Glen no se iba a quedar con los brazos cruzados viendo como el amor se le escapaba de sus manos. A pesar de sus celos y la inseguridad que sentía con respecto al lugar que ocupaba en la vida de Isabella, no estaba dispuesto bajo ningún punto de vista rendirse y dejar todo así. Tenía que hacer algo, pero rápido, así que luego de meditarlo un rato, apeló al último recurso que le quedaba: Alex. El niño era el único que podía decirle a ciencia cierta como y donde se encontraba su madre. Después de haber estado con Isabella, le repugnaba la idea de tener que usar al niño para obtener información, pero no le quedaba de otra. Tomó el celular y le envió un mensaje al niño, y mientras lo hacía se maldecía así mismo. 《Hola Alex, ¿Cómo estás? 》 A los minutos, el niño le respondió. 《Hola Glen, e

