Mientras Isabella se dirigía hacia el coche de Robert, las palabras de Glen resonaban en su mente. “Te amo, Bella...”. Nunca había imaginado que alguien pudiera amarla con tanta intensidad. Sus pensamientos se entrelazaban con sus emociones, sintiendo una mezcla de tristeza, culpa y una chispa de esperanza. “¿Y ahora qué haré?” se preguntó mientras subía al coche. La incertidumbre sobre su futuro la abrumaba. Glen había prometido esperar, pero ¿cuánto tiempo podría mantener esa promesa? Y, más importante aún, ¿cuánto tiempo podría ella mantener la fachada de su vida con Andrew? Robert la miró con preocupación al verla subir, pero no dijo nada. La conocía lo suficiente como para saber que algo con ella no andaba bien. Bella por naturaleza, era una chica alegre y optimista, pero en ese m

