Su mano abandonó mi hombro y desciende por mi espalda hasta unirse a la otra en mi cadera, pero esta vez no doy ningún brinco cuando me agarra. Empieza a entrar y salir a un ritmo lento y controlado. —Eres perfecta —gruñe con voz ronca mientras entra una vez más—. Podría pasarme toda la tarde así, pero no aguanto más. Este placer inesperado es increíble, y estoy al borde de tener el orgasmo más intenso de mi vida. —¡Más fuerte! —grito, suplico y lo necesito. —Como desees —exclama, y me penetra con más ímpetu, agarrado de mi hombro y trazando círculos con el dedo sobre mi clítoris palpitante. Lanzo la cabeza hacia atrás. —Me vengo —jadeo. Siento que su pene se hincha y se estira mientras continúa acelerando. Estoy perdida de placer. —Elliana —grita, y ambos nos dejamos llevar. Me

