Odelia desapareció
Odelia dormía plácidamente cuando llegaron sus abuelos.
—¿Dónde está mi niña? Ya quiero verla —su abuela está nerviosa, le sudaban las manos, está ansiosa y de la emoción comenzó a lagrimear —Llévame con ella, Ati —le pedía a su sobrina casi en una súplica.
—Vamos, ahora está descansando, pero la pueden ver un segundo.
La reina Atiza las lleva hasta su cuarto, entran en silencio y al verla su abuela susurra —Es Hurrem —dice en un susurro, se lleva la mano a la boca y comienza a llorar, sus manos le tiemblan cuanto más se acerca.
Comienza a acariciar su cabello —No necesito un ADN si es la cara de su madre, mira, amor, dime si no es Hurrem.
Ella levanta la vista y el rey está llorando de felicidad, de la emoción no le salen las palabras.
—Ven, cariño —su esposa lo llama, pero está tan impactado que no se puede mover.
Su sobrina lo abraza y lentamente lo acerca hasta ella, él se sienta en la cama.
—Miren, la misma mancha que tenía Hurrem en su brazo. Ellos se sorprenden, ambas tienen la misma mancha y en el mismo lugar.
—Mira, también comparten un lunar arriba en el labio —ellos se miran y sonríen —Son muchas coincidencias para no ser nuestra nieta —ya están seguros de que Odelia es su nieta.
—¿Cómo se llama? —Odelia, tío.
—Odelia, qué bonito nombre, Odelia, hija, despierta.
Ella comienza a moverse, su abuela la acaricia la cabeza —Mi amor, remolona despierta —dice mientras acaricia suavemente su mejilla.
Al sentir su mano en el rostro, ella se despierta y al verse observada, se sobresalta, no los conoce y se asusta.
—No, cariño, no te asustes, somos tus abuelos.
Ella los mira sorprendida y al verlos tan emocionados y llorando, se emociona también y se lanza a sus brazos.
—¡Abuelos! —dice llorando, mientras los abraza fuerte a ambos.
—¡Pequeña! Cuánto te buscamos, yo no quería pensar que también te había perdido, siempre mantuve la esperanza de encontrarte en algún momento de mi vida —su abuelo llora de la emoción, de la felicidad, anheló tanto tiempo vivir ese momento, de volver a tenerla en sus brazos otra vez, de poder volver a besar sus mejillas, que ahora no puede creer que sea real.
—No llores, abuelito, ya estoy acá y no nos vamos a separar nunca más.
Ellos tres se abrazan muy fuerte; es un momento muy íntimo de ellos.
La reina lentamente se aleja y les da su espacio.
—Mañana debemos hacernos los análisis, para estar seguros.
—Mi amor, nosotros no necesitamos comprobar nada, con el parecido a tu madre y compartir las mismas marcas, esa ya es una prueba suficiente de que eres tú nuestra nieta.
Espera, mira, esta es la última foto que se sacaron ustedes juntas.
Odelia, al observar la foto, abre grandes los ojos —Soy yo con una bebé —dice sorprendida.
—Ahora entiendes por qué no necesitamos una prueba de ADN. Aparte, mira el lunar de tu madre y mira el tuyo, bueno, en la foto no se distingue, pero tu madre tenía la misma mancha en el brazo y mira, tú también la tienes.
—Dime, ¿qué fruta es tu preferida? —pregunta su abuelo de repente. Odelia lo mira curiosa.
—Las cerezas, amo esa fruta —sus abuelos se miran y comienzan a sonreír.
—Esa marca es por las cerezas; cuando es la temporada, seguro se pone muy colorada, casi morada, ¿verdad?
—Sí —respondió mientras miraba su antebrazo y con su dedo repasaba la mancha que tenía en él.
Era mucha información para ella; de no saber nada de su familia, ahora oía historia y preguntaba si quería saber más de su madre.
—Y mi padre, ¿cómo se llamaba?
—Remio y era un gran hombre, las amaba a las dos, se desvivía por complacerla a tu madre.
—Sabes, pequeña, en nuestro reino tienes mucha familia que también, cuando se enteren, querrán conocerte.
—Mi amor, es su reino —su abuela repetía orgullosa.
—Sabes que tienes allí unas cuantas hectáreas de plantaciones de cerezos. Esos los plantamos con tu madre cuando era niña.
Un día me dijo que quería muchos árboles de cerezas, para comer hasta llenar su pancita. Entonces yo mandé a traer miles de árboles y los plantamos y ella me ayudó con muchos, hasta que se cansó y solo se sentó a observar cómo nosotros seguíamos plantando; luego se durmió y la levanté en brazos y se la entregué a tu abuela y ella la llevó a su cama.
Al día siguiente la tuve que llevar hasta las plantaciones para que vea que aún no había cerezas —relataba su abuelo con mucho cariño y se le llenaban los ojos de lágrimas al recordar a su niña.
Así estuvieron durante largas horas conversando sobre la niñez y la infancia de su madre y las aventuras con su padre.
Mientras en la manada.
Al día siguiente, cuando Odelia no aparecía y no respondía al teléfono, en el hogar se comenzaron a preocupar.
La directora se acercó y tocó el timbre de su casa, pero nadie respondía; luego llama a las chicas que viven con ella y ninguna la había visto desde el día anterior, solo se cruzaron con ella al despertar, como no la podían localizar, fueron a hablar con el alfa.
Llegan al edificio de la manada y piden hablar con el alfa, algo urgente.
—Alfa, lo buscan, no quieren hablar con él beta, dijeron que era algo de suma importancia.
—Bueno, que pasen —respondió fastidiado porque tenía mucho trabajo y se imaginó que seguro era algo sin importancia; seguramente era pedir agrandar su presupuesto para el hogar.
—Alfa, disculpe que lo molestemos, pero necesitamos su ayuda, vinimos porque tenemos un problema muy grave, desapareció desde ayer la joven Odelia y no la encontramos por ningún lugar y nos parece raro porque todas sus pertenencias están en su casa y eso nos preocupa.
El alfa seguía con su trabajo en la computadora, mientras las oía, pero dejó todo cuando se dio cuenta de la gravedad del asunto.
—¿Nadie sabe nada de ella? Preguntaron si no está con un novio o amigo.
—Alfa, ella tiene quince años.
El alfa piensa enseguida que tienen la misma edad que Kaleia.
—Déjenme que ya comenzaré a investigar qué sucedió con esta niña y en cuanto sepa algo, yo mismo llamo al hogar y hablo con usted.
Se saludan y luego ellas se retiran.