Kumiko se detuvo en el umbral de la entrada de la UCI, pues observó a Takahiro. Él dormía en la yerta silla metálica, la cabeza estaba agachada y el mentón caía en el pecho. Los rayos del alba formaban líneas diagonales. En el suelo se proyectaba la sombra de los marcos. Cuadrados de luz marcaban la distancia entre el interior y el exterior.
Ella se enteró del doble s******o. Conocía a Tanimura desde la etapa universitaria. Era el mejor amigo de Takahiro. Si hubieran nacido en una misma barriga, se cumpliría el sueño de ambos: ser hermanos. Pero no me desviaré del asunto principal, porque Kumiko recordaba, con cariño, los tiernos días junto a Takahiro. En ella no existía rencor, sino una profunda pena. ¿Por qué Takahiro decidió enamorarse de una prostituta? Los seres humanos, somos complicados en el amor.
Los tacones resonaban en el espacio blanco. Una enfermera conversaba con un médico, ambos tenían tazas de café en sus manos. Quizás eso necesitaba Takahiro, una buena taza de café para espabilarse y no quedarse dormido a la espera de la reanimación de su mejor amigo. Sin embargo, con la presencia cercana de Kumiko, sería suficiente. Kumiko carraspeó y dio una suave patada a Takahiro.
Él respingó, aturdido, no sabía lo que ocurría. Sacudió la cabeza y espero a que la visión se aclarara. Como si estuviera sumergido en el mar, pareció emerger. Así pues, reconoció el aroma y rostro de Kumiko. Ella vestía una falda larga, blanca, un abrigo de cachemir n***o con una camisa blanca, de fondo, sin logo. Las mirada de ambos expresaban lo que los años no pueden expresar en palabras.
—¿Cómo está? —preguntó Kumiko.
La voz de ella era lejana a los oídos de Takahiro. No solo pensaba que había despertado de la pesadilla, en la cual su mejor amigo se iba a suicidar con su novia, sino que creyó viajar al pasado, donde Naomi era apenas una pieza a decidir, como Kumiko. La lluvia torrencial en su cabeza se desató, pues las nubes estaban cargadas de emociones. Naomi se había marchado hace unos días, desconocía su paradero, tal cual como había hecho Tanimura años atrás.
—Yo no estoy bien —respondió Takahiro.
—Pregunté por Tanimura.
—Ah.
Kumiko desvió la mirada hacia el suelo. Acomodó su bolso a un costado de la cadera y se sentó cerca de Takahiro.
—¿Naomi? —preguntó Kumiko.
—Se marchó y no sé dónde está —respondió como si fuera un inválido de la segunda guerra mundial que acababa de recibir un disparo.
—Que recuerdos, ¿no? —Kumiko no miraba a Takahiro, sino a la puerta de cristal de la UCI.
—Algo así.
—Ha pasado mucho tiempo desde que nos alejamos, Takahiro. Desde la última vez, te dije que te odiaba, pero, realmente, no puedo odiar a la persona que amo. Así que no temas de mí. —Agachó la cabeza—. Hiciste lo correcto.
—Debía decidir, no podía estar con ambas a la vez.
—Naomi es una buena chica. —Alzó cabeza y volvió a mirar la puerta. Los mechones de su cabello se deslizaron por los laterales de su cabeza—. Me dejé llevar por los celos, en aquel entonces. Te dije lo que te dije y no hay vuelta atrás. Hoy vine a saber cómo estaba Tanimura, por el lazo que formamos durante la universidad. Él me apoyó, junto a Aiko, a superar la herida que dejaste en mí. Es una lástima la tragedia que ocurrió en Roppongi. Quisiera poder ayudar, pero veo que no puedo hacer más que visitarlo cuando despierte.
—¿Y qué haces aquí? —La voz de Takahiro fue áspera.
—¿Estás nervioso?
Sí, Takahiro estaba nervioso, pero no iba a ceder a las palabras de Kumiko.
—No —mintió.
Kumiko apoyó una pierna sobre otra. Takahiro conocía el gesto, no pudo evitar mirar sus piernas esbeltas.
—Mucho ha pasado, ¿no crees? —susurró Kumiko—. No quiero nada contigo, pero creo que necesitas ayuda en alguien.
—Tengo a Naomi.
—Pero Naomi no está —sentenció Kumiko con brusquedad.
—Tanimura está al borde de la muerte, ¿y tú vienes a sonsacarme? —preguntó Takahiro, molesto—. ¿Es este el motivo de tu visita?
Apretó los labios y comenzó acariciar los bordes de la falda. Takahiro no recibió respuesta, eso lo molestó aún más.
—Quiero ser tu amiga, Taka —dijo Kumiko, en voz baja—. No funcionamos como pareja, pero podemos funcionar como amigos. ¿Recuerdas? En la universidad comenzamos siendo amigos, antes de comprometernos sentimentalmente.
—Te aprovechas de la situación, Kumiko. ¿Por qué tenías que hacerlo en este momento? ¿No pudiste llamar al teléfono, días antes? Después de que Tanimura estuviera grave, y Aiko muerta, te apareces con una propuesta que nada tiene que ver con el contexto de la situación.
—Al verte, sentí que el pasado renacía en mí, Taka… En serio, vine a visitar a Tanimura, pero tú estás aquí y es incontrolable lo que hago por estar, de nuevo, contigo. Me heriste, lo sé, pero aprendí a perdonarte. Me sinceré, pues comprendo que te perdí cuando escogiste a Naomi. La herida no se ha cerrado…
—¿Esperar que cierre esa herida? Kumiko, han pasado siete años desde que ocurrió lo nuestro; han pasado siete años desde que nos separamos. Desde entonces, he estado compartiendo mi vida con Naomi, sin saber qué diablos fue de tu vida. Ahora bien, hoy te presentas con la verdadera intención de visitar a Tanimura, me encuentras aquí y deseas que seamos amigos. Son siete años, ¿entiendes? ¿Cómo puedo ser amigo de un fantasma?
—Que yo sepa, no estoy muerta, ni siquiera en ti. Conozco tu mirada y sé cuando mientes. El timbre de tu voz, delata tus sentimientos aislados. Naomi no está, necesitas a alguien, el destino nos ha puesto a ambos aquí. El nudo es Tanimura.
—Pero ese es el destino. Yo tengo la decisión de permitir si te vas o te quedas.
—¿No te parece curioso?
—¿Curioso? —Takahiro frunció el entrecejo—. ¿Qué es curioso?
—El destino es un guion escrito, pero nosotros, como individuos, podemos reescribirlo. Hay oportunidades que se presentan, eso es parte del destino. Tú decides: aprovechar la oportunidad o dejarla pasar. De manera que yo digo que nuestro encuentro es parte del destino, así lo quiso el universo, azar, karma o lo que sea. No obstante, el propósito del encuentro depende de lo que ambos aspiramos. Por mi lado, regresar a tu vida como una amistad; por tu lado, niegas mi presencia y optas por rechazar mi propuesta de amistad. En resumen, las decisiones humanas son las letras que, nosotros, como escritores, rellenamos en el guion llamado destino. Asimismo, el espacio en blanco del guion, contiene nuestra tinta.
—No has cambiado tu visión del mundo, Kumiko. —Una sonrisa inconsciente afloró en el rostro de Takahiro.
—¿Por qué no ser amigos? —Kumiko, ahora, miró a Takahiro—. Ya estás sonriendo conmigo, es un buen indicio.
—Estoy con una chica que amo, kumiko…
—¿Aún sientes algo por mí?
—Han pasado siete años. —Suspiró—. Siento culpa por el daño que te hice. No siento algo concreto por ti, porque decirte si es verdad, sería una gran mentira.
—Eres un perfecto mentiroso, ¿sabes?
—No te burles de mis imperfecciones.
—Sé que no sientes nada por mí, eso es obvio. Yo aún te amo, no retiro lo dicho de hace siete años.
—Yo amo a otra persona, Kumiko. Lo siento, no es recíproco el sentimiento.
—No estoy diciendo lo contrario. Creo que soy libre de expresar mis emociones. Que tu interpretes mal el asunto, ya corre de tu parte.
—Hubieron muchas situaciones que corrieron de mi parte, ya ves en donde terminamos.
Una enfermera salió de la escena. El médico de turno se marchó por la puesta que dirige hacia las salas de terapia intensiva. Takahiro se preguntaba: ¿cómo se sentiría Tanimura y qué estaría pensando?
Takahiro no halló respuesta factible. Un ser humano en estado vegetal, ¿piensa? Tal vez, sí, en el caso de Tanimura, no estaba tan grave como él pensaba. Dispersó los pensamientos referente a lo que rondaba en la cabeza de su mejor amigo.
Un ave gorjeó, Takahiro sintió que despertó en un lugar lejano al suyo. No sabía dónde tenía los pies. Sobre el horizonte n***o, la figura de Tanimura se convertía en arena. Así pues, la arena se expandió y se convirtió en un desierto. Bajo la planta de sus pies, emergió una duna. Intentó estabilizarse, pero resbaló y rodó hacia un agujero n***o que todo lo absorbía. En el centro del agujero, el alma de Aiko lo esperaba.
—¿En qué piensas? —preguntó Kumiko y dio una palmada al hombro de Takahiro.
Takahiro respingó.
—¿Qué ocurrió? —respondió.
—Te quedaste viendo a un punto en el vacío y no hablaste más.
—Tú no continuaste la conversación.
—Pensaba que ya lo dicho estaba en el aire.
—El viento de lleva las palabras.
—La brisa de Mayo.
Las hojas se mecían en el exterior. El murmullo de otras personas en la sala de espera, quebraba el silencio. Kumiko miró de soslayo a Takahiro. La hora, marcada en el reloj digital, parecía nunca acabarse. Los minutos eran eternos.
—En Mayo se celebra Aoi Matsuri. Uno de los tres mayores festivales en Kioto. —Takahiro miró a Kumiko—. ¿Recuerdas?
—No tuvimos la oportunidad de ir —dijo Kumiko.
—Pero sí fuimos al Sanja Matsuri, uno de los festivales sintoístas más grandes e importantes de Tokio. —Cruzó los brazos a la altura del pecho y adoptó un semblante reflexivo.
—Por supuesto, recuero los integrantes de la yakuza y sus tatuajes. Resulta llamativo que participen en un festival así.
—No pudimos ir al festival de primavera de Fujiwara. Se celebra en Hiraizumi, prefrectura de Iwate, en la región Tohoku. Las clases nos acumulaban deberes y no nos quedaba suficiente tiempo.
—La danza de las geishas de Kioto, ¿recuerdas? A ese fuimos, pero al Aoi Matsuri, desconozco el motivo.
—¿Sabes algo, Kumiko? —Ella prestó atención al rostro circunspecto de Takahiro—. Hemos ido a festivales importantes para la sociedad. Asistimos y vivimos gratos momentos. Construimos un recuerdo del que hoy podemos evocar con una sonrisa cuando pensamos el uno al otro. Sin embargo, faltó asistir a un festival que resulta ser importante. ¿Sabes qué es lamentable? Que no podremos ir.
—No estoy diciendo lo contrario, tampoco siento lástima. —Mostró el anillo de matrimonio—. ¿Entiendes que te pido amistad?
Takahiro se ruborizó y emitió un suspiro apesadumbrado. ¿Cómo pudo ser tan ciego para no ver el anillo? Las intenciones de Kumiko eran sinceras.
—Tú lo has dicho, no podremos ir, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Tenemos personas con quienes trazar nuevas rutas y asistir a festivales —dijo Kumiko—. Y así es el viaje que recorremos: un sinfín de festivales repetitivos, año tras año. Aunque pueda ser monótono para quien lo haya visto, realmente es especial cuando asistes con la persona que amas. Solo, las geishas te parecerán aburridas, pero acompañado, verás las geishas de diferente manera. La cuestión está en el compartir de perspectivas que tenemos con la persona que está a nuestro lado. Cabe destacar las emociones que convierten el escenario en una fantasía cumplida. Podrás mirar el castillo mil veces en tu vida, pero ahora velo con otra persona. Podrás soportar el frío de los inviernos tu solo, pero ahora hazlo con otra persona. Todo cambia cuando alguien acciona ese botón secreto en tu interior.
—Eso lo encontré con Naomi… Y en su momento, pude apreciarlo contigo —expresó Takahiro.
—Cuando regresas a los mismos lugares que disfrutaste en el pasado con alguien, la nostalgia invade el presente. Entonces inicia la añoranza en brazos de otra persona. Pero está en nosotros permitir que esa añoranza avance, en cicatrizar la herida que dejó un proceso abierto en el interior. Tú y yo quedamos abiertos, con un proceso que no ha cerrado. En consecuencia, al vernos, nuestros sentimientos bullen como estuvieran en una olla de presión.
Esa era la definición correcta: olla de presión.
Naomi se largó a quien sabe dónde. Tanimura estaba en terapia intensiva. Kumiko, su pasado, llegó a su vida de nuevo. Pero es él quien decide si abrir la puerta a su pasado o no.
En una habitación, acostado en la cama, con las manos en el estómago, miraba el ventilador de techo. Las aspas giraban rápido, pero no parecía dar aire. Sofocado por una extraña presión en el ambiente, Takahiro se levantó. El piso era de hielo; sin embargo, estaba avezado al frío. La oscuridad rodeaba la estancia. Un débil rayo de luz traspasaba la ventana sin vidrio. Admiró los seres de la noche, que eran entes encapuchados con linterna en mano.
—¿Quién soy? —preguntó Takahiro en voz alta.
—Eres Takahiro Okada —contestó la voz de Kumiko como si se encontrara en Australia. Quizás ella estaba tan lejos que no podía alcanzarla, pero sí oír su voz.
—¿Por qué estoy en una habitación que no conozco?
—¿Habitación?
Despertó de la ensoñación. Sacudió la cabeza y miró a Kumiko.
—No sé qué demonios estoy diciendo —afirmó Takahiro.
—¿Cuándo se levantará Tanimura?
—Los médicos no saben el tiempo de recuperación de él. Te recomiendo que esperes o regreses mañana.
—Okey.
Kumiko se levantó y caminó sin mirar atrás. En cuanto su presencia quedó como sinónimo de una estela, Takahiro cerró los ojos para dormir. La conversación con su pasado, agotó su cerebro.