Una vez llegue a mi habitación me deje caer a mi cama y me puse una almohada en la cabeza para gritar sin que se me oyera.
—Sabes que por mucho que te tapes la casa se te oye ¿no?—me pregunto el idiota de Liam.
Me senté en mi cama y le lance la almohada sin dudarlo.
Él la esquivo.
—¿Por que haces tanto drama?—me pregunto y le mire.
¿Era la única que veía algo malo a enviar a jóvenes hormonales a una casa solos a la otra punta del mundo mientras sus padres no les podrían controlar ni hablar con ellos por la diferencia horaria?
—No voy a perder mi tiempo explicándotelo—le dije y mire mis uñas—Ahora largo—le dije cuando volví a mirarle.
Pero él no se fue paso de estar relajado en la puerta de mi habitación a entrar a esta como si se creyera dueño del lugar.
—¿Por que te pones así?—me pregunto y se sentó en mi cama.
—¿Puedes no sentarte en mi cama?—le pregunte molesta.
Odiaba que la gente se sentara en mi cama, era mía y no debía compartirla.
—No me seas niña, Nadia—me dijo y le mire.
—¿Necesitas algo o te puedes ir?—le pregunte molesta.
No me gustaba que la gente estuviera en mi habitación y menos las personas que no me gustaban.
—Siempre has querido ser presidenta y ganar un premio novel, esa academia es lo mejor para ello, no veo el drama para ir—me dio y le mire.
¿No había dejado claro que iba ir? Y es que no solo eso, ya había dicho que me iba a portar bien, no veía la necesidad de esta conversación tan estúpida?
—Ya he dicho que si—le dije y él me miro—No entiendo porque mierdas tenemos que hablar—me queje.
Liam me miro serio.
—Quiero comprender porque mierdas te molesta tanto todo esto—se quejo.
Le mire.
—Esta claro que solo dominas las matemáticas—le dije y él me miro impresionado—Porque el comprender a las demás personas y sus emociones, no sabes—le dije.
Mi primo se levanto molesto de mi cama y me miro.
—La que no tiene respeto o conocimiento por las emociones de los demás eres tú—me dijo y le mire—Si lo tuvieras no harías daño a tus amigos por hacer daño a la gente—me dijo.
Le mire.
Se que se refería a Emma y que la manche para vengarme de Jayden y su fea cara, pero eso era un daño colateral y Emma lo entendía perfectamente.
—No sabes de estrategias—le dije y me miro.
—La vida no es una maldita guerra, Nadia—me dijo y le mire.
—Que sabrás tú de la vida—le dije.
Él me miro molesto.
—Que tengas un coeficiente intelectual alto, no te hace mejor que nadie—me dijo.
Le mire, mi coeficiente intelectual era de 180, y eso me hacía mejor que los de 130 y mucho mejor que los de 90.
—Claro que si—le dije.
Él me miro.
—Nadie te aguanta, abre los ojos—me dijo y le mire.
—¿Te das cuenta que tengo amigos?—le pregunte.
Se notaba que mi primo no se estaba dando cuenta de nada y que era un idiota en todo lo que no fueran matemáticas, porque que yo sepa Emma, Skyler y Dalton son mis amigos.
—Déjalo—me dijo.
Le mire.
—No ves, te has quedado sin argumentos—le dije tranquila y él me miro.
—¿Siempre tienes que tener la ultima palabra?—me pregunto molesta.
Le mire.
—Si, ahora largo—le dije y me miro.
Mi primo suspiro con fuerza para después irse de mi habitación.
Me senté en mi ordenador para hacer videollamada con mis amigos y comentar que nos habían dicho mis padres, para ver que los tres idiotas estaban conectados en nuestra sala.
—¿Cómo se conectan sin mi?—me pregunte en alto.
Respire hondo.
Seguramente, me estaban esperando.
Intente meterme bien pero no me dejaba y tenía que esperar a que Emma me diera la aprobación para entrar, y rápidamente me la dio, como era obvio, y vi las caras de mis tres amigos.
—¿Por que he necesitado permiso para entrar?—les pregunte.
Las caras de los tres eran de susto pero no me importaba, me molestaba esperar.
—Hemos tenido que actualizar el servidor por problemas con el peso de lo que tenemos guardado—me explico Sklyer.
La mire.
—Vale—dije y me mire las uñas que estaban perfectas—¿Qué os han dicho vuestros padres?—les pregunte mirándoles para darles mi atención.
—A mi que si—dijo Sklyer y la mire feliz, ya que estaba feliz de que no iba tener que aguantar sola a mi primo.
—Mi madre ya me esta haciendo las maletas—comento Dalton.
Reí.
Era normal, la madre de Dalton por mucho que quisiera a su hijo, siempre estaba buscando la forma en pagarle la universidad o de que consiguiera becas por lo que, esta oportunidad era lo que ella siempre estaba esperando.
—Emma—la llame y ella me miro.
—Les parece bien, mientras que saque buenas notas, al primer suspenso o castigo, me mandan a casa—conto y la mire.
—Perfecto porque a mi también me dejan, así que vamos todos—les dije.
Ellos me miraron.
—Nadia, necesitamos que te portes bien—me dijo Skyler y la mire.
—¿Que?—les pregunte.
Mis amigos me miraron.
—Nadia, siempre te metes en líos y nos arrastras contigo—me dijo Dalton.
Le mire.
—¿Os molesta tanto?—les pregunte y ellas me miraron—¿Por que no veo que os quejéis cuando os divertís?—les pregunte.
Ellos me miraron.
Emma me miro suspirando y cansada.
Skyler puso mala cara pero no dijo nada.
Y Dalton me miro.
—Nadia, no seas tonta, no nos molesta pero necesitamos que te portes bien—me dijo Dalton.
Le mire.
—Ya he prometido portarme bien—les dije.
Ellos asintieron.
—Me voy a ducharme porque me aburrís—les dije y colgué.
No les di tiempo a que hicieran nada o que me respondieran a nada, me aburrí por lo que necesitaba irme a darme una ducha o a comer algo para entretenerme.
Me pase los dedos por el pelo.
—Quiero oreos con chocolate blanco—dije y salí de mi habitación.
Baje las escaleras para ver a mis tíos, a mis padres y a mi primo hablando tranquilo.
—Debéis dejar de ocultarle las cosas—dijo mi primo.
Les mire.
—¿Ocultar que a quien?—pregunte molesta.
Todos me miraron.
—Nada cariño—me dijo mi padre y se levanto corriendo a donde mi—¿Qué pasa?—me pregunto y le mire.
Le mire.´
—¿Hay oreos?—le pregunte.
Él me miro.
—No quedan—dijo mi madre.
Mire a mi padre molesta.
¿Cómo había podido ser tan irresponsable de dejar que mis galletas se acabaran?
—No pasa nada—me dijo y le mire molesta—Vamos a comprar galletas—me dijo.
Mi padre cogió las llaves del coche y me agarro del brazo para llevarme al coche para ir a la tienda.