El rey Lucien vendrá mañana a la manada
El alfa llega a su despacho, furioso, pero antes de levantar el teléfono y llamar, decide calmarse un poco.
—Debes calmarte antes de hablar con ellos; no olvides que una palabra mal dicha o mal interpretada puede generar una guerra con ellos y no es lo que buscamos en este preciso momento —el beta lo nota nervioso, ofuscado y superado por la situación.
Todo lo sucedido no es más que una declaración abierta de guerra; saben que van a venir por Kaleia tarde o temprano.
—Lo sé, pero también sé todo lo que esto significa y creo que tú también sabes todo lo que este incidente provocará. Estos desgraciados van a venir por Kaleia; debemos prepararnos, esto será una sangrienta guerra porque yo no permitiré que la toquen a ella, ni a nadie.
Los voy a destruir antes de que lleguen.
—Así no puedes hablar con ellos, desatarás el caos antes de tiempo —intenta frenarlo, pero el ambiente es muy tenso en ese momento.
El alfa toma el teléfono.
—Elowen, no lo hagas, espera y cálmate —se miran fijo y en los ojos de alfa hay odio y rencor.
—Cálmate, me sé medir aunque quisiera matarlos uno por uno.
Convoca a una reunión urgente con los altos jefes en una hora; debemos prepararnos y evitar que ellos ingresen nuevamente en la manada.
—Yo lo hago, pero de aquí no me muevo y si la llamada se complica, yo tomo el teléfono. Elowen y habla con cuidado, me oíste —el alfa lo mira y con su mirada lo fulmina.
El beta respira hondo y niega con la cabeza.
Toma el teléfono y al levantar la vista, nota la desesperación del beta.
—Tranquilo, me sé medir —le tiemblan las manos, pero de la impotencia que siente, abre su cajón y saca la libreta, donde guardan los teléfonos que nunca quieren utilizar, salvo momentos de suma urgencia.
Mira el nombre Orfeo y ya se le revuelve el estómago, siente náuseas.
Marca el número y espera que atienda.
—Hola —dice sin ganas, respirando hondo.
El rey, al ver el nombre de quien llama, sonríe, pero se hace el desentendido.
—¿Quién habla? —el rey se contiene para no reír.
—Elowen, y creo que ya sabes por qué te llamo.
—Elowen, qué sorpresa escucharte. Te tardaste mucho en llamarme; esperaba tu llamada ayer, pero después pensé que era obvio que Odelia no te interesaba.
—No hables idioteces, eso no es así, tráela de nuevo hasta la puerta de la manada cuanto antes.
—Eso no va a poder ser —comienza a sonreír para provocarlo, aunque por dentro quiere destruirlo —Nunca se dieron cuenta de que ella es una de las nuestras.
Elowen ¿qué les sucede? ¿Ya perdieron el olfato?, sonríe a carcajadas.
—¡Orfeo! No me provoques, porque si quiero ya mismo voy a buscarla y la traigo aquí.
El beta le hace señas que se calme, por favor, pero él lo ignora.
Le hace señas con las manos que lo deje y se retire, pero el beta no se mueve de su lado.
Revolea los ojos con fastidio y niega con la cabeza.
—Elowen, no me estás escuchando. Odelia es la princesa del reino de Irlanda; su abuelo es el rey Lucien.
Al alfa le corre un frío por toda la columna vertebral que lo hace estremecer; el rey Lucien es el ser más perverso y destructivo de todo el mundo.
Luego de la muerte de su hija, atacó a la manada en varias oportunidades, culpándolos del ataque que le provocó la muerte a su hija y a su nieta.
—Y como ya sabes, él es capaz de destruirlos si tocan a Odelia.
—Dile que necesito hablar con ella, necesito verificar todo lo que tú dices, porque para nosotros es una más de nuestra manada.
Ponla al teléfono.
—A mí, tú no me das órdenes.
—No te estoy dando órdenes, solo quiero verificar que todo esté bien y hablar con Odelia.
—Espera —deja el teléfono sobre el escritorio.
Llamen a la princesa Odelia, díganle que el alfa quiere hablar con ella.
El sirviente va por la princesa, como se lo ordenaron.
Golpea la puerta de habitación de Odelia y cuando oyen que pase, el guardia le abre la puerta y este pasa.
Se inclina ante ella —Princesa, el alfa de la manada, quiere hablar con usted —transmite el sirviente amablemente.
Ella sonríe con ternura.
—¿Qué está aquí? —Lucien se altera.
—Calma, cariño, no te alteres —ella le hace señas a su esposo que está Odelia y cuando la mira, a ella se le nota el miedo en su rostro.
—No, está en el teléfono, pero solicita hablar con la princesa.
—Mi amor, quédate con tu abuela que yo hablo con él —su abuelo intenta calmarla, cambió la expresión para no asustarla.
Ella dulcemente le toma la mano y le acaricia el rostro —No abuelito, necesito hablar con él, yo quiero ir a despedirme de mis amigos y traerme mis pertenencias… …Su abuelo está por decir algo y su esposa le toma la mano.
—Sí, está bien, mi amor, es lógico que quieras despedirte de ellos; ve y habla tranquila —su abuela le da un suave beso en la mejilla y Odelia sonríe y se está por levantar para ir a hablar con el alfa.
—Espera, Odelia, yo te acompaño, mi vida —él se suelta de la mano de su esposa y va detrás de Odelia y la acompaña.
Lucien no golpea la puerta y entra directamente al despacho.
El rey los mira, pero como es Lucien, no dice nada.
El alfa, molesto, no le quedó otra opción que esperar.
—Hola Alfa, soy Odelia, ¿cómo estás?
—Hola, Odelia, ¿cómo estás tú? Dime si están oyendo lo que hablamos.
—No alfa.
—Te tienen a la fuerza, ellos te secuestraron, ¿verdad?
Lucien y Orfeo están alertas a sus respuestas.
—Si, pero no, resulta que encontré a mi familia y voy a quedarme con ellos, pero quiero pedirle un gran favor.
—Si, dime —el alfa duda un momento.
—Puedo ir mañana a despedirme de mis amigas y tomar algunas de mis pertenencias.
—Por supuesto.
—Mañana iré y voy con mi abuelo.
El alfa tragó saliva y luego dice casi en un susurro —Está bien, aquí los espero.
—¿Qué pasó, alfa, porque estás así? —se puso pálido de repente.
—El rey Lucien vendrá mañana a la manada —el beta también se paraliza.