– Padre, debo hablar contigo -pedí siendo consciente que me sentía desesperado y nervioso. Solo pensar que podía perder a mi Luna Amelia me ponía intranquilo.
– Claro, vamos a la biblioteca -respondió papá relajado, pero en el camino olí su fastidio. Había captado la razón de mi cambio de humor.
– Haldir, Ravi, Elrond y Kiram, ¿podrían acompañarnos? -necesitaba que me ayuden a pensar, y sí que lo hicieron.
Dejaba el comedor cuando Amelia jaló de mi mano, y al ponerle atención, me di cuenta que ella estuvo percibiendo mis emociones. «Carajo, ¿qué le digo? ¿Cómo la tranquilizo si yo mismo no lo estoy?».
– No te preocupes, amor. Acabo de recordar que tengo un asunto que solucionar antes de ser el nuevo Alfa. Por favor, empieza a ver el tema de la boda con ayuda de mamá, mis hermanas y Caroline. Ya vengo -me fui dejándole un beso en la frente y otro en los labios.
Ni bien crucé el umbral de la biblioteca, todos comenzaron a cuestionar si había cerrado el tema de Laura antes de viajar a Perú. Al decirles que ella nunca confirmó que aceptaba terminar la relación y que yo estaba confundido, porque pensaba en rechazar a Amelia, sentí que me juzgaban. Traté de excusarme con el mismo rollo de siempre, pero solo era para no sentirme tan culpable de ser quien pudiera causar mi desgracia, ya que temía dañar a Amelia y que me deje por no aceptar que tuve una relación antes de que ella llegara a mi vida. Mi padre señaló que sea cual sea el motivo que me llevó a enredarme con Laura, era responsable de todo y debía asumir mi error. Ahí fue cuando abrí mis sentimientos y les manifesté que estaba muy arrepentido de lo que hice.
Haldir acotó que cuando inicié la relación con Laura fui explícito al indicar que lo nuestro se acababa al aparecer el primer predestinado, por lo que ella sabía que algún día todo tendría un fin. Y así fue, pero cuando se dio la situación, ella no quiso aceptar que nos debíamos alejar, y les comenté que me pidió ser mi amante, pero como no quise caer más bajo de donde ya estaba, la rechacé. También les dije que ella señaló que, si no era feliz, yo no lo sería, y que eso me sonó a que era capaz de hacerle daño a mi Luna. Papá estalló en rabia al tan solo imaginar que Laura llegaba a Perú para atacar a Amelia. Todos estábamos algo alterados por la posibilidad de que la futura Luna de la manada sufra algún tipo de atentado, y ya pensábamos en una respuesta violenta, pero Kiram pidió la palabra y nos dio su punto de vista.
Mi sobrino mostró ser un buen analista y dio una acertada opinión, en la cual defendió que lo mejor era tratar el problema de Alfa a Alfa, por lo que mencionó que era necesario que pronto asuma el mando de la manada. Asimismo, resaltó que los miembros de la manada en Lima que habían sido elegidos para ser guerreros necesitaban recibir el entrenamiento, por lo que propuso que traslademos a Catalin a Lima. Esa idea fue descartada por ser muy riesgosa. En lo personal, nunca me interesó el tema de Thomas y Catalin, solo sabía que él fue el Beta de mi bisabuelo Karl, pero perdió el rango al unirse a su predestinada, una vampira, la hija del líder del Clan Dracul. Mi padre indicaba que tener a Catalin lejos de su predestinado licántropo conllevaba un gran riesgo, así que indiqué que sería mejor descartar esa opción, y más bien pedirle a Marion, a Haldir y a mi séquito que entrenen a los guerreros. Así acordamos que el siguiente sábado sería la Ceremonia de Entrega del Mando Alfa y de Séquito en Perú.
(…)
Al regresar al lado de Amelia, la sentí preocupada. «¿Será por mi reacción?», me pregunté a mí mismo, pero no me preocupé, preferí mantenerme calmado. Al preguntarle a Amelia en qué pensaba, dijo que le preocupaba que el número de invitados a la boda pueda superar el millar. Mencioné que usualmente lidiamos con eventos más grandes, como cuando se realiza la sucesión de mando de padre a hijo, lo que papá aprovechó para comunicarle a las hembras de la familia que habíamos decidido realizar la ceremonia el próximo sábado. Al preguntar las hembras por el motivo del apuro, mi padre indicó que había temas que yo debía resolver siendo el Alfa antes de que se efectúe la boda. Entregó la responsabilidad de la planeación del evento a mamá y a mis hermanas, a la vez que pidió incluir a Amelia y a Caroline en la organización.
Como aún era temprano para salir hacia el restaurante en donde Marianne había hecho una reservación para almorzar y seguir celebrando mi unión con Amelia, la invité a caminar por el jardín frontal de la mansión. Mientras observaba las flores y detalles que componían ese espacio, yo solo podía pensar en cómo abordar el tema de Laura. No quería seguir ocultando ese detalle a mi Luna, no cuando en menos de una semana llegarían las delegaciones de las otras manadas por la ceremonia en la que se me proclamaría Alfa, entre las que estaría la de la Manada Barone. Sin estrategia alguna, comencé a hablar con notoria preocupación.
– ¿Eres feliz, Amelia?
– Sí, muy feliz -notó mi preocupación y queriendo tranquilizarme acarició mi rostro-. ¿Tú lo eres?
– Sí, como no te imaginas -la idea de perderla hacía que me llene de desesperación y tristeza, de miedo.
– ¿Por qué siento tan raro? ¿Algo te preocupa, asusta? Es como si pensaras que vas a perder algo muy importante -siempre supo leer mis emociones y expresiones faciales.
– Amelia, ¿serías capaz de dejarme? -pregunté hincando una rodilla enfrente de ella.
– Por lo intenso del amor que experimento por ti, diría que no. ¿Por qué me haces esa pregunta? ¿No es que las almas gemelas no se separan tras el encuentro? –preguntó con notoria confusión, una que nació por cómo yo me sentía en ese momento.
– Los humanos son especiales. Su naturaleza no les permite reconocer a su alma gemela, por lo que algunos se unen y separan de diferentes parejas muchas veces; otros por miedo inconsciente se aferran a quienes no son sus compañeros predestinados, y hay quienes ni intentan encontrar a su destino, quedándose solos. Por ello los humanos pueden, sin dañar su esencia, alejarse de su alma gemela y continuar con sus vidas terrenales -temía tanto que a ella se le pasara por la cabeza la idea de alejarse de mí, ya que, si la perdía, no lo soportaría porque no quería regresar a la vida que tuve cuando estudiaba en Cambridge.
– Eso quiere decir que, ¿podría alejarme de ti, si es que me hieres o decepcionas? -eso era lo que temía, que la pudiera herir o decepcionar al confesarle lo de Laura. Empecé a llorar, aunque hice el esfuerzo por evitarlo-. Stefan, ¿qué sucede? Me estás asustando.
– Hay algo que debo confesar -mi voz era fuerte, pero no podía mirarla a los ojos -. Antes de ti, hubo otra mujer. Estuve con ella casi cinco años de mi vida, cuando más solo me sentía. Ella fue importante, pero no al nivel que tú lo eres para mí ahora. Y mi miedo es porque temo que el fantasma de esa relación pueda dañarte y que decidas alejarte de mí.
– Stefan -besó mis cabellos. El tono de su voz y el amor que afloró en su aroma me dio tranquilidad, la cual creció al escuchar lo que continúo diciendo-, lo que hiciste antes de mí, no me importa. Quizá te preocupas porque sabes que los celos en los humanos son destructivos, más cuando los sentimos por relaciones y personas del pasado, pero yo soy consciente de que todos tenemos un pasado que no podemos cambiar. Decidí que viviría solo mi presente cuando llegué a la conclusión que añorar mi pasado no iba a darme una familia y todo el amor que no pude sentir por parte de mis padres. Mientras que ella no sea parte de tu presente, no me importa lo que hayas hecho antes.
– Ella fue mi primera amante -dije levantando la mirada. Eso, que Laura haya sido la primera, era algo que me mortificaba, y quería estar seguro de que no afectaría a Amelia.
– Y yo soy la última -dijo secando mis lágrimas-. No me importa que con ella hayas iniciado tu experiencia s****l.
– Pero tú te entregaste virgen. Soy y seré el único en tu vida, algo que tú no puedes ser para mí –insistía porque quería estar seguro de que el no importarle el pasado fuera completamente verdad, y no solo lo dijera para hacerme sentir mejor.
– Si no hubiera sido virgen, ¿me hubieras rechazado? ¿Estaría mal que no lo fuera? –preguntó, y de inmediato respondí para que no le quedara la menor duda de mis sentimientos.
– Eso no es importante -tomé sus manos y las besé-. A mí solo me importa que desde que te hice mía solo seas para mí.
– Pues, yo pienso igual -dejó un beso en mi frente que me consoló y despejó toda duda-. Mientras que, después de ser mío, respetes la exclusividad de nuestra relación, todo irá bien entre nosotros.
– No podría pensar, mirar o tocar a otra mujer que no seas tú -el deseo había deshecho todas las emociones que me dañaban, y la besé con tanta necesidad que debimos separarnos cuando nos faltó el aire.
– Tenemos algo más de tiempo antes de ir a almorzar -se contagió de mi deseo, que me propuso encontrarnos como macho y hembra predestinados otra vez.
– No quiero despedazar tu ropa -pegué mi frente a la suya, intentando controlar mis ganas por ella.
– No tenemos que estar completamente desnudos para unirnos. Será algo rápido.
Esa última oración la pronunció de una manera tan sensual que no pude contener el fuego que había encendido en mí. La cargué en mis brazos y corrí lo más rápido que pude hacia nuestra habitación. Entré a la mansión por la cochera para que nadie nos vea. Ya en nuestra habitación, puse seguro a la puerta mientras ella comenzaba a sacarse los botines. Esa fue la primera vez que hicimos el amor fuera de una cama y sin tantos previos. Ella me excitaba a tal nivel que llegaba a ponerme bien duro en pocos minutos, y yo lograba con un demandante beso hacer que ella esté lista para recibirme. Con cada beso, caricia, gemido que me prodigó, borró de mí la duda y preocupación por desconocer su reacción ante mi pasado. «Solo puedo agradecer que seas mi destino y capaz de amarme sin reprochar lo que hice antes de encontrarte. Como humana, eres libre de elegir, y me eliges a mí», pensé.
– Te amo, Amelia -le dije varias veces mientras seguía derramando besos por su rostro y cuello.
– Y yo a ti como no tienes idea. No dudes de mi amor, Stefan, y tampoco dudes de mí. Soy más fuerte de lo que aparento.
Durante el almuerzo compartimos miradas cómplices que la familia reparó, pero no comentaron para no apenar a Amelia, ya que notaron que se mostraba más coqueta, cariñosa y no quisieron decir algo que la haga retroceder en el progreso que había alcanzado en perder el pudor conmigo. En un momento que Amelia fue a los servicios higiénicos, papá se acercó para conversar.
– Me alegra mucho ver que poco a poco se vuelven más cercanos, más íntimos. Amelia está perdiendo la timidez muy rápido -dijo sonriendo y palmeando mi espalda. Sonreí al recordar lo que terminamos haciendo tras la penosa confesión que hice.
– Eres mi padre y por ello sé que puedo compartir mi intimidad contigo, para que me puedas aconsejar -dije porque quería asegurarme que hice bien al confesarle que no fue la primera hembra en mi vida.
– Estoy ahora y siempre, hijo –que mi padre ofreciera con esas palabras su apoyo, me dio mayor seguridad para compartir con él lo que acababa de confesarle a Amelia.
– Mientras caminaba por el jardín con Amelia, decidí confesarle sobre la relación que tuve por casi cinco años antes que ella apareciera -mi padre me miraba serio, escuchaba atentamente-. Lo hice porque me mataba la duda sobre si Amelia sería capaz de perdonar que haya estado con otra hembra antes que ella, y decidí enfrentar responsablemente la reacción que mi proceder en el pasado afectaba como consecuencia a mi presente.
– Eso fue algo muy maduro y arriesgado porque los humanos son impredecibles -pude oler que se sentía orgulloso de mí-. Supongo que ella perdonó tu error, ya que la veo más cercana a ti.
– En verdad, no perdonó mi error, sino que no reparó en los sucesos del pasado -me encogí de hombros con una sonrisa-. A ella no le importa lo que hice antes de encontrarla, pero sí me exige exclusividad y respeto a partir de que ya somos una pareja consolidada, algo que definitivamente cumpliré por siempre.
– Si fuimos considerados por el Dios Supremo como una bendición para los humanos, es por cómo vivimos nuestra relación de pareja y de familia. Para los licántropos es vital no faltar ni fallar a los que amamos y nos aman, y la base de ese amor es nuestra fe. Tu error fue no creer, pero al sufrir las consecuencias de tu falta de fe, ahora eres un mejor macho. Amelia será feliz contigo, dure el tiempo que dure el que estén juntos, y sobre eso viene el consejo que te puedo dar: nunca repares en el futuro más que en el presente al vivir tu relación predestinada. Como Alfa y estratega, buscarás adelantarte a las posibles acciones y reacciones de quienes pretendan atacar o perjudicar a la manada, pero con respecto a tu relación con Amelia, solo vive el presente. Pon todos tus agudos sentidos atentos a cada segundo que pases con ella, así disfrutarás al máximo. No pienses en su mortalidad. Hay tantas cosas que aún no entendemos de la Profecía, así que solo goza de ella, de su amor y cólmala de dicha y felicidad.
Vivir el presente. ¿Acaso se puede vivir el pasado o el futuro? El pasado se recuerda, se añora porque se fue, no regresa y te enferma de depresión si te atas a él. El futuro se sueña, se espera porque aún no llega, es incierto y te enferma de ansiedad cuando te preocupas por él. El presente se vive, y eso implica gozar o sufrir; ignorar, aprender y conocer; sentir, experimentar, decidir, cambiar; amar u odiar; rechazar o desear. Con Amelia recién habíamos iniciado el camino juntos, uno que por momentos se tornaría difícil, doloroso, pero que igual decidimos vivir al máximo porque era la única manera en la que podíamos disfrutar de estar juntos, de habernos encontrado.