria. —Mueve el coche—le ordene. Él se apoyó en el coche y me miro. —Muevelo tú—me dijo y me ofreció las llave. Le mire. —No merece la pena—me dijo Emma. Pero esto no era cuestión de que mereciera o no la pena sino que era algo de orgullo y honor, que si Mushu estuviera aquí, me estaría gritando que no deshonrada a mi vaca. Por ello me acerque a él para coger las llaves, pero antes de que pudiera siquiera rozarlas, las levanto un poco, haciendo que no pudiera alcanzarlas por la altura que nos separaba pero si consiguió que nuestros cuerpos se pegaran. —Muérete imbécil—le dije. Sin dudarlo me separé de él y le mire. —Mátame tú—me reto y le mire. —Tenemos clase—dijo Dalton. Le mire. Su cara era de aviso, de que me tranquilizara, y eso hice, sabía que en los terrenos del colegio a nada que hiciera, podría ganarme un castigo y eso haría que se manchara mi expediente por lo que no podría ser presidenta, cosa que era mi sueño, así que me controle. Respire, y le dí la espalda a Jayden. —Vamos a clase—les dije a mis amigos. Los cuatro caminamos lejos de ellos. —Hasta luego preciosa—grito Jayden. Rodé los ojos, siempre tenía que tener la ultima palabra y era algo que me superaba, mi orgullo no me dejaba dejar que él tuviera la ultima palabra, pero por esta vez, lo íbamos a dejar así.
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