Sin duda las vistas eran hermosas, el paisaje lleno de distintas tonalidades verdes le fascinaban, y le creaban una sensación tan placentera, que por un momento sintió que ese era su lugar favorito en el mundo. Casi deseaba que no estuvieran los demás, deseaba estar sola, perdida entre la naturaleza y los kilómetros de árboles que los rodeaban.
¿Así se sentiría la plenitud?
Merh estaba en sus mejores momentos, podría decirse que se sentía más llena de vida que nadie, sentía que podría tocar el cielo con las manos. Ahora más que nunca, sentía que podría conseguirlo todo. Aquel viaje, la hizo reflexionar, aunque no le gustaba demasiado adentrarse en sus pensamientos, esta vez lo permitió por el simple hecho de que se sentía inspirada.
Pensando en su vida antes de aquel viaje en donde conoció a Ian, se dio cuenta de muchas cosas.
En primera, había cambiado demasiado, se había abierto mucho más a la aventura, se había adentrado en un mundo que nunca antes había pensado en buscar.
Era increíble lo mucho que había cambiado. De ser la chica amiguera y buena onda a la que todos hablaban, a ser una chica más reservada y un poco desconfiada en la gente, ganándose ahora su famoso apodo de 'amargada' y 'enojona'. ¿La razón? Pues el primer año de preparatoria tenía la culpa. O bueno, los acontecimientos, era increíble lo que un par de experiencias y varias personas podían hacer en una sola persona; las heridas podían hacer a una persona a su manera. La pregunta que tenía en su cabeza ahora era: ¿Yo cambié para sanar mis heridas? ¿O realmente mis heridas me cambiaron a mí?
Una introspección por su pasado que había dejado para el final, se hizo en unas cuantas horas de camino hasta el final de su viaje.
Lo primero que pensó fue en ella al entrar a la preparatoria. Se veía a la antigua Merh nerviosa por conocer a sus nuevos compañeros, y aunque el cambio era parte de su vida, conocer gente nueva siempre le asustaba. ¿Inseguridad? Tal vez, lo bueno fue que las personas que conoció no parecían malas al principio.
En otro momento, quizá unos meses atrás, ella misma habría dicho que sus antiguas amistades las cuales eran Diana, Lynda y Melissa, habían sido injustas con ella, abandonándola a la primera oportunidad que tenían, pero con el tiempo entendió que las amistades se desgastan y se pierden si no se cuidan. Aún le tenía cierto resentimiento a Melissa, pero suponía que con el tiempo podría perdonarla.
Su amistad era genial, y eso ella lo sabía muy bien. Aunque no le gustaba admitirlo, de vez en cuando le permitía a su mente que le mostrara mediante recuerdos aquellos momentos felices que había vivido con Diana y Lynda. Y una sonrisa se le formaba en su rostro, aquella que confirmaba que aún les tenía cariño, y a pesar de todo lo que aconteció después, -hablando de cuando Melissa se interpuso en su amistad, cuando se le acusó de estar saliendo con Will, quien en ese entonces era su profesor de geografía-, ahora entendía que eso formó la Merh que ahora era. En su rostro se le formó aquella sonrisa melancólica que salía cuando pensaba en todos esos recuerdos. lo malo era que, cuando hacía ese tipo de análisis, a su mente le saltaba el rostro de Elioth y todos los momentos que habían vivido, y eso obviamente le dolía y le causaba conflicto. Si, después de meses de su ruptura, aún no lo superaba. Merh era el claro ejemplo de que el primer amor no se olvidaba.
Elioth era la razón por la cual no le gustaba recordar ese año. Vivió muchas cosas geniales, pero ella se empeñaba en bloquearlo para evitar lastimarse de nueva cuenta. Pero esta vez, ella decidió desbloquearlo, recordándolo todo: desde el momento en que se conocieron, cuando lo vio por primera vez, cuando se enamoró de él, su primera cita, cuando conoció a su familia, la primera vez que Elioth pisó la casa de sus padres, cuando Jules, su padre, desconfiaba de él. Su recuerdo fue como una caricia al alma, pero el recuerdo de su ruptura: después de la obra de teatro que había ansiado demasiado, el recuerdo de ellos dos abrazándose, despidiendo el amor que juraron perduraría para toda la vida. Le formó un nudo en la garganta.
—¿Merh? —Habló Ian a su lado. —¿Todo bien amor? —Merh se sobresaltó, estaba tan centrada en sus pensamientos. que el llamado de Ian le tomó por sorpresa, y después de haberlo pensado más, se sintió culpable por haber traído el recuerdo de su ex-novio a su mente. Pero se obligó a mentir para no hacer sentir mal al chico que esperaba expectante su respuesta:
—Ehmm... Si. —Tragó saliva antes de continuar, tratando de tragarse el sentimiento atorado en la garganta. —Solo estaba pensando... Ya sabes, en la escuela y demás.
—Si claro. —Contestó él, en un todo de duda.
—Si... —Merh no sabía como continuar aquella conversación, y tampoco quería, así que desvió el tema: —si... Y bueno, ¿a dónde me llevas? —Lanzó la pregunta, deseando que colara, y para su buena suerte, aquello funcionó de maravilla, por que a Ian se le iluminó el rostro y cuando eso pasaba, sabía perfecto que una buena conversación impregnada de emoción se venía.
—Bueno... Ya que estamos un poco más cerca, supongo que puedo decirte. —Mencionó Ian sonriente, dando pequeños vistazos a Merh que estaba recargada en su asiento. —Vamos a un campamento perdido en la nada, o más bien, perdido en este bosque...
—Ya... ¿Pero exactamente dónde? —Preguntó Merh con urgencia.
—No te puedo decir, eso es secreto hermosa. —Contestó Ian, guiñándole un ojo y acercando su boca a la frente de la chica para finalmente, plantarle un beso rápido.
—¡Buaah! —Exclamó ella, estaba un poco decepcionada por el hecho de que no saber a dónde iban, pues para ella era importante estar enterada de todo, más por que él sabía que a ella le gustaba tener el control de las cosas. Y tener que aguantarse a hacer algo que no estaba pensado por ella, le causaba cierto grado de ansiedad. ¿A qué se debía? No tenía ni idea, pero mientras tanto, su seguridad dependía de sentir que ella podía controlar lo que pasaba en su vida.
—Ya verás, te gustará demasiado este fin de semana, y más porque sé que comienzan tus primeros exámenes del parcial.
—¡Si! Y no he estudiado nada, no sabes el terror que siento ahora mismo. ¡No voy a poder estudiar nada! —Replicaba Merh, aunque un poco en broma y más relajada.
—¡No digas nada más! —Advirtió Ian divertido, levantando su dedo índice ante ella. —¡Siempre te quejas de lo aburrido que es estudiar!
—¡Baah! ¡Solo es broma! —Replicaba ahora Merh. —Es increíble que a estas alturas no seas capaz de comprender cuando estoy siendo sarcástica.
—Ya... Pero en mi defensa, tu cambias de humor muy seguido, así que no es tan fácil adivinar cuando estás usando el sarcasmo.
—Tú no tienes remedio... En fin. ¿Pones música tú o la pongo yo?
—Ya conoces la respuesta hermosa. Tú eres la DJ.
Y así fue como escuchando Imagine Dragons, perdidos entre la naturaleza, una buena compañía y a ambos chicos cantando a todo pulmón. Comenzaba el gran fin de semana que Ian había pintado como el mejor.
—¿Sabes? —¨Lanzaba la pregunta Ian.
—¿Qué pasa?
—Creo que tengo todo lo que soñé...
—¿Ah si?
—En definitiva. —Afirmaba Ian radiante. —Tengo la vida de rockstar que siempre soñé.