Empieza a desabrocharse los botones de la camisa, con la mirada fija en mí, cautivándome. Cuando por fin llega al último botón, echa los hombros atrás y se la quita. Por un instante mi mirada se pierde al ver como se tensan y relajan los músculos de su pecho cuando echa los brazos atrás. Se quita los zapatos y los calcetines, mientras que yo me siento al borde de la desesperación. Solo le falta liberarse de los pantalones para estar desnudo, sí, ¡desnudo para mí! Repaso con la vista su físico perfecto y la boca se me hace agua. ¿Qué es lo que tanto espera? Me ha calentado, estoy rabiosa, ¡quiero que venga a mí! La presión que noto entre las piernas hace que me agite para aliviar los tremendos espasmos que me mortifican. Antes de seguir me levanto y le digo que tengo ganas de hacerlo en

