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541 Words
Cuando cerré los ojos esperando el impacto de la caída, esta, no llegó. Mi salador, me sonríe y yo lo miro mal. —Hubiera preferdo caerme… —susurro cerca de su rostro que se contrae. —No me gusta tampoco tener tu presencia odiosa cerca – murmura, y aun tiene su aliento fresco cerca de mi, me marea pero contengo mis ansias de golpearlo. —Quitate o… —¿O qué? –pregunta divertido mirándome con gracia, mientras aún me abraza y su torso esta pegado a mi pecho. Trago saliva en seco, porque tenerlo cerca contrae en mi, muchas sensaciones que prefiero omitir. —¡Quitate! –protesto y el se inclina hacia adelante para dejarme de pie. —¿contenta? –me pregunta y yo pongo los ojos en blanco. —Muy feliz. Aunque… gracias… —quiero ser amable, ya que después de todo no me dejo caer al suelo. Sin embargo, mi amabilidad se termina, cuando viene Julieta. Lo toma del brazo y dice: —Aquí estas amor, ¿qué haces con…? –su voz chillona me provoca taparme los odios, me observa: ¡Ay se me olvidó tu nombre! —Yo soy… —No importa – me interrumpe, y la miro mal. Es mas odiosa que el tonto de Diego – Vamos amor, quiero tomar toda la noche. Nose que mas tonterías se dicen, pero me doy la vuelta dispuesta a irme. —Sam… — escucho su voz y no me interesa. Necesito buscar a la traidora de mi mejor amiga, a quien conozco desde pequeña. A propósito, al imbécil, también lo conozco desde que somos niños. Hemos sido vecinos desde que tenemos cinco años, y antes si nos llevábamos bien. Jugabamos todo el día, el me buscaba cada mañana para jugar conmigo, almorzábamos juntos en mi casa o en la suya. Siempre fue así hasta que llegó la adolescencia, se empezó a alejar de mi y ya no lo veía a diario. No iba a aceptar que me dolió porque no lo haré. Simplemente vi como el se fue de mi lado, como la mayoría de las personas lo hacen. Pero sigo adelante. —¡Camila! – grito entre medio de la música, pero no la veo. Hasta que después de rodear dos veces la casa de una compañera de clase, la veo. Su cabellera rubia inconfundible, con un mechon azul se cuela entre la gente. Sonrió triunfante al hallarla y me acerco sigilosa. Veo su espalda y le toco el hombro para mirarla entrecerrando los ojos en cuanto se gira. Camila se toma el pecho y me mira. —Yo… —Vamos afuera – comeno y ella me sigue. Las dos estamos sentadas, al borde de la enorme piscina. Camila empieza a hablar y yo le presto atención. —No me gusta Diego – comienza a explicar y la interrumpo. —No te preocupes enserio, a mi no me gusta y ¡jamas voy a sentir algo por ese pedazo de idiota deforme de..! —Me gusta Julieta – murmuró y me quedé perleja. Era la primera vez que Camila, me hablaba algo de su orientación s****l y me conmocionaba No por criticarla,sino que me quedé bocabierta sin creer sus palabras. Era mucho que procesar.
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