CAPITULO 11

1390 Words
—¡¡Golpealooo!! —gritó Diego con la boca llena de pizza, aplastando el control del videojuego como si la vida dependiera de ello. —¡¡BRO, ERA MÍO!! —se quejó Travis, tirándose al colchón mientras un tercer chico —Rafa, su compañero de clase—, se carcajeaba con una cerveza en la mano. El cuarto apestaba a testosterona, pepperoni y cerveza escondida dentro de botellas de agua con etiquetas falsas. La ventana estaba entreabierta para disimular el aroma a pecado universitario. Había ropa tirada, papas en el piso, y un portapizzas medio vacío sobre el escritorio lleno de apuntes abandonados. —¿Y entonces, señor Blake? —dijo Rafa con una sonrisa burlona—. ¿Qué onda con la Laurent? Travis se quedó en silencio. Diego lo miró con media ceja levantada. —Ajá… —añadió Diego—. ¿Qué onda con la Laurent, papito. Travis bebió un trago, se limpió la boca con el dorso de la mano, y dejó la botella a un lado. Se quedó viendo al techo, serio. —Es… distinta. —Uuuuuh —canturrearon los dos al mismo tiempo. —Ya valió —dijo Rafa con tono fúnebre, cruzando los dedos como si hiciera un exorcismo. —¡No! O sea, escuchen. Hay chicas hermosas, sí. Pero Hana es otra liga. No es solo que esté buena. Es que… entra a un lugar y todo el pinche universo cambia. —¿Y tú quieres cambiar el universo con ella o solo revolcarlo? —preguntó Diego con un mordisco a su pizza. —Bro… no lo sé. Tiene algo. Es como si todo en mí gritara "huye", y al mismo tiempo, “acércate más”. Rafa lo miró con drama. —Dios mío… ¿ya le escribiste un poema? —Casi. Le pasé una nota en la biblioteca. Me respondió. Con amenaza incluida. Y fue lo más sexy que me ha pasado en años. —¿Y tú no te asustaste? —¿Asustado? Me enamoré, güey. Los tres rieron, chocaron botellas de cerveza y siguieron comiendo. —¿Y qué vas a hacer? —preguntó Diego mientras revisaba su celular—. ¿Vas a invitarla a salir o a invocar a Cupido? Travis tomó un pedazo de pizza, lo mordió, y habló con la boca llena: —Voy a dejar que se acerque sola. Ella odia que la persigan. —¿Y si no se acerca? —Entonces usaré la estrategia del "accidente perfectamente planeado". —¿Ejemplo? —Un día de estos, va a pasar por el gimnasio mientras entreno… sin camiseta. Los tres se carcajearon como animales. —Dios, estás jodido —dijo Diego con una sonrisa—. Pero mínimo estás feliz. —Más que feliz. Estoy malditamente intrigado. El reloj marcaba la 1:47 a.m. Las luces del dormitorio eran apenas un parpadeo cálido entre cajas vacías de pizza y botellas mal escondidas. Travis tenía el celular en la mano. El contacto de Hana Laurent brillaba como si lo retara. Diego y Rafa lo miraban desde la litera, con los ojos abiertos como platos y las papas fritas a medio camino a la boca. —¿Entonces qué, gallina? —soltó Diego con tono burlón. —Ponla en altavoz —dijo Rafa mientras ya grababa en su celular, por si acaso algo digno de t****k sucedía. Travis sonrió con ese gesto que significaba “me voy a meter en un problema, pero qué rico se siente.” —Está bien. A lo grande. —Tocó el ícono de llamada y activó el altavoz. Tuuuu... Tuuuu... —Bro, si cuelga te juro que— —¡Cállate! ¡Está sonando! Tuuuu... Cliiick. —¿Hola? —la voz de Hana sonó baja, grave, seductora y con el tono justo de "más te vale que esto sea importante o te mato". Travis tragó saliva. —¿Desperté a la diosa? Silencio. —¿Travis? —Depende… si estás molesta, me llamo Diego. Si estás curiosa, sí, soy yo. Diego y Rafa se taparon la boca para no reventar de risa. —¿Por qué me llamas a esta hora? —Es que no podía dormir. Tenía un dilema existencial: ¿Te mando mensaje como cobarde o te llamo como valiente con miedo a morir? —¿Y? —Estoy en altavoz con mis amigos, así que por favor no me humilles tan duro —confesó con una risa nerviosa. —Ah, perfecto. Hola, Diego. Hola, Rafa. —¡HOLA HANA! —gritaron los dos al fondo como niños saludando a la tía guapa. Hana suspiró. —¿Qué necesitas, Travis? Travis se sobó la nuca, como si de pronto se pusiera serio. —Mira… tú y yo tenemos que trabajar juntos para la Semana del Deporte, ¿cierto? —Correcto. —Entonces... mañana quiero invitarte a tomar un café antes de eso. Para que nos pongamos de acuerdo. Y porque me interesa saber si tu frialdad legendaria resiste frente a un cappuccino y mi sonrisa más descarada. Hubo un silencio largo. Muy largo. Diego susurró: —Nos va a matar. Vas a morir. Esta es tu última llamada, bro. Y entonces, Hana habló: —Está bien. 10:30. En la cafetería central. Pero no sonrías mucho… o te derrito yo. PIIIIIIIII. Colgó. Travis se quedó quieto. Los otros dos lo miraban en shock. —¡BROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! —¡¿LE VAS A COMPRAR UN CAPPUCCINO O UNA BODA?! —gritó Rafa. Travis soltó una risa baja, emocionado y nervioso a la vez. —Se viene. Y no estoy listo. —Tú no, pero tu corazón ya está llorando como en telenovela —burló Diego. —¡A dormir, idiotas! ¡Mañana tengo una cita con el iceberg más sexy de la historia! La cafetería del campus, normalmente tranquila los fines de semana, hoy tenía un aire distinto. Las luces suaves, el olor a café tostado, y el murmullo de risas dispersas parecían el fondo perfecto para lo que estaba por pasar. Travis llegó diez minutos antes, con un cappuccino doble en la mano y su mejor cara de "me desperté así de guapo". Pants gris oscuro, camiseta blanca, tenis de bota. Relajado… pero con el corazón latiendo como si fuera final de campeonato. Desde una mesa cercana, Diego y Rafa lo espiaban detrás de un periódico (sí, uno de verdad, que compraron solo para esa misión). Llevaban lentes de sol dentro del local, como si eso los hiciera invisibles. Y entonces… Ella entró. Hana. Shorts cortos de mezclilla que dejaban a la vista unas piernas de infarto, sudadera oversize gris con el cuello ligeramente caído sobre un hombro, coleta alta desordenada que parecía gritar “me dio igual… pero sé que te mueres por mí”. Y sus tenis skate golpeando suave el piso mientras se acercaba. Travis tragó saliva. Hasta el cappuccino se le bajó del susto. —Hola —dijo ella, deteniéndose frente a la mesa. —Dios mío… —susurró Rafa desde el rincón— es peor en persona. —Pásale —dijo Travis, disimulando la adrenalina con una sonrisa encantadora. Ella se sentó con calma, cruzando una pierna sobre la otra. Travis intentó no mirar demasiado… y fracasó miserablemente. —¿Estás bien? —preguntó ella, notando su silencio. —Sí. Solo… esperando que la NASA venga a buscarte. Porque claramente no eres de este planeta. Ella lo miró con una ceja alzada. —¿En serio usaste esa línea? —Estoy improvisando. Dame chance, me intimidas más que los exámenes de fin de semestre. Ella rió. Travis contuvo el impulso de apuntarse un gol mental. —¿Y tus amigos? —preguntó ella mirando alrededor como quien no quiere la cosa. —¿Qué amigos? Ella giró levemente la cabeza. Diego bajó un poco el periódico. Sus ojos se cruzaron. Hana sonrió. —Estás rodeado de amateurs, Travis. —Lo sé. Pero no tengo el corazón para dejarlos fuera del show. Se quedaron mirándose. —Entonces… —dijo ella al fin, tomando su café—, ¿empezamos a hablar del evento deportivo? —Claro. Aunque entre tú y yo… este ya es el partido más importante de mi vida. Ella rodó los ojos, pero sonrió. Y eso… valía más que cualquier victoria en la cancha.
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