Sea como sea... Siempre quiero estar cerca de ti.
Las nubes se veían hermosas desde el balcón. Tan solo pensar que estaba a miles de kilómetros lejos de su hogar, le invadía una sensación de soledad inmensa. Mérhida era la chica que no salía de sus pensamientos. Y pensar que ella ya se había olvidado de él, lo ponía de mal humor.
Recordó sus palabras de aquella noche sin estrellas. Parecían tan dulces y sinceras que se dejó engañar por ellas, decidió creerle porque la amaba. Pero ahora nada de eso parecía tener sentido.
Al cerrar sus ojos, solo podía ver a la chica a la que una vez juró amor eterno, encima de un escenario con miles de personas, acompañada de un chico famoso, guapo y con talento. Juraba que aquella canción trataba del amor que habían comenzado Merh y aquel joven artista.
Cerró los ojos y frunció los labios con amargura. Pensar en ella en brazos de alguien más le hacía enfermar. Ahora solo tenía que pensar en el viaje que supuestamente cambiaría su destino. A su lado se encontraba Dante, un chico dos años mayor que él, y que había implorado por acompañarlo; era un entusiasta en cuanto a la empresa se trataba, así que no tuvo de otra que llevarlo consigo a Miami.
Se preguntaba porque Dante estaba tan interesado en involucrarse de lleno en la empresa de los Gaynor y los Evans -de ahí su nombre-. Suponía que solo quería agradarle a Marcus Gaynor.
Sin quererlo, se había quedado dormido y cuando recién despertaba, ya era hora de su clase de alemán, pues si bien había dejado la escuela para ese viaje, el instituto se había encargado de asignarle a una institutriz para que no perdiera el año. Mientras caminaba con sus libros en brazo, algo invadió su mente: ¿Qué estaría haciendo Merh en estos momentos? Pero se obligó a apartarlo rápidamente, pues suponía que estaría con aquel músico. Aunque en realidad, las cosas no eran así del todo:
La vida de Mérhida Baines Jhonson comenzaba a ser complicada, y ahora un nuevo problema se abría paso en su vida de adolescente.
—¡No puedo creer que lo hayas perdido! —Se escuchó de pronto la voz de una chica, su mejor amiga llamada Mellissa, gritó tras saber que Merh había perdido un trozo de papel que significaba mucho para ella.
—¡No lo perdí!, ¡Ya te dije que es seguro que lo tengo por aquí! —Explicaba Merh desesperada, rebuscando entre las hojas mal colocadas y desparpajadas sobre su escritorio. Estaba eufórica, y tenían prisa, pues habría que ir a la escuela muy pronto.
—¿Me mentiste cuando te pregunté si la habías quemado? —Preguntó Mell, algo enojada.
—No... O bueno, solo te dije que la había desaparecido...
—¡No puedo creerlo! —Seguía Mell, comenzando a exasperarse.
—¡No pudo haber ido a ningún lado! ¡No ha salido de mi cuarto! —Exclamaba Merh con desesperación. Si ese trozo de papel salía de su habitación, sería el fin para ella, pues en ella estaba escrita una carta dirigida a su exnovio Elioth H. Evans Jones, el mismo chico con el que en el pasado, esperaba compartir una vida juntos.
—Igual... Yo no entiendo porque te alteras tanto... —Expresaba Mell, viendo como su amiga vagaba con preocupación por toda la habitación, buscando aquel insignificante papel.
—Es el contenido, la carta que le escribí... ¡No puede leerla nadie! ¡Y mucho menos Ian! —Explicaba Merh, mientras se desplazaba como loca en su habitación.
—¿Pues qué le escribiste o qué?
—¡Prácticamente le dije que lo extrañaba y que deseaba volver con él! —Se encontraba bastante preocupada, sin mencionar que estaba apurada. No podía llegar tarde a la escuela por enésima vez.
—No puedo creer… Te has vuelto un desastre desde tu ruptura con Elioth… —Mencionaba Mell decepcionada, aumentando la presión que sentía Merh en esos momentos.
—Ya te veré yo cuando termines con Charles… —Replicaba Merh. Pensando y recordando dónde podría haber dejado aquella carta.
—¡Mérhida! —Gritaba enojada su madre. —¡Llegarás tarde de nuevo!
—¡Mierda! —Maldijo por lo bajo. —¡Allá vamos! —Gritó la respuesta a su madre.
—¿Sabes? —Interrumpió Mell, pensando en calmar los ánimos de su pobre amiga que estaba más agobiada. —Creo que mejor nos vamos… No vaya a ser que nos perdamos la primera clase.
Desde el comienzo de cuarto semestre de preparatoria, su mejor amiga había podido cambiarse al pasar el examen selectivo para la beca, donde la escuela asumía todos los gastos. Así que a diario iban juntas a la escuela, lo que algunas veces perjudicaba a Mell, pues Merh era demasiado impuntual.
—Está bien… Supongo que seguiré buscando más tarde. —Dijo Merh, rindiéndose por fin.
En la primera semana de clases, habían tenido la mala fortuna de que les hubieran tocado salones distintos, pero por fortuna, el destino les había sonreído, pues al parecer alguien del grupo había pedido cambio, así que ahora Mell podía estar junto a su mejor amiga. Así podía asegurarse de Merh no se sintiera sola, pues conocía la historia. Desde que sus antiguas amigas Diana, Lynda y Melissa la hicieran a un lado, hasta su reciente distanciamiento con su mejor amigo Luke. Sin mencionar que ahora Miriam estaba más pegada a Dylan que antes y que Lucy ahora estaba en la universidad.
Su vida había cambiado mucho, pero no sabía hasta qué punto. Era verdad que se sentía rara, algunas veces sin ganas de seguir adelante, pero su amiga y su familia la hacían sentirse un poco mejor, sin mencionar que su actual novio Ian Brooke ayudaba mucho. El problema era que aún sentía algo por Elioth, sentimiento que había enterrado muy dentro de su corazón, ahogándolo hasta que no quedara ni una pizca de este. Seguro esto le traería problemas a futuro, pero mientras tanto, ella vivía su reciente relación con el exitoso vocalista de la banda ‘The black pillows’ con normalidad, disfrutando de cada momento a su lado.
Los horarios habían cambiado demasiado, pero no le desagradaban del todo. Sus clases favoritas seguían siendo las mismas: Literatura y Matemáticas, la cual en esta ocasión era trigonometría y álgebra. En los descansos salían Mell y ella a vagar por los largos pasillos del instituto, y en algunos casos, Miriam se les unía para ponerlas o ponerse al tanto. Los días que pasaban, eran con regularidad aburridos, hasta que, junto a Charles, Ian y Mell armaban un plan y salían a algún lugar que les gustase.
Todo estaba a punto de cambiar.
Desde la primera hora, una vez llegaron ambas amigas a la escuela; se posicionaron en su banca de todos los días: ubicada en el centro del salón, debido a que Merh recién comenzaba a utilizar lentes debido a que su visión comenzaba a nublarse a larga distancia, diagnosticada con estigmatismo. Comenzaron a colocar sus materiales y cuadernos para la primera clase del día, la cual era biología, dada por un maestro nuevo que comenzaba a suplir a la antigua bióloga marina, debido a que esta estaba embarazada.
Su nombre era Roger. Un profesional que había dedicado su vida en laboratorios importantes que se encargaban de preservar la vida de especies endémicas y en peligro de extinción. Él mismo contaba que se había mudado a California para vivir su nueva vida de divorciado. Tenía treinta años, mucho más grande que el último profesor que había causado furor en las alumnas hace unos cuantos meses. Si bien Will había sido considerado como un profesor atento, guapo, inteligente y además joven. El nuevo profesor de biología era un adulto responsable, maduro y tenía cierto encanto.
El escrupuloso Roger entraba galante y seguro al salón de clases, saludando cordialmente a cada uno de sus alumnos. Recién llegaba y todas las miradas se posaban en él, algo que no le parecía nada incómodo a menos que una jovencita se le quedara mirando con cuidado. En este caso, las chicas más atrevidas se aventuraban a hablarle con la esperanza de conseguir ‘algo bueno’. Pero Roger era un hombre que mantenía sus valores muy a flor de piel. Colocó su chaleco color azul marino -color institucional- encima del respaldo de la silla de su escritorio, y después se sentó en el escritorio, mirando con una sonrisa maliciosa a sus alumnos, abriendo paso para los diez minutos de preguntas al azar que hacía para comenzar a evaluar a cada uno. Regularmente se acariciaba su barba de candado, tupida y negra como sus ojos; para adentrarse de lleno en materia.
—¿Listos? —Preguntaba divertido, mientras veía como los muchachos se ponían nerviosos ante su mirada atenta. Evaluando los rostros y analizando sus expresiones, comenzaba por los chicos a los cuales veía menos atentos. —Luke. —Llamó primero, señalándolo con su marcador de pizarrón. El joven que comenzaba a guardar su celular, lo miró con una expresión de indiferencia, mientras que Roger pensaba en una buena pregunta. —Para participación. —Continuó el profesor. —¿Cuáles son los tipos de células? —Roger lanzó la pregunta al aire, mirando a cada uno del aula, esperando que estuvieran listos para arrebatarle la respuesta a Luke, pero eso no pasó.
—¿Células? —Respondía Luke con otra pregunta.
—¿La tienes o no?
Luke lo miró con superioridad. Una actitud que había tomado reciente, causante también de su pequeña separación con su mejor amiga Merh.
—Esa es fácil. Procariotas y eucariotas. —Respondió por fin el joven, mirando desafiante al profesor, quien no siguió su juego, si no que con gran alegría le respondió:
—¡Correcto! Tienes tu participación como todas mis clases.
Eso también era muy común. De alguna manera, la clase en la que Luke mejor le iba era biología.
La mirada de Roger repasó a cada rostro que esperaba ansioso la nueva asignación. El cual al final reposó su mirada en Melissa. La chica chaparrita de lentes, la que alguna vez fue su amiga, se acomodó sus grandes anteojos con los dedos índice y de en medio para mirarlo con una amplia sonrisa. Esa chica era de cuidado, pues se decía que asechaba al biólogo.
—La célula procariota corresponde a los seres vivos como animales, plantas y a nosotros como seres humanos… ¿Eso es verdadero o falso?
—Verdadero. —Contestó la castaña con rapidez, lo que causó una mueca a Roger y seguido negó con un movimiento lado a lado con su cabeza.
—No. —Corrigió tajante. —¿Alguien sabe la respuesta correcta? —Roger volvió a mirar a sus alumnos, quienes más de uno tenía la mano levantada. —Tú, Merh. —Volvió a decir con su misma sonrisa maliciosa.
—Es falso, las procariotas corresponden a los organismos tales como las bacterias. —Respondió Merh confiada.
—Es correcto señorita. ¡Has ganado tu participación!
Los dos minutos restantes de la serie de preguntas para ganar participación continuaron, abriendo paso a una interesante clase después, y al finalizar, el grupo de niñas de siempre se amontonó en su escritorio, con la sorpresa de que ahora Melissa se encontraba también ahí.
Merh no pudo evitar mirar en su dirección, escuchando así un poco de la conversación. Mirando a Mell de reojo quien también estaba atenta a lo que sucedía.