Capítulo 13.2

2943 Words
El protocolo indicaba que era el momento en que cada delegación invitada y la manada por grupos saluden al nuevo Alfa y su Luna. Como la noche estaba muy fría, y Amelia ya se había quejado de ello, decidimos recibir los saludos en el salón de juegos, que es la habitación de la mansión más próximo al jardín posterior. Mientras Kurt indicaba el cambio a los invitados, nosotros bajamos hacia el salón. Con mucha facilidad cargué las mesas de billar y los futbolines -las sentí más ligeras de lo que recordaba-, haciendo el espacio adecuado para esperar por nuestros invitados. Los primeros en saludar fueron mis hermanos, mi séquito. Ellos bromeaban sobre mi nuevo tamaño y peso, en especial Patrick, a quien siempre le caía encima cuando Gonzalo podía cargarme, algo que quedó en el pasado. Con Amelia les pedimos que nos acompañen para recibir a los invitados y a la manada, lo que aceptaron con gusto. Al ingresar mi familia y los padres de mi séquito, no dejaron de hablar de mi nueva apariencia, y se sumaron a las bromas de Patrick. Las delegaciones fueron pasando una a una. Con Ranjit, Iván y William me salté el protocolo. A Ranjit lo conocía desde niño, ya que es el hermano de Ravi. Iván es mi primo y el Alfa Baranov, manada de la que proviene mi madre, quien es su tía. William es mi gran amigo de mis años en Cambridge, y ahora el Alfa Evans. Con el paso de los invitados llegaba el turno de la Manada Barone. Estaba muy tenso, y Amelia lo notó. Apretó mi mano para llamar mi atención, ya que buscaba que le comente el motivo que me hacía actuar de esa manera. – Tranquila, mi Luna, nadie te dañará –no entendió lo que le dije, ya que olía a confusión-. Es posible que escuches cosas que pueden ser difíciles de entender, pero te pido que me permitas explicarte todo cuando nuestras obligaciones hayan terminado. – Sí, Amelia, Stefan es el único que te puede explicar ciertas situaciones del pasado –dijo Matthias. Mi hermano, como siempre, ayudándome. Después de un breve tiempo, en el que parecía que Amelia estaba conectada con la Madre Luna, respondió: «Confío en ti, Stefan», y me abrazó rodeando con sus brazos mi cintura, apoyando su cabeza en mi pecho. Solo atiné a envolverla en mis brazos. Siempre fui más alto que Amelia, pero con la bendición la sentía más pequeña, frágil y necesitada de protección. Cuando Los Barone iniciaron su ingreso al salón, nos encontraron abrazados. Gianluca y su Luna Nicolle –quien es la prima de William-, sonrieron ante la escena, luego entraron Sasha y Paula -el brujo ucraniano, tan poderoso como Ravi, y la gemela de Laura, pero ella no estaba desquiciada como su hermana-, quienes lucieron felices por nosotros, luego siguieron los Deltas Barone, y al final estaba Laura, sin acompañante. Al verme abrazado a Amelia, noté el odio que sentía por verme tan cercano a mi Luna. Amelia no vio su expresión al estar con los ojos cerrados. – Felicidades, Stefan. Por fin el amor y el mando alfa han llegado a tu vida –Amelia abrió los ojos, se separó de mí para permitirme estrechar la mano de Gianluca. – Gracias, Gianluca. Espero que tu buena voluntad se refleje en toda tu manada –respondí muy serio, tratando de lucir intimidante, y creo que lo logré gracias a mi nueva apariencia. – Como el Alfa Barone respondo por los miembros de mi manada, así que no dudes de mis sinceras felicitaciones –con esa sonrisa nerviosa me di cuenta que logré mi objetivo de intimidarlo. – Habla por ti, hermano. A mí no me vas a obligar a felicitar ni sentir alegría por otros –Laura abrió la boca, y mi Luna, obviamente, fijó su mirada en ella. El resto de la delegación Barone emanó un olor muy fuerte de incomodidad, ya que no esperaban que Laura no acate las órdenes que dio Gianluca como alfa. – Fui muy claro cuando detallé el comportamiento que debías seguir en nuestra visita al nuevo Alfa Höller, hermana –Gianluca usó la voz de Alfa con Laura, haciendo que se calle y mantenga sumisa, pero su mirada nos decía mucho, que no estaba para nada contenta con vernos juntos-. Disculpe a mi hermana, hija de la Madre Luna –se excusó Gianluca con mi Luna. Hizo una reverencia y continuó disculpándose, ya que sabía que Amelia no era culpable de lo que pasó con Laura, y que por ello mi Luna no debía ser afectada de ninguna manera-, está un poco nerviosa. Por favor, no tome en cuenta sus palabras como parte de la Manada Barone –Nicolle se acercó a Gianluca y se sumó a la reverencia del Alfa. Por un momento sentí pena al ver como un alfa agachaba la cabeza por actos que él no cometió. – No se preocupe –comenzó a decir Amelia-. Como Luna Höller entiendo que con quien debo tratar directamente es con la Luna Barone –Amelia tomó del brazo a Nicolle y la ayudó a enderezarse-, y ella, además de hermosa, está muy enamorada de su Alfa. Por el amor que ella le tiene –puso su mano sobre el hombro de Gianluca y le pidió con un gesto que se enderece- tomaré lo último dicho solo como un exabrupto personal, mas no como el sentir de la Manada Barone –el resto de la delegación de la manada de Gianluca sonrió agradecido, a Paula se le escapó un suspiro de tranquilidad. Ellos no querían problemas con Los Höller y, mucho menos, faltar el respeto a la hija de nuestra deidad. En ese momento, tras observar la respuesta que Amelia le dio a Gianluca, me llené de orgullo por ella. – Mi amor por ti no es solo predestinado –le dije tomándola de la cintura y haciendo que gire hacia mí-. Cada día descubro una nueva cualidad en ti, y eso me llena de admiración y orgullo –ella siempre fue especial. Sin ser consciente de su divinidad mostraba misericordia y empatía-. Te amo, mi Luna Amelia –dejé un suave beso en sus labios, lo que puso nerviosos a Los Barone, ya que Laura lo tomó como una provocación, pero yo estaba tan extasiado que me olvidé que ella estaba ahí. Gianluca se adelantó a un nuevo exabrupto de Laura, y tocándole el hombro la mantuvo callada. El Alfa Barone agradeció a Amelia por la cortesía hacia su Luna y por la consideración hacia su manada. Nos pidió que los excusemos de la cena, ya que era mejor retirarse –para Gianluca era muy vergonzoso lidiar con el temperamento y carácter de Laura-. Le agradecí por habernos acompañado en la ceremonia y por compartir nuestra felicidad. Les ofrecí la atención del servicio de cena en los apartamentos donde estaban hospedados, detalle que agradecieron. Antes de abandonar el salón, Gianluca se dirigió a Amelia, y le dijo que reconocía su origen divino, ya que justicia y benevolencia son cualidades que provienen de la divinidad, y mi Luna había demostrado que las tiene. Dejó su respeto y devoción para Amelia y se retiraron del salón. - ¡Pedazo de escena que acabamos de ver! –me dijo Matthias en un momento que Amelia estaba hablando con Nadia-. Hoy debes contarle toda la verdad a Amelia, no te queda de otra. Al terminar de recibir los saludos de nuestra manada, regresamos a la terraza. Amelia ya lucía un hermoso abrigo que la protegía del frío de la noche limeña. En nuestra mesa nos acompañaba nuestro séquito, pero pedimos que Elrond y Caroline se sumaran, ya que eran muy cercanos a nosotros. En plena cena comencé a arrepentirme de haber hecho ese pedido, ya que Elrond estuvo a punto de hablar de más con respecto a Laura tras comentar que para todos fue una desagradable novedad ver a Los Barone retirarse de la cena. – ¡Calla, Elrond! ¡Guárdate tus comentarios! –aunque no utilicé ninguna clase de improperio, el usar la voz de alfa combinada con la expresión tosca en mi rostro al dirigirme a mi sobrino fue tomado como una exageración por Amelia. – ¿Hay algún problema con el comentario de Elrond? –preguntó mirando a los demás, esperando encontrar entre el séquito alguna señal de que efectivamente me había sobrepasado, pero mis hermanos y hermanas estaban conmigo, ya que ellos sí entendían lo que sucedía-. ¿Por qué eres rudo con tu sobrino? – Hay temas que aún desconoces y quiero conversarlos contigo antes de que los escuches por otros –con molestia miraba a Elrond. El pobre lucía muy incómodo y avergonzado-, y eso incluye a cualquier m*****o de la familia. – Lo siento, Stefan. Soy sincero al decir que no había mala intención en mis palabras –se disculpó mi sobrino, pero me sentía muy fastidiado, no solo por su imprudencia, sino porque recordaba la mirada de odio de Laura sobre mi Luna, ¡y eso me irritaba! – ¿No vas a decir nada? –Amelia llamó mi atención apretando mi mano-. Eres de nobles sentimientos, puedes aceptar sus disculpas –dejó un beso en mi mejilla, y decidí calmarme, no quería que se dé cuenta que estaba preocupado por lo que Laura pudiera hacerle. – Lo sé, Elrond. No eres un mal chico, pero necesitas aprender a ser cauto con tus palabras –estiré el puño para chocarlo con mi sobrino, ese era nuestro saludo y señal de que entre nosotros todo estaba bien. Cenamos, bailamos, y nos despedimos, pidiéndoles a los invitados y miembros de la manada que continúen con la celebración. Ya en nuestra habitación, estaba muy nervioso, no sabía cómo comenzar a explicarle tantas cosas que me había callado. Cuando le dije que debía sincerarme sobre un tema que ya había compartido con ella, se paró bruscamente delante de mí, y con un toque de fastidio en su rostro y voz, confirmó que se había percatado de que Laura era esa mujer con la que me relacioné por casi cinco años de mi vida. Quedé sorprendido por su reacción, ella siempre había sido muy dulce y tímida conmigo, y esa fue la primera vez que se mostraba decidida y nada amable. Sin estar seguro de lo que hacía, la tomé de la cintura, la senté sobre el sofá de pie de cama y me hinqué enfrente de ella. Comencé a contarle toda la historia, incluido el intento de Laura de herirme al decirle que nuestra relación llegaba a su fin, solo que no mencioné que noté una clara intención de querer matarme, ya que no quería asustarla ni quedar como un imbécil por no reparar con quién me relacionaba. Durante mi relato, Amelia estaba cruzada de brazos y me miraba muy seria. Que estuviera con esa actitud me ponía muy intranquilo, dudaba si sería capaz de perdonarme una estupidez tras otra que cometí. Luego comenzó a preguntarme sobre ciertos detalles, como por qué lucía triste cuando mi familia me visitaba en Saffron Walden; si había vivido con Laura en la mansión, o si la había llevado a Bonn a conocer a mi familia y hermanos del séquito. La primera pregunta me llevó a recordar que no era feliz con Laura porque por ella nunca sentí el deseo y el amor que Amelia me inspiraba. Al explicarle lo que siento cuando mis ojos se topan con ella, moría por besarla, por dejar el tema de Laura y solo enfocarme en ella, pero siguió preguntando, y no quise ser descortés, además que no estaba en posición para hacer prevalecer lo que yo quería, así que respondí las dos siguientes preguntas con un no. Tocaba sus labios recordando las veces en que soñé con ellos y las ganas que tenía de poder besarlos. A ella le gustaba mi roce, cerró sus ojos, supe que me deseaba tanto como yo sentía por ella, pero me detuvo. Sin que me lo esperara, se levantó y caminó hacia la puerta de la habitación diciendo que antes de perderse entre mis brazos, debía hablar con William. Eso me dolió. ¿Acaso ella no confiaba en mí? Amelia sospechaba que William sabía algo más sobre Laura, por eso el notorio desagrado que él tenía hacia ella. Me dejó un corto beso sobre los labios y se fue prometiendo regresar pronto. Esa fue la primera vez que no me gustó que me diera un beso corto. Sentí que me besó por compromiso, porque era una forma de mantenerme tranquilo, pero no porque me amara. En ese momento pensé que regresaría para decirme que todo se terminaba. Estuve dando vueltas por toda la habitación sin saber qué hacer, y todo empeoró cuando pasaban los minutos y ella no regresaba. «¡Soy un gran imbécil! La voy a perder por no saber esperar», me repetía una y otra vez. Ya estaba a punto de salir corriendo para buscarla, cuando el consejo de mi padre llegó como un recuerdo. «No te anticipes, no al menos en tu relación predestinada con Amelia. No saques conclusiones de sus decisiones que aún no conoces», me dije y me tranquilicé. Deshice el corbatín, que sentía que me apretaba demasiado el cuello, y me eché sobre nuestra cama a esperar por ella. Cuando escuché que la puerta se abrió, me paré de un salto y corrí hacia ella. Le reclamé por haberse demorado mucho, estaba molesto, pero más asustado. Me tomó de la mano y me llevó hacia la biblioteca. Toda la familia estaba reunida, y los invitados ya se habían retirado. Mis hermanas le exigían saber qué sucedía, eso me confundió más, y Amelia comenzó a explicar que cuando Laura fue descortés durante el saludo de la Manada Barone, hubo algo que le alertó sobre esa mujer, cosa que confirmó al explicarle que ella era la hembra con la que sostuve una relación amorosa en mis años universitarios en Cambridge, por lo que quiso hablar con William y su Luna Abigail para tener detalles que yo pudiera desconocer. Cuando narró lo que Laura hizo el primer verano de vacaciones y al enterarse que debía viajar a Perú para encontrarme con Amelia, mi preocupación por que pudiera dañar a mi Luna aumentó al 1000 %. «Carajo, Laura está enferma. Es capaz de matar a mi Luna, pero esa oportunidad no se la daré jamás», me dije al darle vueltas en mi cabeza a la información de cómo mató a esos dos ebrios. Tras el comentario de Haldir sobre el interés de Amelia de precisar la ubicación de Laura para evitar que haga un desmadre en Lima y que nuestro secreto sea expuesto ante los humanos, me acerqué a ella para que me confirme que cuando se fue de nuestra habitación no lo hizo por estar molesta conmigo. Me miró con lágrimas en los ojos y me dijo que estaba decepcionada de mí por haber tenido una relación con un ser sobrenatural que sabía muy bien que no era mi predestinada. A quien no llegué a conocer lo suficiente antes de proponerle tamaña estupidez, ya que resultó ser una psicópata. Amelia pensaba que la relación que tuve durante mis años universitarios fue con una humana, por ello no había reaccionado mal cuando se lo comenté después del desayuno de ese domingo que amanecimos siendo compañeros eternos. Sabiendo lo de Laura, no entendía cómo pude tener algo con alguien sin conocerla previamente, sin analizar su comportamiento, sin saber a qué me exponía. Cuando rompió en llanto, sentí que una gran punzada de dolor me perforaba el pecho. Al comentar que no le dije la verdad desde un principio porque no quería que sufra, ya que buscaba evitar que los celos que sienten los humanos por las relaciones pasadas de sus compañeros se manifiesten, ella me dijo que lloraba porque estaba asustada al darse cuenta que pudo perderme antes de encontrarme, ya que Laura no intentó herirme, sino matarme, y pudo hacerlo si me envenenaba o hacía que me lancen un conjuro de muerte. Mi Luna no estaba celosa, estaba temerosa. La abracé y solo quise que sintiera mi amor consolándola. «En verdad eres un imbécil. Nunca reparaste en todo lo que Amelia acaba de evidenciar, en analizar a Laura antes de proponerle algo, y que, más que darle celos, la decepcionarías, además de despertar en ella un gran miedo al imaginar que pudiste morir y nunca encontrarla para que sea tu compañera eterna», me recriminaba a la par que la tranquilizaba. Volvimos al tema cuando Cassie preguntó sobre qué haríamos ante ese problema, a lo que indiqué que primero debíamos asegurarnos de que Laura salga de la ciudad de Lima al regresar a Italia junto a la representación de la Manada Barone, y luego dedicarnos al entrenamiento de los omegas seleccionados para ser guerreros. Al confirmar que no asistiría al entrenamiento, Amelia recomendó que sería mejor que participe en él, ya que así reconocería mis capacidades con mi nuevo físico. Ante su recomendación, iba a proponerle que vaya conmigo, dejando sus clases en el instituto, pero la piedra de luna brilló y escuché la voz de la Madre Luna: «Puro que Aúlla, la Madre Luna te bendijo para que puedas proteger a tu Luna y manada, pero si no reconoces y desarrollas tus nuevas capacidades, no sabrás cómo aprovechar al máximo el don entregado. Debes ir al entrenamiento junto a tus guerreros. Deja fluir al destino. Todo es parte de la Profecía». Y así decidimos que iría a mejorar como guerrero mientras la familia cuidaba de mi Luna.
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