La primera experiencia, forjando una rara amistad (parte 2)

2003 Words
BLAKE ASHFORD (15 años) El ático huele a madera húmeda y polvo. Siempre que cierro la puerta, siento que el mundo queda lejos. Esta vez no es un refugio ni un escondite: es un escenario. Lo preparo desde la tarde. Muevo un banco viejo hasta la esquina, coloco la lámpara portátil donde la luz no deslumbre. Y, sobre todo, acomodo el espejo. Un rectángulo grande, abandonado de alguna aula de danza, que me tomé la molestia de limpiar. Lo apoyo contra la pared, ligeramente inclinado, para que desde donde voy a estar se refleje justo lo que quiero ver: el cuerpo de Valeria arqueándose, su rostro cubierto por la venda, y mi dominio sobre ella. Pero el espejo también me regala otra cosa: el ángulo para observar a Peter. Porque esta vez no lo quiero escondido como un fantasma en la sombra. Esta vez lo quiero en rango visual. Que su respiración agitada, su mano temblando, sean parte del espectáculo que solo yo dirijo. Peter sube puntual, vestido de n***o como le indiqué. Apenas entra, me mira un instante y baja la cabeza. Nervioso, excitado, obediente. —Ahí —le marco con el dedo hacia la columna que elegí—. No un paso más. Asiente y se queda inmóvil. Sé que dentro de él arde la impaciencia. Valeria llega después. Sus botas hacen crujir la madera, y su perfume corta el polvo del ático. Cuando me ve, sonríe, aunque hay nervio en sus ojos. Es mayor, tiene más experiencia, pero conmigo ya aprendió que el control no siempre lo tiene quien más sabe. —¿Qué planeas hoy? —pregunta, medio divertida. —Un juego. —Le muestro la venda. Ella la observa unos segundos. Su respiración cambia, pero extiende la mano y la toma. —Está bien. Me acerco y la ato con cuidado, ajustándola detrás de su cabeza. Le susurro al oído: —Recuerda, si dices “alto”, todo termina. —Lo sé. —Su voz es baja, pero firme. La guio al centro del ático, la desnudo, deandola expuesta a los ojos lascivos de Peter... a quien le indico que se desnude, Peter se sorprende, pero yo le sonrío con malicia. Me coloco detras de Valería, la rodeo con mis brazos, y comienzo a apretar sus tetas, mostrandoselas a Peter, el abre los ojos. —No estamos solos, Vale—Le digo con la voz ronca—Pero solo nos esta mirando Valeria asiente. Me desnudo, deando que Peter vuelva a ver mi cuerpo, esto lo vuelve a impresionar. Pero también le da confianza, y se desnuda. Detallo el cuerpo de Peter, es fuerte, no marcado, de hecho esta algo bofo, es alto, mas que yo. Y aunque otras veces le he visto la v***a, nunca en una situación así... debo decirlo, verlo ahora, excitado y con el pene apuntando hacia nosotro, es jodidamente excitante... Afortunadamente Valeria es de lo mas flexible, así que le tomo un pierna y hago que la levante, se la sostengo para que su v****a quede bien expuesta a Peter que se lame los labios. —Masturbate para mi, Vale—Le ordeno, ella duda y con voz autoritaria agrego—Sabes lo que pasa cuando no obedeces, reina Ella asiente, y así mientras yo sostengo, su pierna en el aire, mientras ella se estimula el c******s, yo la veo atravez del espejo, y puedo ver de reojo el pene de Peter brincar... sus ojos se abren mas, y casi puedo verlo salivar...Ella esta apunto del orgasmo, pero le detengo su mano, gruñe de frustración. —De rodillas, reina—Ella se arrodilla, la ayudo para que no se lastime al final esta vendada, me coloque delante de ella—Abre la boca —Blake...—Trata de decir, pero no la dejo porque le pongo la v***a en la boca, sus manos instintivamente se van a mis muslos, sonrío de medio lado, cuando no tarda nada en empezar a mamarmela, mierda si, Valeria es una maldita experta en chuparla, y que Peter este ahí mirandonos, es jodidamente excitante. Veo como con timidez, Peter empieza a mover la mano sobre su pene, giro la cabeza para verlo, detiene su movimiento con miedo, la idea de que espera mi aprobación me prende mas. Miro su mano sobre su pene, y asiento, el sonríe con alivio y sigue tocandose... regreso mi atención a la trigueña que me tiene en su boca, tomo su cabeza con fuerza y comienzo a embestirla, duro, se que detras de la venda tiene los ojos llorosos, la he visto decenas de veces tragandosela hasta el fondo. No soy pendejo, no soy el unico en su vida, pero la idea de que su experiencia me esta dando lo que necesito, es grandioso. —Eso, puta, comela toda—Le digo, regresando a nuestro viejo lenguaje, ese que la pone al mil, que la caliente mas que la follada en si—Mas te vale no desperdiciar una sola gota... Ella asiente, e imprimo mas velocidad, mas fuerza, toco su garganta y eso es justo lo que necesito, para vaciarme en su boca... ella se atraganta, pero no salgo, empujo con mas fuerza, para que lo trague todo... Cuando salgo de ella, yo aun estoy duro, la escena me gusta... me pongo de tras de ella, me hinco, y le toco las tetas, de nuevo se las muestro a Peter, que justo se esta corriendo, veo como salen chorros de semen, mientras muerde su otra mano para no hacer ruido, esa es la regla. Valeria no puede saber que he dejado que Peter se masturbe mirandonos. —Ponte en cuatro—Le digo a Valeria y obdece, excitada, deseosa. Le acaricio las nalgas... las azoto un poco, y veo como Peter de nuevo ya esta duro, lo miro con burla, y el muerde su labio inferior... Me pongo el condón rapidamente. Sin esperar mas, de un solo movimiento entro en ella, hasta el fondo, mi cuerpo choca con el de ella, la tomo de la cadera, y comienzo a embestirla, miro entre el espejo, donde puedo ver como las tetas se le mueven, como muerde sus labios, y como me la follo delicioso, y justo a lado del espejo, esta peter masturbandose como loco, mientras nos mira, su mano se mueve frenetica sobre su dura v***a, mueve su cadera acompañando a su mano. —Blake, si, no pares... —Eres mi zorra, Valeria... te encanta follar —Si —Sabes que Peter muere por tocarte —No—Dice ella—Solo ver —Bien—Le digo frustrado, pero no dejo de embestir. La azoto como castigo de negarse a que Peter la toque. La tomo del cabello, jalo de ella, la embisto, la someto Estoy cerca de correrme, demasiado, ella empieza a arquearse, lista, puedo ver como Peter comienza a poner los oos en blanco. Valeria aprieta mi pene con su orgasmo, le quito la venda. Lo primero que ve es a nosotros en el espejo, mi sonrisa burlona, pero 2 segundos después ve a Peter a lado, con la v***a en la mano, jadeando con fuerza, esta vez sin reprimirse, cuando un chorro de semen sale del pene de Peter, el orgasmo de Valeria se intensifica y la escena en si, a mi me hace perminar como un maldito animal salvaje, con una ultima embestida, fuerte y deliciosa me vacio en el condón... La sostengo firme, no la dejo caer. Peter jadea más fuerte, desbordado, atrapado en su propia urgencia. El espejo lo muestra todo: placer, locura, exceso. Y yo en el centro, dueño de cada respiración. Valeria se desploma al suelo, jadeando. Me mira, luego gira hacia Peter, y la realidad la golpea. —¡Están enfermos! —grita, con lágrimas de rabia y confusión. Se viste de prisa, recoge sus cosas y huye del ático, los pasos resonando como látigos en la escalera. El silencio que queda es brutal. Solo se escucha la respiración entrecortada de Peter. Me mira, temblando, con el rostro rojo de excitación y vergüenza. Yo respiro hondo, aún con el eco del orgasmo de Valeria en mi piel, y sonrío. El ático huele a sexo, a polvo y a poder. Y sé que algo cambió esta noche. En mí. En Peter. En Valeria. Nadie saldrá igual de este secreto. Peter y yo nos dejamos caer sobre el suelo áspero, desnudos, los cuerpos todavía brillando de calor. El silencio es pesado, solo roto por nuestra respiración desordenada. Me quedo mirando el techo, la lámpara portátil proyecta sombras irregulares en las vigas. Mi pecho sube y baja, pero mi rostro está sereno. Siempre sereno. Peter no. Peter ríe entrecortado, como si acabara de salir de un sueño febril. Su risa se mezcla con jadeos, con palabras sueltas que no termina de armar. —Dios… Blake… —gira la cabeza hacia mí, con el rostro enrojecido, el sudor pegado al cabello—. No puedo… no puedo creer lo que pasó. Lo dejo hablar. —Lo vi… lo vi todo. —Se frota la cara con las manos, eufórico—. Cómo gemía, cómo se rendía… y tú… tú eras como… como un maldito animal. Y yo aquí… jadeando como un loco. Cierra los ojos, se ríe otra vez, incrédulo. —Creo que nunca me había corrido así en mi vida —dice, todavía agitado—. Joder, Blake. Estoy… estoy enfermo, ¿no? —Todos lo estamos. —Mi voz suena tranquila, casi fría. Él me mira, buscando complicidad. Yo sigo mirando el techo. —No me importa —continúa—. No me importa si es enfermizo. Necesito más. —Su respiración se acelera de nuevo—. No sabes lo que siento ahora mismo. Es como… como si me hubiera drogado. Se incorpora un poco, apoya el codo en el suelo. Sus ojos brillan de ansiedad. —Quiero repetirlo —dice de golpe—. Quiero volver a hacerlo. Sus palabras rebotan en las vigas del ático. Yo no me muevo. —¿Escuchaste? —insiste, casi con desesperación—. Quiero repetirlo, Blake. Entonces giro la cabeza hacia él. Lo observo un segundo, y sonrío apenas, malicioso. —Claro que lo repetiremos. Peter abre los ojos, sorprendido, esperanzado. —¿De verdad? —Sí. —Vuelvo a mirar el techo, relajado—. Pero no ahora. Dale tiempo. Él se muerde el labio, inquieto. —No creo que Valeria quiera volver después de esto. ¿La viste? Nos llamó enfermos, se fue hecha una furia. —Valeria volverá. —Mi voz es firme, casi una sentencia—. Porque no importa lo que diga. Lo que sintió hoy… fue demasiado fuerte para olvidarlo. Peter me observa, dudando. Yo sigo hablando: —Se alejará un tiempo, sí. Intentará convencerse de que no. Pero su cuerpo recordará. Y cuando regrese, será más vulnerable que nunca. Peter traga saliva, como si mis palabras fueran un conjuro. —¿Y… y entonces? —pregunta, con la voz temblorosa. Vuelvo a sonreír, esta vez con calma cruel. Giro la cabeza hacia él y lo miro directo. —Entonces serás tú. Peter parpadea. —¿Yo? —Sí. —Me incorporo un poco, apoyando el codo en el suelo—. La próxima vez, tú estarás en mi lugar. Tú la tendrás. Él se queda mudo, el corazón golpeándole en el pecho. —¿Y tú? —pregunta, incrédulo. —Yo observaré. —Dejo que la frase caiga despacio, como un peso de plomo—. Desde el mejor ángulo. Peter se queda en shock unos segundos, procesando lo que acaba de escuchar. Luego su respiración se agita otra vez, y una sonrisa torcida le cruza el rostro. —Joder, Blake… —ríe, casi temblando—. Eres un maldito cabrón. —Lo sé. —Me recuesto de nuevo, mirando el techo. El silencio vuelve, pero ahora está cargado de algo nuevo. Una promesa torcida, peligrosa. Y yo, en calma, ya empiezo a diseñar la próxima escena.
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