Capítulo 5: Los fantasmas del pasado

1176 Words
Mi cuerpo se siente tan tenso que duele, me enderezo para mirar a Alonso a la cara y esperar que todo sea una broma, una broma de muy mal gusto, pero no, Alonso tiene el rostro serio. —¡Espero que sea una maldita broma! —digo alterada, Alonso niega. —Mi papá me llamó para contarme —dice, me paso la mano por el pelo nerviosa, Javier estaba loco, y ahora está suelto y loco. —Pero si, ¡demonios!, le quedaban muchos años más —digo, Alonso se encoge de hombros. —Creo que por buena conducta, se supone que tendrá arresto domiciliario —dice, yo lo miro incrédula. —¡Pero si ni siquiera tenía casa! —digo, porque así fue como comenzó nuestra pesadilla, de él llegando a vivir a nuestra casa con la loca de su mamá. —¡No lo sé!, Tamara deja de gritar —grita Alonso —. ¡Calmate! —¿cómo espera que me calme?  si el loco de patio de Javier me secuestro, y ahora está suelto.     —No puedo calmarme, ese idiota casi me mata, ¿lo recuerdas? —digo para luego tirarme en la cama, Alonso deja caer su mano en mi frente para luego comenzar a hacerme cariño en el pelo, cierro los ojos. —Lo recuerdo perfecto —dice  —Tengo miedo —confieso, porque lo hago, tengo mucho miedo de que Javier regrese por venganza. —Tranquila nena, ¡yo estoy aquí! —me doy vuelta y lo abrazó, escondiendo mi cabeza en el hueco que hace en su cuello, respiro el perfume suave de Alonso, un perfume que yo le regale. —¿Por qué cuando las cosas comienzan a ir bien para nosotros, pasa esto? —pregunto en voz baja —No dejaremos que esto nos afecte, estamos empezando una vida nueva y Javier está en el pasado —dice, yo asiento pero no estoy tan segura de eso. Javier marco nuestras vidas, para ambos, solíamos tener pesadillas cada noche, tuvimos que ir a un psicologo para tratarnos el estres post traumatico, obvio tuve que obligar a Alonso a ir, decía que no las tenía pero yo sabía que si, a veces lo escucha quejarse mientras dormía. Luego de eso las pesadillas fueron disminuyendo hasta esfumarse. Los primeros días después que me rescataron, no podía salir a la calle, miraba hacia todos lados, incluso si iba acompañada de mi madre o de Alonso. Me costó mucho volver a reponerme, y aunque yo no quisiera, esta noticia arriesgaba todo mi progreso. No quería quedarme aquí, no tenía ánimos para estar sola, ni menos para lidiar con Rebecca. Así que me fui a la habitacion de Diego y Alonso. Allá me sentía más segura. Cuando entramos a la habitación Diego no estaba. —¿Y Diego? —pregunto, Alonso se encoge de hombros. —Cuando me fui estaba aquí —yo ruedo los ojos, Diego es demasiado fugaz, sobre todo con las mujeres. —Bueno, mas tiempo para nosotros —digo tirándolo a la cama conmigo.  Encendemos la tele, porque sí, Alonso y Diego pensaron que era buena idea traer una tele, y si bien al principio me rei, ahora me parece que era una buena idea. Alonso puso una película desde su celular, osea desde Netflix, ya que la tele se conectaba con el celular, así de moderno es todo ahora. Era una película de un perrito, “La razón de estar contigo” no puedo decir que no llore porque lo hice, de hecho en la primera parte cuando se muere como buddy, lloré, no podía evitarlo. —¿Ya estás llorando? —pregunta Alonso riendo —¡No!  —me limpio los ojos disimuladamente con las manos, y cuando creo que paso desapercibido, Alonso suelta una sonora carcajada.  —¡Eres demasiado sensible! —dice, yo niego. —No, ¡tú eres demasiado insensible! —digo. Tuve que contenerme para no llorar toda la película. Esa es mi verdad. La puerta se abre de golpe, asustandome, Diego entra como alma que lleva el diablo, respirando agitado. Le pongo pausa a la película, va en la mejor parte y obvio necesito saber que le paso a Diego. —¿Qué diablos te paso a ti? —digo sentandome en la cama. —Conocí a una chica, resulta que tenia un novio fisicoculturista que me ha venido persiguiendo todo el camino —dice, miro a Alonso y nos largamos a reír —. ¡No se rían, no es gracioso! —dice, escuchamos al chico gritar por el pasillo. —Eso para que dejes de ser tan mujeriego —le digo apuntándole con el dedo, él rueda los ojos. —Ella debió haberme dicho que tenía novio desde un principio —dice Diego, yo me encojo de hombros. —¿Tú se lo preguntaste? —pregunto, él niega —. Entonces también es tu culpa — Por supuesto que es su culpa, aunque de ambos si ponderamos, ya que ella para empezar no debería haber coqueteado con Diego si tenia novio, pero Diego debio haberselo preguntado apenas comenzaron a hablar. —¿Estas llorando? —pregunta mirándome confundido, yo niego —Apuesto que está viendo una pelicula de perros —dice rodando los ojos. —Así mismito es — dice Alonso, y Diego ríe despacio, justo cuando va a decir algo golpean fuertemente la puerta.  —Tamara abre tu, porfavor —me pide, nuevamente este chico golpea aún más fuerte la puerta, y como yo me emputesco rapidito, me paro muy enojada, osea, que mierda se cree para venir a golpear la puerta de esa forma. Abro la puerta y me encuentro con tremendo animal, Diego tenía razón, el chico echaba humo por las orejas. —¿Que quieres? —pregunto mirándome las uñas, sin prestarle atención. —¿Que, que quiero? —pregunta, lo miro y levanto una ceja, tanto músculo le afectó el cerebro. —Si musculito, eso te pregunté —él intenta pasar pero me pongo enfrente—. ¡QUIEN MIERDA TE CREES QUE ERES PARA VENIR A GOLPEAR LA PUERTA DE MI HABITACIÓN DE ESA MANERA, ENERGÚMENO!  —grito, el estúpido se hace para atras un poco, creo sorprendido de que yo reaccionara así y no me sintiera intimidada por él. —Estoy buscando a… —  —¡ME IMPORTA UNA REVERENDA MIERDA A QUIEN  CARAJOS ESTÁS BUSCANDO! —digo acercándome a él —¡SI CUANDO PESTAÑEE NO DESAPARECES DE AQUÍ TE VAS A ARREPENTIR! — El músculos levanta las manos y se da media vuelta para bajar las escaleras, yo dentro y cierro la puerta, Alonso y Diego están mirandome atónitos, yo ruedo los ojos y me toco el puente de la nariz. —Espero que esto no se vuelva a repetir —le advierto a Diego —¿Pero que acaba de pasar? —preguntan ambos al mismo tiempo —¡Era tremendo animal! —exclama Diego. —Ustedes son unas niñitas con pene —digo volviendo a tirarme en la cama y apretando play de la película —. Ahora se me callan y dejan que termine de ver la película — Al cabo de unos minutos, aparece otra escena que me rompe el alma, y es cuando muere siendo un perro policial, siento las lágrimas caer de mis ojos. —Se enfrenta a un tremendo musculoso, como si nada, pero llora si un perro se muere en una película —dice Diego rodando los ojos. —No es capaz de enfrentar a otro hombre, pero no llora viendo  morir un perrito —digo  —Tengo algo que contarte Diego, creo que es mejor que lo sepamos todos para andar precavidos, no psicóticos, pero si precavidos —comienza Alonso, y se perfectamente lo que va a decir. —¿Que sucede? —pregunta Diego —Javier salió de la cárcel —suelta. Diego no dice nada, y yo en lo único que puedo pensar es que los fantasmas de nuestro pasado han vuelto a aparecer, justo cuando estamos siguiendo adelante, aparecen para torturarnos
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