A la mañana siguiente, el sol se filtraba por las ventanas, bañando la casa con una luz cálida y suave. Isabella se despertó sintiéndose un poco más descansada, aunque la carga emocional aún pesaba sobre ella. Miró hacia el lado de Glen, pero él ya no estaba en la cama, parpadeó unos segundos y suspiró, tocándose la frente recordando todo lo que había sucedido la noche anterior. ¿Cómo es posible que todo se sienta tan complicado y, al mismo tiempo, tan correcto?", pensó Isabella. Sabía que la atracción que sentía por Glen era innegable, pero la culpa por su situación con Andrew la carcomía por dentro. Cada momento con Glen parecía un refugio de la tormenta de su vida, pero no podía ignorar las consecuencias. Se levantó y salió de la habitación, caminó lentamente buscando a Glen, el aroma

