Bajar de la nube

2089 Words
Desperté agitada, sudorosa y con la mano en mi v****a. Aún sentía el placer recorrer mi cuerpo y sonreí. Me estiré largamente sin abrir los ojos aún, quería disfrutarlo un poco más. Cuando por fin abrí los ojos y miré el reloj en mi buró, vi que era casi medio día. Sonreí de nuevo. Después de meses durmiendo apenas un par de horas, por fin pude tener una noche de largo y placentero sueño. Estaba segura de que tenía que ver con mi locura de la noche anterior. Tomé mi teléfono y la realidad me alcanzó. Había olvidado que no servía por el golpe de la noche anterior, así que lo conecté con la esperanza de que reviviera con un poco de carga. Puse música de nuevo y fui a la cocina por algo para desayunar, moría de hambre. Mientras preparaba algo sencillo me puse seria conmigo misma y analicé a conciencia mis acciones previas. 1. Tener sexo con un extraño no es necesariamente malo, pero sí debería tener más cuidado al hacerlo, una nunca sabe con quién puede encontrarse. 2. Tuve sexo con condón. Lo cierto es que él lo tenía, pero estaba muy segura de que si no lo hubiera tenido, lo hubiera hecho de cualquier manera. Años cuidándome en lo s****l y pude haberlo arriesgado todo por una calentura, me sentí como una chica de secundaria. 3. Llevé a ese extraño hasta la puerta de mi casa, incluso le había preguntado si quería entrar. Ok, no podía imaginar que Enrique fuera un maniático predador s****l que me estaría acechando a partir de ahora y del que podría sufrir algún daño, pero tenía que admitir que podría existir esa posibilidad. Vaya, ahora sí que se había esfumado toda sensación de placer de esa noche. Bueno, no me sorprendía, yo misma terminaba siempre con cualquier cosa que me hiciera ligeramente feliz. Ni modo. Debía analizar los hechos objetivamente y aún había un par en mi mente. 4. Lo llamé, señor. Le rogué que me llevara al orgasmo. Lo dejé que me tratara como una mujerzuela. Y, por sobre todo eso, me encantó hacerlo. Sentí un cosquilleo en mi entrepierna. Vaya, ¿cómo podía tener ese efecto en mí, con tan solo recordarlo? En realidad, nunca me había sentido así con nada ni con nadie. Dejé mi comida en la mesa y fui a mi habitación por mi computadora. Regresé al comedor, la encendí y abrí el navegador. ¿Qué debería buscar? Lo pensaba mientras comía un bocado y no podía decidirme. Probé con algunos juegos de palabras que involucraban, sexo, poder, dominación, etc. La cantidad de respuestas me abrumaba, la mayoría de las cosas que llamaron mi atención se relacionaban con sumisión y prácticas de ese tipo. Al final me fui a la “confiable” Wikipedia. Leí mientras comía, pasando de una página a otra, encontrando definiciones, estudios, noticias, imágenes muy explícitas, términos que no conocía, otros que tenía mal entendidos. Luego encontré algunos foros. Me detuve en uno de esos foros sobre b**m y empecé a explorar, había testimonios, literatura, preguntas, imágenes. Sin pensarlo demasiado me registré y no pasó mucho tiempo antes de empezar a recibir mensajes. Varios tipos se ofrecían a hacerme su “perrita” y a educarme. Me causó un poco de gracia. Los leí todos, pero no respondí a ninguno. Ni siquiera sabía qué decir, pero supe que en realidad algo tan extremo no me gustaba. Seguí vagando en los foros. Encontré temas muy interesantes y me llamaban particularmente la atención las opiniones de otras mujeres que se denominaban sumisas. Entendí que en realidad era un mundo muy vasto y, sobre todo, que no es algo que haces de noche a la mañana. Hay que entablar confianza con la pareja, hablar de los gustos, límites y realizar un consenso sobre cómo llevar a cabo una “sesión”. Vaya, al final lo que había tenido anoche fue solo un juego comparado con todo lo que leía en ese momento. Admito que me sentí un poco decepcionada, pero al mismo tiempo reafirmé esa idea de que cosas tan intensas en realidad no eran para mí. Cerré la computadora, limpié el desayunador y me fui a la ducha. Abrí el agua y entré de inmediato, sin importarme que estuviera fría, de hecho lo prefería. Quizá era justo lo que me hacía falta para dejar de fantasear y olvidarme de todo este asunto de una vez por todas. Mientras me bañaba escuché sonar el teléfono de casa y entró el contestador. “Hola, guapa, ¿estás en casa? Te llamé al celular sin respuesta, solo quería confirmar el cine para hoy en la tarde. La película empieza a las cinco, pensé que podríamos vernos como a las tres para comer algo antes o quizá un café, tú decide. Llámame”. Aaggh... Había olvidado por completo esa “cita”. Justo en ese momento no me apetecía salir y aguantar la charla de ese tipo que quería llevarme a la cama, pero no se atrevía a pedirlo. Pero bueno, sería una distracción de mis actuales pensamientos. Salí de la ducha, tomé el teléfono y le llamé, en pocas palabras le expliqué que mi teléfono estaba muerto, pero que estaba bien, nos veríamos en el café que estaba junto al cine a las tres. Me vestí sin mucho ánimo con lo primero que encontré, no quería impresionarlo o que creyera que me interesaba por vestirme bien para él, y se notaba: jeans, tenis y una playera. Me sequé el cabello y lo amarré en una coleta sin siquiera pensar en algún peinado elaborado. Saqué una bolsa del closet y luego busqué la cartera, mis cigarros y el labial para guardarlos en ella junto con mi celular, que seguía sin encender. Apagué la música y me dirigí hacia la puerta. Mientras abría la cerradura sentí un nudo en el estómago. ¿Y si estaba ahí? ¿Qué tal que si en verdad era un maniático s****l que me esperaba en la puerta para atacarme? Quizá se sentía con derecho después de cómo me había portado por la noche. ¡Tranquilízate, Ariana! Siempre exageras, me dije a mí misma. Aun así, me acerqué a la mirilla de la puerta y claro, no se veía nadie. Resoplé y abrí la puerta. Me detuve en el umbral y observé hacia todos lados, pero no lo vi. Un rastro de decepción se asomaba en mi interior, pero lo deseché de inmediato. Terminé de salir y cerré bien con llave antes de irme. Decidí ir caminando al centro comercial, tenía tiempo y mientras lo hacía observaba a las personas que encontraba en el camino. ¿Cómo será su vida s****l? Me pregunté. Quizá no tan aburrida como la mía. Y entonces imaginaba escenarios para cada persona. Al tipo alto y delgado le gusta salir con chicas pequeñas. A esa señora le gusta salir con hombres jóvenes. Esos jóvenes tendrían ese día su primera vez. Esa pareja con hijos tiene siglos sin hacerlo. Me divertía. Cuando llegué a la plaza me encaminé al centro de atención para que revisaran mi teléfono, al parecer el golpe fue demasiado fuerte y necesitaba alguna reparación que podían hacer ese mismo día, menos mal. Lo dejé y salí a recorrer la plaza, tenía mucho tiempo antes de ir a mi cita, así que hice algunas compras. Entré a la librería y me dispuse a perder mucho tiempo vagando entre los pasillos descubriendo algo que fuera interesante. Ya llevaba varios libros encima cuando recordé que en el foro vi algunas recomendaciones de lecturas sobre temas de sexo no convencional, así que fui a una sección de sexualidad y revisé varios títulos. Encontré un par que llamaron mi atención y decidí que eso era suficiente por el momento. Fui a la caja y pagué mientras la cajera veía un tanto sorprendida, dos de los cinco libros que llevaba, supuse que el sexo siempre sería un tabú. Tenía aún casi una hora antes de mi cita, así que aproveché para hacer algunos pagos y comprar más cosas. Mientras caminaba pasé por una tienda de ropa que siempre me había gustado, pero en realidad sentía que no iba conmigo o con mi vida. Pero ese día sentí un impulso y entré. Recorrí los pasillos y rebusqué entre las prendas. Un par de pantalones ajustados que imitaban piel acapararon mi atención igual que otros negros que parecían de látex. Busqué mi talla. Después un par de blusas con el escote pronunciado, otra con la espalda descubierta y con adornos llamativos. La tienda también vendía ropa interior y encontré un par de corsés que me remitieron a las imágenes que vi en internet, los tomé igual que un liguero y lencería en encajes en color n***o o rojo. Una chica se me acercó y me preguntó si quería probármelo, me entró un poco de pena, así que le dije que no, que no era para mí. Quizá mi mentira fue tan obvia que ella se rio y no insistió, solo se ofreció a llevarlo todo a la caja. Mientras caminábamos algo más atrajo mi atención. Una gargantilla de piel negra con un dije de plata. No era particularmente especial, pero de nuevo revivió imágenes que había visto en alguna página de internet: una chica atada de piernas y manos con cuerdas en ropa de piel negra que apenas la cubría, llevaba un collar como ese que resaltaba porque tenía la cabeza echada hacia atrás, pues la mano de un hombre tiraba de su cola de caballo, mientras con la otra mano apretaba sus senos. Otro cosquilleo. La empleada me observaba y me preguntó si quería verlo. Le dije que no, aunque quería decir que sí. La verdad es que de nada serviría si no tenía a ese alguien que tirara de mi cabello. Salí de mi ensoñación y fui a la caja a pagar. Ya era casi la hora de la cita, así que no tendría tiempo de ir a dejar las compras a casa, odiaba llegar tarde, aunque sin ayuda de mi asistente siempre se me complicaba estar a tiempo. Me encaminé hacia el café y al subir por las escaleras eléctricas algo llamó mi atención. En el elevador que bajaba junto a las escaleras vi a un hombre alto de torso ancho, atlético sin ser musculoso, cabello oscuro con algunas canas, iba recargado en la pared con una pierna cruzada frente a la otra y las manos despreocupadas metidas en los bolsillos de sus jeans negros. Algo en él me hizo pensar en Enrique. Primero creí que era ridículo, no lo veía de frente y solo porque físicamente se asemeja a él ya pensaba que estaba ahí. Pero quería verlo. El elevador llegó abajo antes que yo al final de la escalera y él salió detrás de una chica con su brazo rodeándola por la cintura. En mi mente parecía más un modo de guiarla que un gesto cariñoso. Caminaron alejándose de donde yo estaba, dándome la espalda. Repasé la plaza en mi mente y deduje la salida a la que podrían dirigirse. Eché a correr en esa dirección, debía dar varios giros por la forma en que estaba construida la plaza, así que apuré el paso, bajé un par de escaleras haciendo que la gente se hiciera a un lado, molesta. No me importó. Cuando llegué a la planta baja me puse de puntas tratando de verlo, pero no lo conseguía, quizá habían entrado en alguna tienda. Caminé buscando desde afuera entre aparadores sin éxito. Entonces me desanimé y pensé en lo ridículamente que me estaba comportando. Suponiendo que fuera él y lo hubiera alcanzado, ¿qué? ¿Me acercaría? Le diría frente a su novia, esposa, lo que sea: ¡Hola! ¿Te acuerdas de mí? Me diste la cogida de mi vida anoche en tu coche. Solté una carcajada. La gente me miró extrañada, pero no me importaba. Suspiré profundamente y empecé el camino de regreso al cine. Casi inconscientemente volví la mirada hacia atrás una vez más y los observé salir de una de las tiendas del final. Sin meditarlo di la vuelta y caminé en su dirección, cada vez más rápido. Ya habían salido de la plaza y un coche se detuvo ante ellos, eché a correr los últimos metros y llegué justo cuando ella terminaba de subir al auto por la puerta de atrás, sin duda era el mismo coche en el que habíamos cogido anoche, aunque ahora conducía alguien para ellos.
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