“Yo también, pecosa", murmuró, sonriéndome. Salimos de casa y en ese momento apareció Diego, quien nos vio besándonos. Aunque sabía que lo hacíamos por su hermano, él parecía incómodo. “Se ven lindos juntos", comentó mientras pasaba a nuestro lado, pero su mirada era extraña. “Gracias por el apoyo", le agradecí, pero noté que me miraba de manera extraña. Finalmente, Sebastián se subió a su auto y se fue. “¿Cómo has estado?", me preguntó, peinándome un poco el cabello. “Bien, ¿y tú?", le pregunté con curiosidad. Sebastián me sonrió. “Creo que he tenido momentos mejores, pero estoy bien", comentó con humor, y ambos reímos. Entramos a la casa y comenzamos a hablar de diversas cosas, incluyendo la universidad. Sabía que estábamos solos y que tenía que decirle la verdad. “Hay algo que

