BLAKE ASHFORD El salón privado del club no se parecía a nada del resto. No había luces rojas parpadeantes ni jaulas decorativas, tampoco los sillones compartidos del salón de orgías. Aquí el aire era distinto: limpio, pesado, cargado de ese silencio expectante que se respira en una sala donde todo lo que ocurre queda grabado en las paredes. Lo primero que hice fue cerrar las cortinas negras que cubrían las paredes. No quería distracciones, no quería ojos ajenos. Esta sesión no era para el público, era para mí y para Gigi. Para nosotros dos… y la pieza que iba a poner en el tablero. Encendí la cámara, comprobando el ángulo. La acomodé en el trípode frente a la silla de cuero en la que pensaba sentarme, ligeramente baja para que captara mi cuerpo entero y dejara el antifaz como la única s

