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1657 Words
Me pase toda la hora de economia pensando en el encuentro con Jayden, sabía que era una tontería, sabía que no debería dar más importancia a que aparcara el coche pegado a mi puerta de salida, claro si no me conoces, dirás que es solo una coincidencia pero soy una mujer de rutinas, por lo que siempre me siento en el mismo sitio cuando voy en la furgoneta de Dalton, quien siempre aparca en el mismo sitio cuando yo voy con el porque soy una mujer de costumbres y maniática que le gusta que las cosas sean de una manera concreta. Se cuales son mis debilidades, pero tengo claras mis fuerzas. Aunque no pudiera tener la última palabra en respecto al tema de la mañana, no me va quedar quieta mientras que el estaba feliz por haberme dejado callada, aunque no lo había hecho, simplemente me había callado por respeto. Y mi hermosa venganza, fue poner una bomba de pintura en la taquilla de Jayden pero obviamente no lo puse solo en su taquilla sino que la puse en varias taquillas más, no era tan tonta como para apuntar toda la atención en mi contra sino que les hice creer que era cosa que otra persona. —Te das cuenta que esto es una locura ¿no?—me comentó Emma. Me apoyé en mi taquilla a su lado. —Lo se—le dije y ella me miro. Se apoyo en mi hombro y la mire. —¿Pero no vas ha hacer nada para evitarlo?—me pregunto y la mire. —No—dije. Ella negó. Me gire y cogí varios libros que necesitaba para clase. —Eso no soluciona nada—añadió. Aunque Emma me apoyaba en todas mis decisiones, no hacía como Skyler y Dalton que me apoyaban ciegamente y hacían lo que fuera necesario para ayudar a mis planes. —No soluciona nada, pero me divierte—le dije y ella río. Me cogió el libro de economía. Ella se acercó a su taquilla que estaba alado de la de Jayden, era una pena pero esperaba que me pudiera perdonar. La mire tranquila cuando en ese momento las bombas de pintura roja estallaron, no solo fue Jayden quien recibió el ataque sino que también lo hicieron taquillas cercanas a la de él.  —¡Ah!—grito Emma y me miro furiosa.  Los que fueron atacados, gritaron y los que no estaban manchados rieron. Como he dejado claro, soy inteligente, me negaba a que pudieran sospechar de mi, por lo que tuve que poner las bombas de pintura en todo el bloque de taquillas, haciendo que nadie pudiera sospechar de mi. —¿Quien ha sido?—gritó el director. Se hizo el silencio. Todos se miraron entre ellos, sin saber a quien mirar. —Bien—dijo el director tranquilo—Veo que no vamos a solucionar nada, así que todos los que se han manchado, a limpiarse—comentó. Le miraron. Nadie se movió. —Ahora—grito y todos los que estaban manchados se fueron corriendo a las duchas. El director se acomodo la corbata y me miro con atención. —Que sepa que sospecho de usted señorita Taylor—me dijo el director y le mire—Si no fuera tan buena alumna, quizás ya la hubiera echado—añadío. Le mire atenta y tranquila. —Sabe que sin mi, se aburriria—le dije. Él río. —Vaya a clase, señorita—me dijo. Sin dudarlo y antes de que pensara en castigarme o cualquier cosa, salí corriendo. Entre en clase de debates que era mi siguiente clase y me senté alado de Dalton. —Emma está furiosa—comentó él. Le mire tranquila. —Luego hago que me perdone—le dije. Noah y mi primo, Liam, entraron a clase y se sentaron, me quede impresionada porque vinieran, no compartíamos esta clase. —Dudo que te perdone—me dijo Dalton y le mire. Me giré al oír un golpe, donde vi que Skyler entraba seguida de Emma y Jayden. —¿Que mierda hace Skyler aquí?—pregunté. Skyler, era una mujer de ciencias, por lo que con ella no coincidía en ninguna clase con ella salvo alguna tutoría. —Buenas a ti también—me dijo Skyler. Emma se sentó delante mía y me miro. —Pienso vengarme—me dijo. Sin dudarlo le dí la bolsa de las galletas que ella me dio a la mañana, como forma de tregua. —Eso no sirve—me dijo y la mire. —¿Y si te doy mi jersey rojo?—le dije. Mi jersey rojo, era la prenda favorita de mi armario de Emma. —Te perdonaría—me dijo. —Pues es tuya—le dije. Ella sonrío sonriendo. —Mis mejores alumnos—comento el director entrando a la sala. Le mire. —¿Sabe que estamos perdiendo clase?—le pregunte divertida y él me miro. —Callese—me ordenó y le mire. —Ustedes siete son los mejores alumnos del colegio—comentó el director y todos le miramos—Usted, Emma, es una brillante y talentosa artista por la que muchos matarían—dijo y todos miramos a Emma, era verdad que mi amiga era la mejor con la música y la pintura, es más, tocaba más de diez instrumentos—Noah, hables muchos idiomas y no entiendo porque te dedicas a las ciencias —comentó el director, no le hice caso porque no me interesaba en absoluto los talentos de esos idiotas—Señorita Skyler, me impresiona por su gran talento en las ciencias—dijo, mire al director sin entender porque estaba halagando nuestros talentos en este preciso momento—Dalton, sus habilidades en construcción y escultura, es algo que me sorprende, nadie diría que con esas manos tan grandes que tiene podría hacer cosas tan pequeñas—comentó el director, mire a Dalton quien empezó poco a poco a hacer manualidades de forma muy buena por sus hermanas mayores, ya que al ser el pequeño hacía lo que le mandaran—Liam—llamo el director a mi primo. —Si, el genio matemático—le interrumpí y el director me miró—Vaya al grano—le pedí. Obviamente me ignoro. —Jayden tu eres la mayor promesa del deporte del país por no decir que del mundo—comentó y le mire, me estaba dejando para el final para torturarme o quería que viera como halagaba a todos antes de decirme lo desastre que era—Y mi querida Nadia—comentó el director y le mire. — ¿Va decir que soy un peligro mundial?—le pregunte. Él me miró. —Si—me dijo y le mire sorprendida—Es un peligro para el mundo, pero no de la forma que cree—me dijo y le mire—Si quisiera dominaria el mundo—dijo y le mire impresionada—Es demasiado inteligente y calculadora, en ocasiones me da miedo—comentó. —Gracias—le dije y apoye los codos en la mesa para después poner mi cabeza en mis palmas—Es mi intención—comente. Todos rieron, y aunque lo hice con esa intención, en gran parte lo decía muy enserio. —¿Y por que nos cuenta todo esto?—pregunto Jayden. El idiota estaba apoyado en la pared, mirando atentamente toda la escena. —Academia Lincon—dijo el director. Todos nos miramos. La academia Lincon era muy conocida, quizás demasiado, era uno de los colegios más caros y exclusivos del mundo y era donde iban las mentes del futuro, los hijos de las personas más importantes estudiaban ahí, desde los hijos de reyes a hijos de empresarios muy importantes. —¿Qué pasa con esa academia de niños ricos?—pregunto Skyler. El director la miro, y nos miro a todos, uno a uno, analizando a cada uno de nosotros. —Han dado siete becas a nuestro país, para las mejores mentes—comento. —¿Y donde entramos nosotros?—pregunte. El director nos miro. —Los exámenes—comentó Liam y le mire. Desde hace unas semanas, no habíamos parado de hacer exámenes y pruebas para según el colegio medir el nivel del país, pero parece ser que eso era solo una mentira, algo que hicieron para evaluarnos. —Se pidió a los colegios, hacer examenes sorpresas a los alumnos para encontrar a los mejores siete—comento el director. —¿Somos nosotros siete?—pregunto Dalton sorprendido. —Algunos si—comento el director y le  miramos—No voy a decir quien es la primera opción y quien la segunda porque la primera no quiere ir, porque eso no importa—dijo y le mire. —La academia Lincon esta en Estados Unidos—comento Jayden. —Lo se—dijo el director—No es una cosa que les importe, el cuando os unáis, pero para ellos lo importante es que os unáis a ellos—dijo. Le miramos. El director se sentó en la mesa y nos miro. —La academia Lincon es pura politica, quien sepa quien estudia ahí, lo sabe—comento y todos le miraros atentos—Por ello, cuando Estados Unidos derrumbo varias de nuestras flotas y amenazamos con una guerra, decidieron hacer una acuerdo, las siete mayores mentes de cada país se intercambiarán por unos meses para solucionar los problemas—dijo. Le miramos. —¿Somos una moneda de cambio?—pregunte molesta. —No—me respondió el director tranquilo. —Sois el futuro—nos dijo y le miramos. Todos le miramos sorprendidos, y creo que asustados. —Pensarlo, no debéis decidir ahora—dijo el director—Ir a casa hoy y pensar, para el viernes quiero una respuesta—nos dijo antes de irnos.
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