Capítulo 13.1

2441 Words
Toda la semana estuvimos ocupados preparando la Ceremonia de Entrega del Mando Alfa y de Séquito. Con Patrick vimos el protocolo a seguir, ya que él se encargaba de esos detalles como futuro Delta. Pedimos a Karl Müller que nos prepare los esmóquines para la ocasión, puesto que ninguno contaba con uno porque no nos imaginamos que la transferencia de mando alfa y de séquito sería fuera de Alemania. Patrick también nos hizo recordar que como anfitriones debíamos ofrecer el hospedaje y servicios de alimentación a nuestros invitados, así como designar parejas representantes de la manada para darles la bienvenida y trasladarlos hacia las residencias asignadas. Gonzalo con Nadia –como arquitecto y diseñadora de interiores- verificaron que Las Torres de Renania estuvieran listas para acoger a los invitados; mis padres y Patrick con Gaia determinaron las parejas de la Manada Höller que recibirían a los invitados, y Matthias con Milena se encargaron de determinar la pauta musical y coordinar la posición de las cámaras para captar la ceremonia desde diferentes ángulos, ya que luego editarían un vídeo –Milena era productora audiovisual, así que ella se encargaba de esos menesteres-. Mis hermanas, Amelia y Caroline vieron lo de la disposición de las mesas, el menú, el menaje, las flores y otros detalles. Mamá encargó los vestidos para Amelia y las compañeras del séquito, así como uno para ella y Marion, ya que no contaron viajar con esa clase de guardarropa. Para la ceremonia viajarían desde Alemania los padres de Matthias, Gonzalo y Patrick, ya que ellos entregarían sus funciones a sus hijos. Asimismo, mis abuelos, Hugo y Stephanie, y mis bisabuelos, Karl y Margot, vendrían para presenciar el acto y conocer a Amelia. Los abuelos y bisabuelos se hospedarían en la mansión, pero los padres de mi séquito en el apartamento de lujo de sus hijos, ya que durante la semana también organizamos las mudanzas de mi séquito a Renania. Mis padres nos pidieron a Amelia y a mí encargarnos de dar la bienvenida al séquito saliente y a mis abuelos y bisabuelos, por eso madrugamos el viernes, ya que llegaban ese día a las 6 am en el avión privado de la familia. Estuve atento a la expresión de Amelia cuando aparecieron mis abuelos y bisabuelos, ya que ellos aparentaban la misma edad de mis padres. Mi Luna estaba muy confundida y lucía algo despistada, lo que causó que mi bisabuelo se riera de sus respuestas y expresiones, causando la risa de todos. Al final, Amelia comentó que estaba un poco sorprendida porque ellos no calzaban en la idea de abuelos y bisabuelos que tenía como humana, a lo que mi abuelo Hugo me recomendó dejar a un lado una que otra noche el deseo de tenerla entre mis brazos para instruirla en temas sobre los licántropos. Mis abuelos trajeron consigo las maletas en donde Karl enviaba los esmóquines. A la par que las hembras estaban probándose sus vestidos, nosotros hacíamos lo mismo en una de las habitaciones desocupadas del tercer piso de la mansión. Mientras que mi padre, Haldir, Elrond, mi séquito y yo nos medíamos los trajes, mi abuelo, bisabuelo, el séquito de mi padre, Ravi y Kiram conversaban sobre Amelia. – He quedado sorprendido al verla. Es una hembra humana muy hermosa –dijo el abuelo Hugo. – Sí que este muchacho tiene suerte. ¡Tremenda belleza que le ha tocado! –comentó el bisabuelo Karl entre risas. – Valió la pena la espera –señaló Ravi con una sonrisa. – Se ve que es joven. ¿Qué edad tiene? –preguntó Björn, el padre de Gonzalo. – En julio cumple los dieciocho años –respondió Kiram. – Entonces, estuvo bien que Stefan no la encontrara antes. ¡Qué hubiera sido de ellos! O él sufría el celo por muchos años, llevándolo a una posible locura, o ella pasaría el trauma de unirse a su predestinado siendo apenas una niña –analizó Andreas, padre de Matthias. – Eso es algo en que no había reparado, pero tiene mucha razón –mencionó Ravi al encontrarle sentido a lo resaltado por Andreas. Prácticamente, le llevaba a Amelia seis años, lo que nos ponía en el supuesto de que, si la encontraba a los dieciocho años, ella hubiera tenido doce, y a esa tierna edad, sin haber terminado de desarrollar su cuerpo para consumar nuestra unión, no hubiera podido marcarla. En el caso de que yo no hubiera podido controlar el celo, el recuerdo de verla aterrada por lo que le hubiera hecho sobre nuestra cama, no me habría dejado vivir. Asimismo, la posibilidad de que ella huyera o viviera traumatizada por haber sido marcada siendo aún una niña, habría ocasionado que nosotros termináramos alejándonos porque no hubiera podido volverla a ver a la cara al no perdonarme por el daño que le hubiera ocasionado. En cambio, haberla encontrado a los diecisiete años cuando yo contaba con veintitrés, hizo posible que nuestra experiencia uniéndonos como pareja predestinada fuera perfecta. Después de la cena, cuando nos despedimos de todos y fuimos a nuestra habitación, Amelia me pidió que le comente sobre lo que el abuelo Hugo dijo que debía explicarle. Todo parte de la regeneración celular que en los licántropos es más rápida, lo que hace que la vejez se retrase varios años, o siglos. Eso permite que los licántropos podamos lucir jóvenes por un período muy largo, lo cual también nos ayuda a ser buenos guerreros por varias décadas o siglos. Al comentarle esto, Amelia resaltó que en algún momento de nuestra vida juntos ella envejecerá, lo que hará que luciéramos ante el mundo de los humanos como nieto y abuela. Eso me perturbó, pero no lo evidencié, ya que no quería que ninguno de los dos le demos vuelta a ese asunto. Aún había mucho que no entendíamos de la Profecía, lo que me dio esperanza de que en ella se retrase el envejecimiento o que se adelantara en mí, ya que cuando ella muera, yo no querré vivir por más tiempo. Cambiamos de tema, y me preguntó por qué no le comenté del joyero que las tres últimas Luna Höller habían preparado para ella. La verdad era que me olvidé. Estaba tan feliz de haber consumado nuestra unión tan pronto que se me olvidó ese detalle. Eso dio pie a que me preguntara sobre la riqueza que la familia gozaba, ya que en las historias sobre hombre lobos siempre nos describen como seres poco inteligentes, apegados a los placeres banales y nada ligados a la opulencia. Esa relación que se nos creó con respecto a la nula prosperidad financiera fue obra de los vampiros. Siempre intentaron dejarnos ante el hombre como seres sin escrúpulos y nada inteligentes, para que no busquen en nosotros la protección que desde tiempos ancestrales hemos jurado ofrecer a la humanidad, por ello que en algunas películas o libros nos plasmen como los rebeldes sin propósitos ni organización efectiva, de bajos recursos económicos, sin logros académicos y fáciles de caer en los placeres de la carne, todo lo contrario de lo que en verdad somos. La fortuna que la Familia Höller había amasado se logró con el arduo trabajo de varias generaciones. Como manada existimos hace más de diez mil años, y siempre hemos sido un grupo muy organizado, que con la bendición de la Madre Luna hemos alcanzado la prosperidad para todos nuestros miembros. (…) Durante la noche, Amelia no descansó como siempre. Parecía que estaba conversando con alguien porque por momentos hablaba, aunque lo que decía no era entendible, ya que utilizaba una lengua antigua que parecía latín. Al despertar me encontró observándola, ya que no pude dormir al estar pendiente por si necesitaba que la ayude. Me dijo que había recibido un mensaje de la Madre Luna. Se le indicó que pronto se cumpliría la segunda parte de la Profecía, que el enemigo nació en una de las manadas, y que para salir airosa debía confiar en mí. La segunda parte de la Profecía habla sobre la Luz de la Madre Luna, o sea, sobre Amelia. Ahí se narra que la prometida viene de la nada, ya sabíamos que se refería a que no provenía de alguna familia sobrenatural; pero también habla sobre que será rechazada –eso yo lo cumplí-, deseada –eso también yo lo cumplí-, dañada, morirá para renacer, se intensificará y dominará todo y a todos. La parte que dice que morirá me aterraba. Mi falta de fe me hizo otra mala jugada, y le propuse huir. La idea de perderla siempre nublaba mi buen juicio y terminaba desesperándome. Eso me sucedía porque era de esos seres que necesitan ver para creer, cuando los pueblos sobrenaturales se caracterizan en primero creer para lograr ver realizado todo lo prometido por la divinidad. Aunque sí llegué a creer antes que ver, tuve que pasar por un gran dolor que me ayudó a entender que ese es el orden perfecto que se debe seguir en este mundo material, donde los sentidos pueden ser engañados, pero no nuestra mente y corazón al tener fe. Después de que Amelia me hiciera reflexionar sobre mi propuesta –ella siempre fue todo para mí, hasta mi fe-, acordamos enfrentar juntos lo que nos toque vivir siendo el Alfa y la Luna Höller. (…) Y llegó la hora en que junto a Amelia desfilaríamos ante la atenta mirada de nuestra manada asentada en Lima y delegaciones invitadas. Los omegas de la manada vitoreaban a su Luna peruana y los invitados admiraban la piedra de luna que colgaba de su cuello. Kurt era el maestro de ceremonia, y cuando comenzó a hablar en español, Amelia se asombró. Con mi padre decidimos hacer la ceremonia en la lengua de la tierra que nos acogió -además que era más cómodo para mi Luna-, así que Ravi junto a Ranjit, su hermano que vino en la delegación del pueblo de los brujos, hicieron un hechizo que cayó sobre todos los invitados para que puedan entender y hablar en español. Después de ver a Patrick, Gonzalo y Matthias recibir las funciones de sus cargos, llegó mi turno. Mi padre detalló mis funciones como el nuevo responsable del mando alfa. Tomado de la mano de Amelia escuchaba atento y repasaba lo que decía ese discurso que desde niño había aprendido de memoria. Después llegó el juramento que el nuevo Alfa hace ante los miembros de su manada y las delegaciones invitadas. Hinqué una rodilla ante mi padre, lo vi tan grande e imponente como cuando era niño, ese recuerdo me conmovió. – Stefan Höller, hijo de Maximiliam Höller y Marie Baranova, descendiente de un linaje puro de alfas, teniendo a la Madre Luna como testigo –decía papá a la vez que la luz de la luna se posaba sobre mí-, juras asumir con humildad y excelencia las funciones de Alfa que se te encomiendan. – ¡Lo juro! –grité haciendo uso de mi voz más fuerte y segura que pude sacar de mi garganta con ayuda del diafragma. – De no ser así, que la Madre Luna y las manadas se encarguen de ti. Abracé a mi padre y luego lancé un aullido que toda la manada respondió con júbilo. Volteé a mirar a Amelia, sentía su mirada fija en mí queriendo llamar mi atención. Cuando mis ojos se posaron en ella, vi cómo la piedra de luna en su pecho brillaba. Extendí mi mano para que venga hacia mí. A cada paso que ella daba, la piedra de luna destellaba más. La tomé de la cintura, la besé y sentí que desaparecíamos inmersos en la luminosidad que salía del colgante que llevaba mi Luna. «Bendigo al Puro que Aúlla y a su manada. Recibirás todo el poder que necesitas para cumplir con tus deberes y proteger a mi hija, tu Luna», oí mientras besaba a Amelia. La divinidad de los pueblos sobrenaturales me bendijo, y eso me hizo sentir muy especial. Cuando soltamos el beso, el fulgor de la piedra de luna desapareció bruscamente. Amelia me miraba asombrada, me di cuenta que algo extraño había sucedido, ya que me pareció que mi Luna era más pequeña. Al ver mis manos, las noté más grandes de lo que recordaba que eran. Toqué mi pecho, mis brazos y estaban más fuertes, con los músculos más anchos. La bendición de la Madre Luna hizo que mi cuerpo se transformara, que aumentara mi estatura y luciera más musculoso e imponente. El Alfa Baranov, que era mi primo Iván, gritó que acababa de ser bendecido por la Madre Luna, y el representante en el Consejo de Alfas de la Manada Barat agradeció por ver que la Profecía era verdad. Todos comenzaron a arrodillarse, desde el ex Alfa Höller hasta el último omega en el fondo del parque, menos una hembra, Laura. Ella permanecía parada, mirándonos con odio, celos y envidia a Amelia y a mí. Era obvio que no soportaba vernos juntos. Gianluca, su hermano mayor y Alfa de la Mana Barone, se percató que no estaba venerando a Amelia, y de un tirón la hizo arrodillarse. Mi Luna me miró, y solo asentí confirmando sus sospechas: Laura era el enemigo que nació en una de las manadas. – ¿Sabes quién es esa mujer? –no sabía qué decirle, estaba molesto conmigo mismo por ponerla en esta situación. – Sí, lo sé –solo podía aceptar mi responsabilidad ante el comportamiento de Laura y decirle toda la verdad a Amelia. – ¿Podemos lidiar con eso? –me preguntó, y sentí su amor por mí. No había molestia, solo quería saber si sería o no difícil la situación que debíamos afrontar. – Siempre que creas en mí, todo lo podemos –aún en mis brazos, la pegué a mi cuerpo, ya que necesitaba que me demuestre que confiaba en mí, que no me iba a dejar, que podíamos juntos enfrentarlo todo. Jaló de las solapas del esmoquin, quería que la bese, así que la cargué tomándola de su cintura para besarnos sin que tenga que encorvarme. – Te amo, mi Alfa –me dijo cuando dejé su boca por ir a su cuello-. Juntos siempre estaremos y podemos enfrentarlo todo –amé que me dijera eso, y sin ser consciente de mi fuerza, la apreté, haciendo que gima por el dolor que le provocó mi enamorada reacción. – Lo siento, mi Luna, aún no me acostumbro –dije algo apenado por haber hecho que se queje de dolor, pero ver su sonrisa mientras acariciaba mi pecho y brazos me tranquilizó. Amelia también disfrutaba de mi transformación, y eso me gustó mucho.
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