Capítulo 7.

1504 Words
Acabada la cena, se quedaron en el salón junto a la gran chimenea, hacía mucho viento fuera y todo estaba cerrado, los sirvientes habían dejado todo preparado con bastantes velas para que tuvieran luz suficiente, Ivar atizó la chimenea y echó más leña, avivando el fuego, Eve disfrutaba del calor que le proporcionaba este. La condesa y el conde pidieron permiso para marcharse a sus aposentos cosa que Ivar agradeció. — ¿Qué es lo que te ha pasado antes? — Ivar pregunto sin mirarla, esta abrió los ojos y lo miro. ¿Quería saber de ella? — Pensaba que solo me tenía que limitar a ser la Reina.— Y es lo que tiene que hacer por eso tienes que estar bien de salud, no es el momento para que enfermes. —Eve rodó los ojos, estaba claro que el solo la utilizaria para las cosas del reino y después la apartaría de el,esta realidad le entristeció el corazón, Ivar la miro ahora y ella lo miro a el. Un cruce de miradas eléctrico saltaba a la vista que se querían pero habían construido un muro a su alrededor. — No puedo contártelo Ivar... Y menos si te vas a entrometer, ella me lo contó con confianza porque necesitaba desahogarse. — Me sorprende la lealtad que tienes con los demás pero conmigo que soy tu esposo te da igual ¿Verdad? — Estas palabras de Ivar fueron como un jarro de agua fría para Eve. — No empieces...— Eve se levantó y se acercó a la chimenea, aguantaba las lágrimas, cerró los ojos fuertemente y se dijo así misma que se lo merecía, era su marido y su rey y lo trataria como se habia merecido todo este tiempo, era el momento de sacrificarse a sí misma. Ivar se sintió como un patán por restregarle todo lo que sentía pero no podía evitarlo. — El bebé no es del conde...— Ivar se quedó perplejo, se esperaba cualquier cosa menos esa revelación, Eve miró a la puerta por si alguien estaba cerca, esta fue rápidamente a cerrar las puertas, cuando lo hizo se volvió a sentar en su lugar y mirando a Ivar se lo contó. — No puedes intervenir, ni decir nada, ella estaba enamorada de otro chico pero por la culpa de su padre acabó con este hombre, solo es una niña... — ¿Porque estabas asi? — Ivar volvió a preguntar, se lo imaginaba pero quería escucharlo de su boca. — Yo podría haber cometido ese error y hacerte ese daño, hubiera sido lo más ruin que podía haber hecho contigo. — Ivar le dio un escalofrío, lo pensó fríamente y quizá se hubiera vuelto loco, no lo hubiera soportado. — Te mandaria a la Horca. — Eve cerró los ojos fuertemente y susurro. — Lo se... — Eve se levantó y se fue a sus aposentos sin decir nada, Ivar dio un puñetazo al reposabrazos del sillón donde estaba sentado, él no pensaba esas cosas pero la rabia hablaba por el mismo. A la mañana siguiente, la hija de Randalf habia vuelto, nadie la recibió, todos estaban en el despacho de Ivar, las chicas conversaban y ellos seguían creando alianza que hasta el momento iba bien, Gunilda entró al despacho sin ni siquiera llamar a la puerta, esta se quedó parada cuando vio a tanta gente en aquella sala, habia sido un gesto de mala educacion lo que habia hecho. — Perdon si interrumpo algo... Mi señor, mi señora, condes. — Dijo más fríamente cuando menciono a Eve, la condesa se dio cuenta de que algo pasaba entre ellas y lo confirmo cuando se dirigió hacia el Rey con total confianza a Ivar, se acercaba demasiado a él y saltaba a la vista que le coqueteaba, el conde se quedó confuso ante esta mujer tan descarada. — Te traigo noticias de mi padre. — Gunilda se quitó la capa y los guantes y se sentó junto a las chicas, sirviéndose ella misma el té y las pastas, las chicas la miraron mal. — Que barriga más gorda. ¿De cuanto vas, seis meses? — Gunilda estaba siendo muy imprudente, Margory se puso nerviosa pero contestó. — Voy de casi cinco meses, solo el niño o niña será grande. — Si, si... lo que tu digas. — Deberías hablarle con más respeto a la condesa ¿no crees? Ya que estas en el palacio de los reyes y debes guardar compostura. — Gunilda miró a Eve por encima del hombro. — Si, mis disculpas condesa. — Sonrió falsamente, todo lo hacía para no causar mala impresión ante Ivar pero Ivar siempre estaba pendiente de todo como rey que era. Eve no la tragaba y empezaba a notarse pero no podía decir nada por la alianza con su padre, así que respiro y la ignoro, prestándole atención sólo a la condesa. — Creo que seria buena idea organizar una fiesta aquí en palacio, necesitamos un par de alianzas más y nuestro ejército será el más fuerte, los noruegos son unos salvajes y toda ayuda es poca, haremos un baile, en una semana. — Ivar comentó en voz alta. Los condes se marcharon a media tarde de nuevo hacia su hogar, Eve se despidió con un abrazo de la condesa, sabia que habia conseguido una nueva amistad, Gunilda las miraba mal, no soportaba tanta amabilidad. Cuando se marcharon  Gunilda inmediatamente como perro faldero fue detrás de Ivar, Eve se marchaba a sus aposentos cuando Ivar la llamó. — Eve porfavor,¿ puedes acompañarme a mi despacho? — Ivar pregunto calmado dejando a un lado a Gunilda , Eve cerró los ojos fuertemente y se volvió cambiando su semblante a uno sereno. — Si claro. — Ivar comenzó a andar y Eve detrás de él, Eve solo deseaba unos minutos a solas y lejos de todos pero Ivar no la dejaba y ahora con Gunilda estaba de mal humor, no la soportaba. Entraron al despacho y Eve se sentó en el sillon que habia frente a la mesa, Ivar se sentó en su silla y la miro pensando en que iba a decirle. — Debes guardar un poco el mal carácter, Gunilda es la hija de Randalf y si hacemos algo contra ella puede volver a su padre en nuestra contra y perderé aliados.— No puedo creer que me esté diciendo esto a mí ¿Has visto cómo le ha faltado el respeto a nuestro invitados? Te recuerdo que el conde también es nuestro aliado ahora y ella nos ha faltado el respeto a todos con su descaro y mala educacion que tu le has permitido, he sido muy sutil en mis palabras. — Eve estaba enfadada con él después de mucho tiempo, Ivar sabía que llevaba razón pero el mismo se habia metido en este lio solo por estar a solas con ella, buscaba cualquier mierda para quedarse con ella, aunque debería hacer todo lo contrario pero no podía. — Mantén a tu perro faldero con correa o te hará perder mucho más. — Eve se levantó ofendida pero Ivar se impuso de nuevo. — Como Reina debes organizar la fiesta... — Tranquilo no se me olvidan mis tareas como reina, si no desea nada más me retiro. — Eve no espero respuesta y salio de alli rapidamente, Ivar sonrió, hiciera lo que hiciera no conseguía dejar de quererla, tenía esperanzas de que aquellas palabras ocultaran celos, después de la fiesta tenia planeado llevar a Eve a Inglaterra, sabía que allí habia vivido toda su niñez, asi que queria hacerle ese regalo antes de partir hacia Noruega. Sabía que debía dejar a alguien de confianza en los Reinos para que no ocurriera ninguna revelacion, asi que cogio papel y pluma y escribio una carta a alguien especial para ellos. Eve llegó a su habitación y cerró con pestillo, no quería que nadie más la molestase, se sentó en su sillón de terciopelo azul frente a la chimenea y miró el fuego enfadada, ¿Cómo podía defender a esa niña maleducada? Le habia echado todas las culpas a ella cuando ha defendido a uno de sus invitados y el no habia dicho nada, sabía que aquella mujer quería ser reina y la veía capaz de hacer cualquier cosa por conseguir el favor de Ivar, se cambió de ropa poniéndose un camisón para dormir y se metió en la cama, estos dos días habían sido duros, hacía mucho que no hacía esto y la verdad no recordaba que fuera tan cansado, después de unos minutos Eve se quedó dormida. Al dia siguiente y a partir de ahora sucedería todas las mañanas sus doncellas la levantarían dándole un baño y la vestirían para afrontar los días duros que le venían con la preparación de la fiesta, Ivar habia hecho llamar a los cocineros para que ellos mismos eligieran lo que iban a servir, Ivar encargó el mejor vino francés y la mejor cerveza de Irlanda, lo demás lo dejaría en manos de Eve.
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