A veces cuando se sueña, y tienes esa sensación de despertar en lo que soñaste y te das cuenta que estás en la realidad segundos después cuando tu dormitado cerebro comienza asimilar lo que estaba procesando, un ruido, una brisa, un objeto, una sensación o una persona son algunas de las razones que hacen que vuelvas del aislamiento creado por el sueño. Así pasa con los recuerdos cuando vas entrando en ellos te aísla, solo quedas repitiendo en tu mente viendo en ti una y otra vez las imágenes que son enviadas.
Tayler caminaba hacia mí, pero yo no lo estaba observando solo tenía la mirada fija en él. Mi cuerpo comenzó a necesitar más aire, las imágenes fueron más rápidas y los sollozos de Alejandra entraban en mi mente, creando un torbellino de imágenes, sonido y sensaciones desiguales y unidas a la vez, con el único fin de hacerme necesitar una salvación.
Mi respiración se volvió más rápida y necesitada a cada segundo, el tiempo lento a mí alrededor hacia que todo fuera en efecto cámara lenta, la angustia atravesó mi corazón generando una ansiedad que primera vez llegaba a mí. Necesidad de él, de sus besos, abrazos y la seguridad que me transmitía cuando hablábamos de lo que queríamos o pensábamos los temas de angustias poco frecuentes en nosotros se aproximaban a una velocidad que daba miedo, temía que de preocuparnos por horarios de la universidad de Tay, pasáramos a preocuparnos por nuestra salud mental y hasta física.
No sabíamos algo en concreto, sin embargo todo lo que podíamos absorber de la situación actual, de la cara que ha mostrado El Tío, nos dejaba muy mal augurio.
Lo que era incierto era el punto en que estábamos con nuestra situación, pero lo que era seguro es que sería el tema de conversación. Un pequeño calor llego desde mi mejilla y comenzó a recorrer mi cuerpo, esa mañana no nos habíamos visto, ellos habían estado en la competencia de natación del instituto y su familia entera asistía por lo que solo habíamos coincido en la entrada; luego de ello las pocas clases que teníamos habían estado ausentes. No le habíamos contado nada de lo sucedido y por teléfono no era la mejor manera de contar todo serían mucho mensajes de texto y quedarían pendientes por aclarar.
El calor me saco de mi ensoñación los recuerdos se alejaron de mi mente y se reflejó el rostro más hermoso de mi mundo, unos que demostraban la preocupación del momento pero que me indicaban la confianza y seguridad que necesitaba a través de esa hermosa sonrisa y sus hoyuelos hermosos.
—Vamos. —Tomo mi mano con seguridad y en un movimiento me acerco a él y nos encamino hasta donde estaban nuestros hermanos —Estoy seguro, Dan, que él baile es lo que menos importa en este momento —sus brazos se colocaron sobre mis hombros —.Así que los planes han cambiado, tengo el lugar perfecto para esa conversación que tendremos, porque carajo. Sí que será una conversación larga, necesitamos saber que mierda pasó desde ayer en la noche hasta este momento, esta mañana no pudimos deducir que sucede pero es innegable que algo pasa. Síganme.
Caminamos tomados de la mano, su calor me había transmitido tranquilidad. Íbamos al estacionamiento del Liceo. Mudos totalmente, siguiendo a Tayler en su paso firme y confiado, nos detuvimos frente una camioneta Gran Vitara, color negra con los vidrios oscuros. Cinco puestos, Una hermosura.
—Oh… hermano esto es de otra vida. —le dijo Dan mientras lo abrazaba y le daba unas palmadas en su espalda ― Es genial, ¿es tuya? ¿Desde cuándo?
—Gracias. Es uno de mis regalos por la graduación, mis hermanos me la dieron para la universidad, es más fácil ir y venir. ―Apretó mi mano y ladeo su cabeza para verme, yo miraba fijo la camioneta era totalmente linda, nueva y relucía.
—Bueno suban, atrás irán un poco apretados, pero iremos bien ―comento sonriendo, mientras abría la puertas y corría los asientos hacia adelante.
— ¿A dónde vamos? ―pregunté con timidez, no había dicho nada desde que llegamos, eran solo unos cuantos minutos, pero para mí parecía una eternidad y de repente pensé que Tay podía malinterpretar mi silencio y ahora más que nunca, no podía dejar que surgiera ninguna distancia entre nosotros.
— ¿Te gusta? ―preguntó mirándome a los ojos, se había colocado delante de mí y tomando mi rostro, por fin me besó, un beso suave, dulce, cariñoso.
—Sí, claro que sí, es genial ―le respondí y aunque quise demostrarle que estaba feliz mi voz solo sonó fría y alejada de cualquier sentimiento.
Me acercó a él y recostando su quijada en mi cabeza me abrazo fuerte, siempre sabía que me hacía falta o si solo necesitaba un beso, abrazo o palabras dulces y románticas como solo él sabía decirlas.
—No sé qué es lo que sucedió o sucede, pero todo estará bien, yo estaré aquí contigo. No temas Dana, tú eres mi vida y así mismo te voy a cuidar. Ahora vamos que tengo una sorpresa para ti.
Me subí del lado del copiloto y el paso por la parte de adelante hasta sentarse. Volteó a ver a nuestros hermanos, sonrió y me miro. Una mirada profunda, con vida; los ojos le brillaban, estaba feliz y eso no teníamos el derecho de negárselo o quitárselo, así que por primera vez en todo el resto de la tarde sentí que mi corazón latía de emoción, que se alegraba por y con él. Le devolví la mirada junto a una sonrisa.
— ¡Cinturones! ―Todos lo que podíamos nos abrochamos los mismos ―aquí vamos colocó la luz de emergencia y despacio salió del estacionamiento.
Tomó el canal central de la vía, quito las luces de emergencia y viajamos alrededor de cuarenta minutos, nos detuvimos frente el portón de un edificio. Estábamos en una muy buena zona. Un poco más al este de donde vivíamos pero más cerca de la locura de ciudad. El edificio de unos doce apartamentos era sencillo pero elegante una hermosa entrada privada y un portón totalmente liso, alto en color n***o con algunos detalles en dorado protegían la entrada del mismo. Toco corneta y un guardia de seguridad salió de la garita. Se acercó hacia su lado. Lo reconoció y con una sonrisa, e inclinación de la cabeza le hizo seña de que podía seguir el portón se movió y se abrió hacia la derecha dándonos absceso. Estacionamos y descendimos todos de la camioneta. Hacia un poco de brisa fría y el cielo estaba un poco gris a pesar que era de noche se notaba muy bien que podría llover.
—Síganme ―me tomo de la cintura y me ajusto a su cuerpo, abrazándome.
La recepción del edificio estaba intachable, pisos de granito n***o con unas pequeñas líneas en dorado. Dos puertas grandes en vidrio con dorado pulcras, en el lado derecho un sofá blanco en cuero de tres puestos. Del lado izquierdo dos iguales uno de dos puesto y otro individual.
En las esquinas unas hermosas palmeras frondosas y verdes brillantes parecían tener vida. Hacia el lado izquierdo dos puertas de acero pulido, la entrada de los ascensores. Una de la puertas abrió, entramos y Tay se acercó al panel de botones introdujo una llave y marco PH. Tardamos tres minutos en llegar. Las puertas se abrieron y quedamos dentro de un apartamento oscuro, soltó por un momento mi mano y dio unos pasos, las luces comenzaron hacerse presentes y vimos lo que era la sala. Bajamos dos escalones largos, quedando frente la belleza de sala que teníamos a la vista.
— ¡Bienvenidos a nuestro hogar! ―volteé rápidamente ya estaba detrás de mí con su maravillosa sonrisa. Mis ojos estaban abiertos como platos. Me jaló por la cintura y pegó nuestros cuerpos.
—Oh… esto es maravilloso, hermanito ―grito dando saltitos Hismary que se le veía emocionada. Y daba aplausos pequeños. Al lado de un desconcertado Daniel. Mientras Alejandra era abrazada por Jaylor y caminaban hacia el sillón cerca de ellos.
— ¿Qué-que quieres decir con nuestra? —murmuré algo aturdida.
—Nuestra, porque aquí podemos reunirnos los seis y traer sus amigos, aquí nos vamos a poder ver siempre. Hay tres habitaciones con baño cada una en el piso de arriba, cocina, sala, un estudio con biblioteca, la terraza, un baño para visitas y dos habitaciones adicionales, es algo pequeño pero estaremos cómodos cada vez que queramos estar aquí.
Se acercó a un closet en la sala y sacó un manojo de llaves las desprendió y uno a uno recibió su llaves.
—Obviamente son de aquí. Pueden venir cuando quieran, bueno elijan su habitación y nos vemos en unos minutos aquí, traeré algo de bebidas.
—Gracias, cuñado. Eres un gran chico ―acoto Dan mientras se daban un abrazo, separándose los cuatros corrieron piso arriba dando griticos y riendo.
— ¿Qué te parece? ―preguntó acercándome hacia lo que deducía era la cocina —es para nosotros, Daniela, quiero creer y hacer un futuro contigo. Para eso hay tiempo, pero necesito que sepas que no me veo con más ninguna mujer que no seas tú.
—Yo también lo quiero así, Tay ¿Cómo que es tuyo? ―llegamos a la cocina, todo estaba salido del empaque.
Era hermosa una isla en el centro donde estaba la cocina debajo el horno, los demás artefactos estaban muy bien distribuidos todo era en acero, varios estantes con alimentos y utensilios se distribuían armoniosamente dándole un toque de sofisticación increíble ― ¡Es hermoso, todo es lindo!
—Es mi regalo, de siete años de cumpleaños, de navidades y recompensas por buenas notas, y salir en cuadro de honor todos los años.
—Pero, ¿cómo? —Mi rostro se sentía caliente y seguro reflejaba mi asombro.
—Es lo que pedí cada oportunidad, desde que te conocí, ese día después de conversar con mi papá sobre ti. Me pregunto qué quería por mi reconocimiento de estudiante del año, lo mire a los ojos y le dije «Una casa, viejo, una grande donde pueda vivir con el amor de mi vida».
»Él sonrió y asintió con la cabeza y cada año en cada celebración cualquiera fuera el motivo respondía lo mismo. Hace cinco años un cliente en disputa de divorcio quería vender el Pent-house; mi papá y hermanos lo vieron una buena opción así que lo adquirieron y solo hasta esta mañana luego del campeonato me trajo hasta aquí. Me dijo que aquí comenzaba mi meta, así que debía seguir con mis notas en la universidad y considerando que tengo una beca en la escuela de derecho de la universidad central, todo lo que me asignen de gastos universitarios serán sólo a medias así que ahorrare mucho dinero para nuestro futuro.
— ¡Oh!, Tay. ¡Eso es muy lindo! —sentía mis ojos llenarse de lágrimas pero de alegría, esa sensación de plenitud que me daba su cercanía era increíble y no quería dejarla por nada en el mundo.
Tayler se acercó y me besó, dulce, lento, tan suave que dejaba entender todo lo que prometía en estar juntos, mi cuerpo se calentó enseguida sentía las mejillas arder y mis manos se acercaron a sus antebrazos mientras él me acercaba a su cuerpo sujetándome más por la cintura.
—Eres… lo mejor en mi vida… te amo, Dana, quizás pienses que es pronto que no se mis sentimientos, puedo asegurarte que eso es lo que siento en mi por ti. Sí, te amo ―afirmó mientras miraba a mis ojos fijamente.
—Yo también Tay… sé que eres mi primer novio, que las personas dirán que somos jóvenes pero te aseguro que me siento tan bien contigo que deseo cada día de mi vida estar contigo abrazados y sentir esa calor y esa seguridad que me das cuando estamos juntos, confío en ti mi amor te lo aseguro que yo también te amo y siempre lo haré.
Su mirada era tan intensa, su lengua paso por su labio inferior, sentí un pequeño estremecer en mi cuerpo desde mi estómago hasta mi corazón una palpitación fuerte, una sensación de llenura en mi cuerpo que no sabía cómo describir, ¿Esto es estar enamorado, sentirse amado y amar?
Nuestros hermanos bajaron, con tal escándalo que solo me quede mirándolos a los ojos, esos hermosos ojos que me tenían definitivamente enamorada.
— ¡Pidamos pizzas! —Comentaron Alejandra e Hismary.
—Oka, entonces todos comeremos pizzas, mientras llega hablaremos de eso que los tiene tan preocupados y les encontraremos solución. --concluyó Tayler.
Sentí un pequeño escalofrío recorrer mi cuerpo, el tema me traída de vueltas los horribles comentarios de Rodrigo, me asustaba la sola idea de tener razón en que él haría algo malo en contra de nosotros y que ese solo era el comienzo de cosas muy. Muy malas que nos daría.
Una vez pedidas las pizzas, entramos a la gran sala con esos hermosos sofás. Nos sentamos cómodos al pesar de la conversación tan estresante que se nos presentaba, estábamos por parejas, por lo que Dan e Hismary se encontraban frente a Tayler y yo, de nuestro lado derecho estaban Alejandra y Jaylor en un sofá de una plaza por lo que ellos estaban más que juntos estaban acurrucados.
—Bueno al mal rato darle prisa —comentó Dan mientras se levantaba y quedaba de frente a todos, su cara seria e incluso podía verse algo roja.