Los celos casi no formaban parte de su relación. De hecho, no recuerda haberle hecho ninguna escena de celos a ningunos de sus novios, ya sea a Elioth o a Ian. Pero, debía admitir que salir con un integrante de una banda juvenil, no era tan fácil como imaginaba.
Si, Elioth era famoso por ser hijo del empresario que más daba que hablar. G&E Company era una empresa líder en la industria de la moda, además de que los dueños en su mayoría, estaban casados con modelos de alto perfil. Sin embargo, aún los dejaban vivir de forma natural. Podían ir a la escuela sin que la bola de paparazzi los siguiera y podían estar tranquilos comiendo en un restaurante sin que hubiera miles de miradas a su alrededor.
Eso era insufrible, pero no decía nada porque al parecer a Ian no le molestaba, incluso parecía que su novio había nacido para eso.
—¿Qué tanto piensas? —Preguntaba Ian a su lado en el volante, al notar que Merh estaba absorta en sus pensamientos.
—¿Yo?
—Si, no hay nadie más con quien pueda hablar... —Recalcó el chico, sonriendo mientras de vez en cuando veía a su novia que estaba nerviosa.
—Oh, nada. Solo me preguntaba a dónde iríamos esta vez...
—¿Segura? Porque parecías muy ansiosa...
—Si, estoy segura. No creas que ando pensando cosas extrañas o...
—Ya veo.
Merh se quedó callada. Su novio era un chico de pocas palabras, pero no era aburrido estar con él, pues ella había aprendido a congeniar con el silencio.
Sin embargo, no podía parar de comparar a Elioth con este chico, llegando a pensar incluso que a estas alturas, Elioth ya sabría que estaba pensando.
—Está bien, te diré. —Pronunció Mérhida, apartando ideas tontas y rindiéndose ante Ian. —Estoy preocupada por esta salida... ¿Será que hoy también nos perseguirán las fans y los periodistas locos? —Preguntaba la chica, jugando con su cabello rizado mientras volteaba a ver constantemente a su novio, quien ponía especial atención en la carretera.
Merh resopló, era increíble que aunque él no preguntara nada, su constante deseo de andar pregonando lo que sentía, le obligara a contarle todo lo que por su mente pasaba.
—Así que era eso.
—Si... Ya sabes bien que la prensa y yo no nos llevamos muy bien... A pesar de que por mucho tiempo la ignoré...
—Amor... Se que es extraño, pero no tienes que temer.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? —Replicaba la chica, mirando con temor a su novio. —La última vez nos sacaron fotos cuando estábamos saliendo de mi casa. ¡De mí propia casa!
Ian soltó una risita, como si recordara el momento.
Merh también lo recordaba, mucho mejor que muchas cosas que debían ser de mayor prioridad, pero realmente fue demasiado increíble.
Un día, después de regresar de ensayos con la banda, a los cuales Merh y su mejor amiga habían asistido, se la había pasado genial ese día, además de que comenzaba a sentirse más cerca de Ian, haciendo que poco a poco sus dudas se disiparan. Por eso ese día había sido muy importante. Después de sufrir tras descubrir que su exnovio se iba de California y probablemente ya no regresaría, de saberse sola tras pelearse con Diana, Lynda y Melissa, después de despedirse y terminar su relación con Elioth, y de sentirse miserable por creer que la vida le había dado la espalda. Sentir que Ian estaba interesado por ella, que le preocupaba y que aparte de todo, la apoyaba en todo y la tomaba en cuenta. Supo que quizá debía darle una oportunidad.
Su vida comenzaba a complicarse, además de que comenzaba a creer que el amor no existía.
¿Qué probabilidad había de volver a encontrar a un amor tan puro como lo tenía con Elioth? ¿Por qué la persona que más amó en su vida se iba y se olvidaba de ella? ¿Por qué tenía que haber elecciones tan difíciles? ¿Por qué no había un final feliz para todos?
Ese día, viendo a Ian cantar en el Garaje de la casa de Charles, sintiendo la música y mirándola como la chica más maravillosa que sus ojos habían visto, supo que quizá, las segundas oportunidades existían, y que no iba a saber nunca si podría ser capaz de amar de nuevo, si no lo intentaba. Ian tenía razón. No se trataba de encontrar un reemplazo, se trataba de formar nuevos recuerdos, nuevos sentimientos, nuevas emociones y nuevos recuerdos. Se trataba de vivir de nuevo.
Ese día iba convencida de que amar de nuevo sería una buena opción, así que, esa tarde Ian la llevaba a su casa. Merh tenía en su rostro una amplia sonrisa que delataba que había decidido creer de nuevo, pero esta se vio desvanecida tras ver a los periodistas, fotógrafos y demás afuera de su casa esperando que Ian saliera para que contestara un par de preguntas. Ahí, su esperanza por la humanidad volvió a ser nula.
De un momento agradable, bonito y emotivo, solo le quedó el recuerdo amargo de los incansables flash que le estallaban en la cara, dejándola ciega y con ganas de morirse ahí mismo.
¿Ahora no podía disfrutar de salir con su novio?
—Estaba vez, te prometo que no será así. —Seguía alegando Ian.
Merh lo miró abrupta, el reloj del coche de su novio marcaba que solo habían pasado dos minutos, pero para Merh parecieron horas en las cuales traía a su mente los recuerdos de esos días. No atinaba a aportar nada a la conversación, así que solo le siguió el juego.
—¿No? Pues eso espero, porque en serio no quiero verme después en f*******: o i********:.
Ian suspiró. Y Merh se dio cuenta que estaba hablando demasiado.
—Lo siento. —Se disculpó al final. —No quiero ser pesada con el tema... Pero...
—Tranquila, te comprendo.
—¿En serio? —Merh lo miraba ilusa, creyéndose la peor persona del mundo.
—Si... A veces yo también desearía que pararan de grabarme y seguirme. Es molesto.
—Es verdad...
—Pero escucha, como sé que a ti no te hace mucha ilusión, esta vez le pedí a Mell que eligieran un lugar más... Privado.
Merh abrió los ojos demasiado, formando un rostro de sorpresa tan puro que a Ian le dio ternura.
—¿Cómo es eso? —Preguntaba ella.
—Simplemente... Tendrás que verlo, pero tranquila, no tendrás que esperar mucho.
Merh se acomodó en su sitio, mientras miraba atenta a través de la ventana del coche. Iba tan inmersa en sus pensamientos que no se había dado cuenta que estaban en medio de un bosque.
—¿A dónde me llevas? —Preguntó con emoción, mientras miraba el paisaje verde y tan tranquilo.
—Ya te lo dije, es sorpresa. —Ian le guiñó un ojo, mientras que los músculos de su rostro se tensaban para formar una sonrisa.
Ahora lo entendía. Comprendía todo.
—No nos vamos a quedar mucho tiempo, ¿no?
—Merh... Es viernes, no tienes clases al otro día.
—Oh cielos, ¿Nos vamos a quedar este fin? —Lo que comenzaba como una linda sorpresa, terminó en pánico, pues Merh ahora temía una sola cosa: su padre.
—Si... ¿Hay algún problema?
—¡Claro que hay un problema! —Decía Merh, luchando por no ponerse histérica en seguida.
—No... ¿No te agrada la idea? —En el rostro de su novio, empezaba a ponerse una mueca de dolor, de miedo y de pena. Todos juntos.
—¡Ian, yo no me mando sola! —Soltó por fin la chica, brincando en su asiento y colocándole sus pequeñas manos en el antebrazo del chico, el cual se mantenía tenso en el volante.
—Ohh... Es eso ¡Me asustas! —Decía más aliviado el chico, quitándose su cásico gorro n***o con rayas y pasándose la mano por su cabello n***o. Tan bien cuidado como sus guitarras.
—¡No puede ser! ¡Ian, me van a matar!
—No te preocupes, yo ya me encargué de eso.
Merh levantó una ceja, claro que no lo podía creer.
—Ian, mi padre te odia.
—Ya lo se amor, cuando digo que me he encargado de todo, en realidad quiero decir que Mell ya se ha encargado de todo. —Explicó su novio.
—La voy a llamar. —Se apresuró a decir Merh, seguido de sacar su teléfono y buscar entre sus contactos a su mejor amiga.
Esperó un rato en el tono de espera, además de que había momentos en que la señal no le llegaba. Pero después de un rato, su amiga atendió al teléfono.
¿Sí? ¿Quién habla?
—¡No te hagas! ¡Sabes que soy yo! —Contestaba Merh ante el teléfono.
¡Oh!, ¡Pero si es la gruñona de mi amiga!
Merh rodó los ojos.
¿Qué pasa? ¿Ya te diste cuenta hacia dónde vamos?
—¡Si! ¡Y déjame decirte que es una pésima idea! ¿Crees que mis padres me dejarán?
¿Sí?
—¡Por supuesto que no Mellissa! ¡Mi padre vendrá a buscarme hasta por debajo de las piedras!
¿Puedes calmarte? ¡Eso no va a pasar!
—¡¿Pero de qué hablas!? ¡Eso hará!
¡Ya te dije que no!, mira amiga, te recomiendo que mejor te tranquilices y me escuches.
—Soy toda oídos. —Contestó Merh tras el teléfono que estaba conectado al Bluetooth del coche de su novio, cruzando los brazos.
Yo personalmente le pedí permiso a tus padres, y ¡Adivina! ¡Te dieron permiso! Incluso tu madre me ayudó a preparar tus maletas. Así que aplaca tu trasero enojado y disfruta del viaje. ¿Sí? Que aún queda mucho camino.
Seguido de esta frase, Mell colgó, dejando a Merh hecha una furia. ¿Qué se pensaba su amiga? ¿Qué podía manejar así de fácil su vida?
—Creo que deberías hacerle caso a Mell... —Sugería Ian, mientras cerraba los ojos y apretaba con fuerza la mandíbula. Ya sabía el reclamo que le venía. Pero sorprendentemente, Merh actuó distinto.
—No queda de otra, ¿no?