Los ataques entre los vampiros y Samael eran mortales, sin compasión. Ninguno de los cuatro podía morir, no realmente, pero nada impedía que quedaran inconscientes al arrancarse el corazón o decapitarse. A pesar de que Samael era un niño físicamente de seis años, lograba controlar la pelea a la perfección contra los tres vampiros físicamente más grandes. Draven atacó lleno de euforia, hacía mucho tiempo que no tenían acción, debido a que los tiempos habían cambiado, extrañaban aquellos días en los que la tecnología no formaba parte de la vida diaria y podían hacer alboroto, sin temer que alguien lo grabara e hicieran su existencia una realidad. No obstante, Samael lo pateo en el estómago lanzándolo contra miles de cachivaches refundidos en el sótano dejándolo un momento fuera de combate.

