BLAKE ASHFORD El club ardía esa noche. Luces bajas, música grave que retumbaba en el pecho, olor a cuero, sudor y perfume caro. Apenas crucé la puerta, sentí el peso del día desprenderse como piel muerta. No quería pensar en Gigi, en Moisés Wright, ni en la puta prensa. Quería perderme, fundirme en carne y jadeos hasta olvidar mi propio nombre. Olivia apareció casi de inmediato, como un satélite girando a mi alrededor. El vestido corto, los ojos brillando detrás del antifaz que yo mismo le había puesto días atrás. Se pegó a mi brazo, intentando atraer mi atención como si fuera la única en la sala. —Blake… —susurró, húmeda en la voz—. Ven conmigo, tengo ganas de ti otra vez, de que me folles solo a mí. Me reí bajo, con una mezcla de ternura y desprecio. —No, muñeca. Esta noche no quier

