Ya estábamos parados frente a frente, mirándonos con extrañeza. Creo que la noticia los sorprendió como un balde de agua fría a mis amigos. Uno de ellos me quedó mirando con la boca abierta, evidentemente tratando de procesar las palabras que no llegaban a su mente en ese momento. No había nada más que hacer, nuestros ojos se encontraron y mi mirada se quedó perdida mientras la suya pedía a gritos una respuesta que no llegaba. Tal vez en otro momento, en otro día, nuestras miradas se habrían entrelazado. Estábamos cómodos, perdidos como sinónimos de no querer ofender a nadie y sin intención de lastimarnos. Las opciones nos tenían bastante confundidos, sin saber qué hacer. Por eso, no comprendí ninguna de las situaciones. Cuando levanté la vista y lo miré, mis miedos se disiparon como si fu

