La operación fue un éxito
Ya estaba todo preparado para el gran golpe: la camioneta con la publicidad, el escondite perfecto, la ropa y las credenciales falsas; lo practicaron varias veces; ya listos, van rumbo a la manada.
A la distancia ya distinguen la camioneta, se ponen en alerta para asegurarse de quiénes entran en la ciudad y quiénes no, para proteger a la manada.
Con un poco de nervios se acercan a una de las entradas.
—Buenos días, somos de la empresa “Pan/Sol Tecnología” y venimos a ofrecer nuestros nuevos paneles solares.
—Necesito ver sus identificaciones —el guardia se acerca y los mira a ambos.
—Necesito revisar la parte trasera de la camioneta, inspeccionar que todo esté en orden —los guardias se acercan a la parte posterior de la camioneta, luego se baja el conductor y les abre las puertas; ellos se suben y observan todo su interior, pero no notaron un doble fondo y los hombres que ahí estaban escondidos.
—Bueno, pueden pasar —al controlar que todo está en orden, se les permite entrar.
Debían seguir una ruta, pero se desviaron hacia la casa de Odelia. Llegan, tocan el timbre y la joven atiende.
—¿Quién es? —pregunta sin sospechar el plan siniestro que ellos tenían.
—¡La señorita Odelia! —pregunta el empleado.
—Sí, soy yo, ¿usted? —intrigada, los observa, sin entender por qué la buscan.
—Señorita, el alfa nos envió a instalar un panel solar en su hogar, al salir seleccionada entre la manada —le explica con seriedad y con mucha formalidad, que Odelia le cree todo lo que le dicen; sonriendo y con mucha amabilidad les abre la puerta de su hogar.
—¿Dónde lo van a colocar? —preocupada porque no sabe dónde instalar el gigante panel, los mira expectante.
—El mejor lugar es en la terraza, donde reciben los rayos solares y convierten la luz del sol en electricidad mediante células fotovoltaicas que captan la energía del sol y la transforman en corriente eléctrica —le explica el joven mientras el resto, cuando ella está conversando con el jefe del grupo, revisaron la casa y descubren que se encontraba sola en ese momento.
Luego, otro le cubre la boca con un somnífero que la duerme profundamente.
La atan de pies y manos con unos precintos y cubren su boca para que, si despierta y aún no pasaron el control, no grite y eche a perder todo el plan.
Envuelven su pequeño y frágil cuerpo con una manta y en medio de dos paneles, la sacan de la casa y la suben a la camioneta; ella duerme tranquilamente sin darse cuenta de lo que sucede a su alrededor.
La deposita suavemente en la cama, que le preparan con plumas para que no se lastimara hasta llegar al reino vampiro.
Guardan todo y dejan la casa en orden como la encontraron, salen despacio y se van para la entrada nuevamente.
—Buenas, debemos volver por las baterías, que acá este empleado se olvidó de cargar y no tenemos cómo demostrar cómo funcionan los paneles y así no nos comprarán ni uno, vamos por ellas y regresamos, amigo —se despide haciendo un gesto con su cabeza.
Salen y una vez que se alejan lo suficiente, el copiloto avisa al rey.
—Señor, todo sucedió como lo planeamos, la misión fue un éxito y ya tenemos a la joven en nuestro poder, estamos en camino al reino —su sonrisa era radiante, sus ojos brillaban de felicidad; ellos chocan sus manos felices celebrando la victoria.
Al llegar un grupo de seguridad, los recibe en la puerta del reino, asegurándose de que sean ellos antes de entrar y como los reconocieron, les elevan la barrera y pasan.
Dentro del reino, el rey y su consejo de ancianos todos corren a conocer a la princesa hechicera, ya está toda la habitación adaptada para que ella esté segura y cómoda.
—Mi rey, aquí está la princesa —él que la lleva en brazos la gira para que el rey pueda ver su rostro.
—Desaten a esta criatura, por favor y traigan comida y jugos frescos; quiero que cuando despierte se sienta cómoda en su habitación.
Traigan a sus doncellas que la cambien y que la acomoden en su cama para que descanse —su tono fue suave, pero autoritario, fueron por las doncellas y llegaron rápidamente.
Todos estaban observando a Odelia con mucha admiración.
—Vamos, fuera, fuera, que deben cambiar a la princesa y no quiero ningún hombre aquí.
Luego que la cambien, me avisan, que yo superviso que esté cómodamente en su cama —el rey empuja a su corte y los saca del lugar casi a empujones.
Salen y las doncellas visten a Odelia con las prendas dignas de una princesa, incluso lleva su tiara en la frente.
—Listo mi rey, ya está cambiada, puede pasar —la doncella, inclinando su cabeza, hace seña de respeto antes que él ingrese en la alcoba.
—¡Qué bella es esta joven! Tenemos lo mejor de la manada —el rey acaricia suavemente su mejilla; ella se mueve lentamente y suspira, gira su rostro y continúa durmiendo.
Él sonríe y la deja descansar —cualquier inconveniente, llaman a los guardias y cuando despierte me avisan que debo hablar con ella —sale de la habitación y se va a su alcoba.
—Mi amor, ya está la princesa con nosotros; ven, vamos a verla, así verás lo hermosa que es.
—¿Ya está aquí?
—Sí, ya está en nuestro reino; ven, vamos y te sorprenderá lo hermosa que es.
—Vamos —mientras iban a conocer a Odelia, se cruzan con el príncipe Matius.
—Padre, ¿es verdad que ya está la hechicera aquí? —pregunta dudando.
—Por supuesto, hijo y no sabes lo bella que es, nosotros estamos yendo a que tu madre la conozca.
—Me higienizaré e iré yo también a conocerla.
El príncipe Matius, que estaba entrenando, se encontraba todo sudado y lleno de polvo, se va a dar una ducha rápidamente para ir a conocer a la princesa.
Entra el rey junto a la reina y Odelia sigue descansando.
—Es bellísima y mira, duerme plácidamente, es digna de ser una princesa.
—Si es muy bella, esperemos que cuando despierte sea tan tranquila y dócil como lo parece ahora.