Capítulo 12

2478 Words
La joyería que Amelia y yo usamos ese viernes por la noche que nos encontramos, eran nuestros anillos de compromiso y un regalo que mi familia nos hizo por lo especial de la fecha. Aunque entre los humanos solo la hembra utiliza anillo de compromiso, Marianne sabía de una tradición coreana en la que después de los primeros cien días de iniciada la relación, la pareja comparte unos anillos sencillos –“couple rings”, como se han hecho a conocer en el mundo-. Lo que hizo mi hermana fue mezclar ambas tradiciones y darnos a cada uno un anillo que significaba el compromiso predestinado con el que nacimos, ya que las alianzas que compartí con Amelia eran la promesa de amor eterno e infinito, y las utilizaríamos en la boda. – Gracias, Marianne, hermoso detalle -le dije a mi hermana mientras la abrazaba, aprovechando que Amelia estaba en la cocina con Caroline. – La idea me la diste tú, cuando me comentaste lo de las alianzas –reía, mi querida cómplice. – Igual agradezco que me ayudaras con eso, con el anillo de compromiso. – Solo te he dado tiempo para que planifiques una romántica velada en la que le pidas a Amelia matrimonio. Ella se merece vivir esa experiencia. (…) A puertas del ocaso, Amelia me sugirió regresar al apartamento. Cuando le dije que no era necesario, que la mansión era nuestro hogar, percibí una dualidad de sentimientos proviniendo de ella. Por un lado, estaba feliz porque nunca tuvo una familia y ahora tenía una muy grande, con suegros que fungían de padres, cuñadas y concuñados que la trataban como una hermana y sobrinos que, desde que supieron de mi conexión con ella, la llamaron tía. Sin embargo, por el otro lado, se sentía preocupada de lo que Solís pudiera pensar de ella al saber que vivía conmigo en la mansión. Acordamos que al llamar a Solís primero mencionaríamos otros temas para luego, al final, comentarle lo del cambio de residencia. Amelia no podía hablar por lo nerviosa que estaba, así que yo fui introduciendo los temas con Solís. Cuando le dije que nos gustaría que nos ayude con lo de la ceremonia religiosa y que sea junto a Torres nuestros testigos ante el Dios Supremo, Solís dejó de hablar porque las emociones que sentía la hicieron llorar. Eso dio oportunidad a que se sumara Torres a la conversación, y como no creía que yo fuera Stefan Höller, sugerí hacer una videollamada. Torres le no había creído a Solís que Amelia me conocía y que se casaría conmigo. Solís y Torres tomaban a bien todo lo que le comentábamos, hasta que les dije que ahora la Mansión Höller sería el hogar de Amelia. Un silencio incómodo llegó y ninguno de los que participábamos de la conversación quiso romperlo. Escuchar el andar de mis padres hacia donde estábamos realizando la videollamada me llenó de tranquilidad porque supe que ellos ya habían captado la conversación que sosteníamos con la pareja de humanos que han cuidado de Amelia desde que la encontraron siendo una bebé, y llegaban a nuestro rescate. Saludando a Torres y Solís, mis padres entraron en la plática. – Disculpen que nos inmiscuyamos en la conversación que están sosteniendo con nuestros hijos -comenzó papá después de saludar. Debo remarcar que me encantó escuchar “hijos”; eso hizo que Solís esbozara una sonrisa y a Torres se le cayera la mandíbula, otra vez-, pero queremos apoyar lo que Amelia y Stefan acaban de comunicarles. Con mi esposa hemos hablado largo y tendido el tema, y creemos prudente que Amelia viva con nosotros en la mansión. No nos gusta que esté viviendo sola, por más seguro que sea el Condominio Palast. Ante la oferta y motivos que el “todopoderoso” Maximiliam Höller expuso, Torres quedó mudo y Solís atinó a agradecer por el amor, cuidado y protección que toda la familia estaba prodigando a Amelia. Al cortar la llamada, solo pude agradecer a mi padre y darle un fuerte abrazo. Papá me repitió en alemán: «Estoy ahora y siempre, hijo», haciendo que recuerde el consejo que me dio de vivir el presente con Amelia. (…) A Matthias y Milena los encontramos al salir del elevador cuando llegamos al apartamento para recoger nuestras pertenencias. Ellos recién llegaban de hacer las compras de alimentos para la semana, después de haber almorzado con Gonzalo, Nadia, Patrick y Gaia. Por todo lo suscitado el fin de semana, no pude conversar con mis hermanos ni darles las buenas nuevas. El fuerte abrazo que me di con Matthias llamó la atención de Amelia. Ella no se esperaba que fuéramos tan cercanos. Aún no le había comentado sobre mi relación con Matthias, Gonzalo y Patrick. – Hola, Amelia, qué gusto verte ahora al lado de Stefan -la saludó Matthias con un beso en la mejilla. Fruncí el ceño y Matthias me sacó en cara que él nunca ha visto mal que yo salude de igual forma a Milena-. ¡No puedes ser tan celoso, Stefan! – Ya, lo siento, es que todo esto es nuevo para mí -dije para excusarme. – No te sientas mal, Matthias. ¡Hasta con Elrond me ha celado! -recordó Amelia cuando en la cena no me gustó que preguntara por él. – Poco a poco irá acomodándose a la idea de que con otros machos sobrenaturales no debe sentir celos -dijo Milena acercándose a Amelia para saludarla-. Hola, Amelia, soy Milena, la predestinada de Matthias. Durante la cena no tuvimos oportunidad de conversar ni de conocernos más, pero por mi amado Beta sé mucho sobre ti, y estoy segura que nos vamos a llevar muy bien. – Gracias, Milena. Si eres la compañera de Matthias, entonces eres maravillosa porque él es una muy buena persona y un amigo incondicional –dijo Amelia y yo afirmé con un movimiento de cabeza a la par que sonreía y le daba un cariñoso golpe en el hombro a mi Beta. – Antes que me olvide -interrumpí y cambié de tema-, el próximo sábado se hará la Ceremonia de Entrega del Mando Alfa y de Séquito, así que debemos hablar con Patrick para que nos instruya en el protocolo. – Entonces, ya marcaste a Amelia -Matthias sonreía, demostrando una sincera felicidad por mí. – Sí, ya es completamente mía -la cargué y comencé a girar con Amelia en mis brazos. Matthias y Milena aplaudían por la noticia y mi Luna reía aferrándose a mi cuello. – ¡Felicitaciones, hermano! -nuevamente nos abrazábamos-. Gonzalo y Patrick ya deben estar en camino, para que les des la gran noticia -palmoteaba mi espalda con mucha alegría. – ¡Felicidades, Amelia! -Milena abrazó a mi Luna-. Bienvenida a nuestro mágico mundo sobrenatural. Nadia, Gaia y yo te ayudaremos en todo lo que necesites para que te sientas cómoda entre nosotros. Se ofrecieron a ayudarnos a recoger nuestras cosas del apartamento, ya que les comentamos que Amelia ya vivía en la mansión. Como ya no había motivo para seguir habitando los apartamentos en el Condominio Palast, propuse a Matthias y Milena mudarse a uno de los apartamentos de lujo en Renania, a lo que aceptaron gustosos. Con Matthias era muy cercano, más que con Gonzalo o Patrick. No me malinterpreten, a los tres los quiero como hermanos, pero con Matthias siempre fuimos más compatibles. Así que, por esa cercanía, le conté a detalle cómo evolucionó la situación con Amelia. – ¿En serio le dijiste lo de Laura? -preguntó asombrado-. ¿No te dio temor revelarle algo que podría ponerla celosa? – Me moría de miedo, pero no aguantaba más la incertidumbre, así que lo solté. – ¿Y qué te dijo? ¿Cómo reaccionó? Se nota que no te mandó bien lejos, pero me da curiosidad saber cómo actuó. – No le dio importancia. Me dijo que lo sucedido antes de conocerla no le afecta ni preocupa -pero había algo que me daba vueltas en la cabeza y quería compartirlo con mi amigo-. Matthias, a Amelia solo le dije que tuve una relación larga antes de encontrarla, pero no le di más detalles. – O sea, no le dijiste que se negó a terminar la relación, que te propuso ser tu amante, que te amenazó con no dejarte ser feliz y que, encima de todo, intentó matarte -en su cara y voz había reproche. – Es que no quiero que se asuste. Qué tal si decide dejarme para no lidiar con un posible ataque de Laura –solo pensar que por miedo Amelia me dejaba, me hizo sentir muy triste. – Stefan, te quiero como si fueras mi hermano, y sé que puedes proteger a Amelia de todo ataque que puedan planear en contra de ella, pero es importante que sepa quién es Laura, lo peligrosa que podría ser. Entiendo que ahora no puedas decirle, pero hazlo lo más pronto posible. Matthias tenía razón, y decidí que después de la ceremonia del próximo sábado le diría toda la verdad a mi Luna. Con las maletas hechas y la comida que teníamos en el apartamento entregada a los Betas, bajamos al estacionamiento para acomodar todo en mi deportivo. Como no era posible llevar todo en un solo viaje en mi auto, Matthias y Milena se ofrecieron a llevar el resto de nuestras pertenencias en su camioneta y seguirnos a la mansión. Estábamos subiendo los bultos cuando llegaron Gonzalo con Nadia y Patrick con Gaia. Gonzalo y Patrick corrieron al verme, y como era costumbre de mi Gamma, me cargó para lanzarme contra Patrick, quien, al no ser tan alto y fuerte, perdió el equilibrio cuando le caí encima, terminando ambos en el suelo del estacionamiento. Ante la escena, Gonzalo y Matthias se abalanzaron sobre nosotros, y comenzamos a jugar como cuando éramos niños. El juego consistía en que el primero en ponerse correctamente de pie, ganaba, por lo que era válido evitar a toda costa que los otros pudieran levantarse. Como Gonzalo era el más alto y fuerte, todos estábamos encima de él, evitando que se levante. Patrick no es tan alto como nosotros, ya que su herencia genética de hada hizo que no superara el 1.85 m, por ello evitaba que nos paremos adecuadamente agarrándonos de las piernas. Matthias tenía una rodilla sobre Gonzalo, una mano tratando de deshacer el agarre de Patrick, y con la otra evitaba que me pare, ya que había logrado soltarme de mi Delta. Gonzalo da un grito de batalla, y de una se sacude haciéndonos caer. Aproveché esa distracción, y logré ser el primero en pararse. – ¡Gané, perdedores! –grité levantando los brazos en señal de triunfo. – ¡Ah, no vale! –dijo Patrick-. Y yo que me estaba esforzando de verdad –se cruzó de brazos e hizo un puchero súper cómico. – ¡Es tu culpa, Gonzalo! Stefan se aprovechó de la distracción que causaste con tu grito y sacudida –acusó Matthias. – Es que ya me estaba fastidiando la posición en la que estaba. ¿Acaso piensan que no pesan? –se excusaba Gonzalo a la vez que limpiaba su ropa a manotazos. – Ya no se quejen y acepten que soy mejor que ustedes –les dije riendo, como hace mucho no lo hacía. – La verdad, Stefan, que, si ganar hace que te veas tan feliz, no me molesta perder –dijo sinceramente Patrick-. Hace mucho que no te veía reír así. – Stefan, diles la gran noticia –me recordó Matthias. – Amigos, mi Gamma y mi Delta, tengo buenas nuevas que compartir con ustedes –dije tratando de sonar muy formal. – ¡Ay, Stefan! No trates de sonar solemne porque ese es mi trabajo como Delta –soltó Patrick en broma. – Hermanos, ya sellé mi conexión predestinada con Amelia –se quedaron callados, abriendo cada vez más los ojos al pasar los segundos en silencio. – ¡FELICITACIONES! –gritaron ambos y se lanzaron para abrazarme. Casi caigo con ellos encima de mí si no fuera por Matthias que me ayudó a mantener el equilibrio. – Pero ¿cómo fue? –preguntó Gonzalo. – ¿En serio no sabes cómo fue? –le dijo Patrick con burla. – ¡No me refería a eso, enano!, sino a cómo la convenció, ya que ella quería casarse antes de compartir su cama –respondió Gonzalo y Patrick le reclamaba en broma por haberle dicho enano. – ¡Cálmense y escuchen a Stefan! –dijo Matthias y ambos pararon de jugar. – Fue ayer. Mi madre y hermanas estaban conversando con ella, hablaban sobre cómo vemos los sobrenaturales la unión de predestinados. Luego le explicaron sobre el celo, y eso hizo que Amelia se diera cuenta que mi interés por unirme a ella no era por morbo o lujuria, sino porque es la forma de sellar nuestro compromiso e iniciar nuestra vida juntos. Ella pensaba que quería llevarla a la cama como lo hacen los humanos, solo por diversión y sin un compromiso formal. – O sea, la Luna y tus hermanas te ayudaron –dijo Patrick. – Efectivamente, mi Delta, así fue. Les debo la felicidad que ahora vivo –sonreí muy contento al recordar las tres veces que me uní a mi hermosa Amelia. – Ya está recordando lo que hizo con Amelia –dijo Gonzalo riendo. – ¿Cómo sabes eso? –pregunté sonrojado. – Por la cara de bobo que tenías, y ahora lo confirma el que te hayas sonrojado –respondió Matthias. Cuando regresamos al lado de nuestras compañeras, mis hermanos nos miraban a Amelia y a mí con mucha felicidad. Ellos sabían por lo que había pasado todos estos años sin mi Luna, algo que ya era cosa del pasado. Gonzalo propuso ir a cenar para festejar nuestra unión, a lo que todos aceptamos. Primero fuimos a dejar a la mansión la pequeña mudanza y luego a comer pizza en el restaurante de un amigo de mi Gamma, que resultó ser más amigo de Ravi y Marianne. Era la primera vez que salía con ellos estando acompañado de mi predestinada. Ahora éramos un número par sentados en la mesa, y eso me hizo sentir muy bien. Conversamos de todo un poco, hasta Amelia les sacó en cara que le hayan mentido sobre sus intereses profesionales, algo que hicieron por mí, ya que yo se los pedí. Ahí le revelé que ellos se encargaron de su protección a mi pedido, como un favor entre hermanos. Cuando ya terminamos de cenar y procedimos a despedirnos, las tres parejas del séquito prometieron llegar a la mansión temprano por la mañana para iniciar con la organización de la Ceremonia de Entrega del Mando Alfa y de Séquito. Era solo cuestión de días para que sea el nuevo Alfa Höller, y Amelia, la Luna de la manada.
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