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1109 Words
Entre en mi casa bastante indignada y lance mi mochila a mi salón para avisar que había llegado. —Veo que ya lo sabes—dijo mi padre y le mire. Le lance el primer cojín que encontré molesta. Mi padre era mi mejor amigo y con él no teníamos secretos, no sabía como me podía haber ocultado esto, a mi, a la persona que le contaba todo y que me preguntaba por secretos de mi madre. —Más te vale recoger todo eso—me aviso mi madre y la mire. —¿Desde hace cuanto lo sabéis?—le pregunte molesta.. Todos me miraron. Mi primo, Liam paso por alado mía y se sentó en uno de los sillones. —Nos lo avisaron antes de haceros los exámenes—conto mi tía. La mire. —No me refiero a los profesores sino a mis padres—le dije algo borde, pero en este momento la amabilidad no me  importaba, estaba demasiado enfadada y dolida como para ser amable. Pero mi madre no pensaba lo mismo y me miro. —Haz el favor de comportarte—me dijo mi madre. La mire, su cara era sería por lo que iba enserio, no es que de forma habitual no fuera enserio pero normalmente mi madre me dejaba un poco a mi antojo pero esta vez parecía que le  molestaba un poco  mi actitud. —Lo siento—dije, Aunque no lo sentía, no al menos del todo, era importante que mi madre estuviera feliz, al menos hoy y en este momento. —Cuando os iban ha hacer los exámenes, el colegio y nos reunió—explico mi madre y la mire. —Habérmelo dicho—me queje. Todos me miraron. —Pierde la gracia, si lo sabes, juegas con ventaja—me dijo mi primo y le mire. —¿Por que no te dedicas a calcular el teorema de Pitágoras y te callas?—le pregunte. Él me miro con una ceja levantada. —No voy a explicarte que es ese teorema—me dijo, Puse mala cara mientras en mi cabeza imitaba su irritante voz. —Es una gran oportunidad—comento mi tío y le mire ¿Qué iba saber un constructor de cosas académicas? Si la mitad de ellos ni siquiera tenían estudios—Os han seleccionado entre todos los jóvenes del pais porque han visto que tenéis algo especial—añadió. —¿Y por eso es una gran oportunidad?—pregunte y todos me miraron—Yo que pensaba que dirías algo profundo pero se ve que no puedes—dije. Mi madre me miro sorprendida. —¿No crees que te estás pasando?—me pregunto mi primo y le mire sorprendida—Vale que seas lista, inteligente, superdotado o lo que mierdas seas, pero eso no te da derecho a desvalorar a los demás por creerte superior—me dijo y le mire sorprendida—La mayor virtud no es la inteligencia sino la humildad—me dijo. Le mire sorprendida. —¿Me vais a dejar ir?—pregunte a mis padres. Mis padres se miraron entre ellos y luego me miraron a mi. —Nosotros queremos, pero no creo que sea bueno para ti—dijo mi padre y le mire, —¿Que?—pregunte sorprendida. Mi primo río de tras mío y me gire para lanzarle un cojín con todas mis fuerzas, pero mi mala puntería hizo que ni le rozara, —Mierda—me queje. Suspire y volví mi atención a mis padres. —¿Por que no seria bueno?—les pregunte. —Iríais a un colegio a adaptaros—dijo mi tía y la mire—Deberéis vivir los siete juntos durante esos meses dando clase para adaptaros—comento. Le mire sorprendida. —¿Adaptarnos?¿Vivir juntos?—pregunte sin entender nada. Mi madre me miro. —Hija—me llamo mi padre y le mire—La educación en ahí, es muy diferente a la de aquí y es un colegio de alto rendimiento, no os van a manda ahí sin más, sin ayudaros a adaptar al idioma y normas—me dijo y le mire. —¿Y para eso vamos a vivir todos en una casa?—pregunte molesta. —No somos ricos—dijo mi madre y la mire—Entre todos hemos alquilado una casa hasta agosto que os mudéis al internado—me dijo y la mire—Por suerte, los dos gobiernos os darán un dinero al mes para gastos de comidas y traslado—comento. Le mire. —¡Ah!—grite furiosa. Todos me miraron, sorprendidos y sin saber que hacer, —¿Quieres ir?—me pregunto mi padre. Me tire al sofá y le mire. —Es una oportunidad—dije. Suspire. No voy a mentir, irme a otro país sin padres me parece una gran oportunidad pero me da miedo, miedo por tener que convivir con tres personas que no me caen bien, y se que es una tontería pero tengo miedo, ha hacer algo y no tener a mis padres para que me protejan, o que me echen del país. Y siendo sinceros es algo que veo muy posible, no soy una persona que le guste quedarse quieta. Era una persona, demasiado especial, y con demasiado carácter por lo que no me era muy difícil hacer alguna cosa cuando la cosa se ponía oportunas o cuando la gente me cabreaba lo suficiente como para que quisiera hacer una broma, y añadiendo que tengo la mecha corta pues, un caos. —Si quieres ir, sabes lo que toca—me dijo mi madre y le mire. —¿Qué toca?—le pregunte. Podría tener las cosas claras pero que me lo aclarara estaría bien. —Portarte bien—me dijo, le mire. —Para mi me porto bien—susurré. Mi padre río. —Poner bombas de pinturas en las taquillas no es portarse bien—comento mi primo. Le mire mal. —¿Qué has hecho que?—me pregunto mi madre. Sin dudarlo me levante corriendo y la abrace. —Nada—le dije y bese su mejilla repetidas veces. —Voy a ignorarlo porque te han dado una beca, pero la siguiente...—me amenazo y le mire. —No habrá próxima vez—le dije. Todos asintieron, no muy convencidos pero basto para dejarles tranquilos. —Voy a llamar a mis amigas—dije. Cogí mi mochila y antes de que pudieran decir nada más, me fui corriendo a mi habitación y cerré la puerta.
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